OPINIÓN

En Tlaxcala como los dinosaurios los luchadores sociales se extinguieron

Aquí Xicohténcatl

Jueves, Diciembre 18, 2014

Hasta que el sub Marcos se quitó la capucha, fue la hora en que los autodenominados “luchadores sociales!” pasaron de moda para ser simples figuras decorativas del siglo XX, porque a estas alturas ya no engañan a nadie y nadie cree en ellos.

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Y la verdaderamente Tlaxcala fue una entidad en las que por sus condiciones de sometimiento, tras la revolución y los reacomodos, las cosa no quedaron claras y de ahí se Aprovecharon los líderes agrarios, para despojar y repartir tierra.

Eran otros tiempos, los de Natalia Teniza, gran mujer y verdadera luchadora social a cuya sombra creció Rosalía Peredo Aguilar y sus pupilos, quienes ya ni se acuerdan que es eso de la lucha social.

De esa misma camada surgió Manuel Campos, líder del naciente Movimiento de Bases Magisteriales que levantaba la mano izquierda, pero cobraba con la derecha y esa simulación acabó con ese encanto de líder que tenía.

Eran tiempos también de los líderes obreros de la CROM, CROC y CTM, donde había verdadero control, al igual que el gremio de los ferrocarrileros que tenían tanta fuerza que ponían y quitaban senadores, diputados, alcaldes y hasta gobernadores.

No hace mucho, durante la última gira del sub Marcos, cuando organizó a las prostitutas de Apizaco, cuando en Zacatelco dijo que si uno grita no le escuchan, si gritan tres ya es algo, pero si gritan mil entonces ya les hacen caso.

Aquí vale la pena retomar parte de una entrega de Álvaro Delgado, estupendo periodista de Proceso que se formó en El Universal y que denominó a su reportaje especial “La foto de Marcos que el periodista Leñero consiguió”.

Esto a raíz de su reciente fallecimiento.

Dice que se entusiasmó Vicente Leñero cuando le describí la fotografía: Rafael Sebastián Guillén Vicente, el Subcomandante Marcos, aparece sonriente en su salón de clases de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) mientras pinta con su mano derecha unos “caracolitos”.

–Tenemos que conseguirla –resolvió. Te acompaño.

Yo había llegado corriendo a Proceso llevando conmigo una foto del joven profesor Guillén Vicente –con la que se ilustró la portada de la edición 981 de la revista dirigida por Julio Scherer García, el 21 de agosto de 1995–, pero la que emocionó a Leñero no la quería soltar Lourdes Valderrama, la joven que la tomó.

Lourdes había sido alumna del futuro guerrillero en la carrera de diseño en la UAM Xochimilco, a principios de los ochenta, y me había proporcionado información inédita que, junto con la de otros entrevistados que lo conocieron, dieron forma a un amplio reportaje. Pero faltaba la foto de los “caracolitos”.

Lourdes me había dicho que admiraba a Vicente Leñero y que le había encantado la entrevista que le hizo a Marcos tras el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Fue él quien la persuadió, reunidos los tres al día siguiente.

Caballeroso, fino, Leñero le dijo a Lourdes que sus fotografías constituían un material de excepcional valor periodístico y que, si ya nos había proporcionado una, confiaba en su generosidad para facilitarnos la otra, la que retrataba como ninguna la personalidad de Marcos.

Lourdes Valderrama sonrió y le entregó a Leñero la foto magnífica.

–Te tengo un presente –le dijo Leñero. Y le entregó un portafolio con las mejores fotos de Marcos, que le había encargado reunir al entonces coordinador de Fotografía, Juan Miranda.

La foto obtenida por el fundador y subdirector de Proceso –quien falleció el miércoles 3 de diciembre– se publicó con un “pie” que decía: “La mano de Rafael Guillén”.

La “cabeza” del reportaje, como se estilaba en ese tiempo en Proceso, fue: “Rafael Guillén en la UAM-Xochimilco de los años 80: ‘inteligencia filosa y certera’, ‘humor privilegiado’, ‘desmadroso y chacotero’.” Y el “balazo”: “El profesor barbado y narigón de la carrera de Diseño para la Comunicación Gráfica”.

Este es un fragmento del reportaje:

Los alumnos, incrédulos, se miraban entre sí. No entendían por qué, si se habían inscrito en Diseño Gráfico para la Comunicación –“carrera de gente bonita” –, el profesor barbado y melenudo de prominente nariz les anunciaba que en el trimestre de Teoría debían leer a Michel Foucault, a Carlos Marx, a Louis Althusser… a Mao Tse Tung.

“¿Qué tiene esto que ver con el diseño gráfico?”, se preguntaban los alumnos de esa carrera que se impartía en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantel Xochimilco.

Al cabo de unas semanas, algunos desertaron, ahuyentados por ese enfoque, en el que se proponía “un diseño con carácter social”.

Los que se quedaron, “niños bien, niños mal, de todo”, terminaron por tomarle afecto al “dicharachero” profesor –siempre con una pipa entre los labios o en la mano– y hasta le impusieron, inspirados en su apellido paterno, el mote de Guillomas.

Descrito por sus alumnos y compañeros profesores de la UAM Xochimilco, Rafael Sebastián Guillén Vicente –quien el gobierno atribuye desde el 9 de febrero la identidad del subcomandante Marcos– era, a sus casi 22 años, un hombre de “inteligencia filosa y certera”, de “humor privilegiado”, “sencillo en el trato” y más bien discreto sobre sí mismo y sus actividades extramuros.

Jamás, refieren los testimonios de quienes lo conocieron, se inmiscuyó en la efervescencia sindical, estudiantil o magisterial de entonces.

Contratado como profesor asistente de medio tiempo, con la credencial número 5990, la relación de afiliados al sindicato de la UAM no registra el nombre de Guillén Vicente.

Daba la impresión, dicen sus amigos de entonces, que ni le interesaba el sindicalismo, pese a que su clase era eminentemente política y la dinámica de la carrera y del plantel era de permanentes y acalorados debates.

En contraste con Salvador Morales Garibay, quien delató a los presuntos líderes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y quien también trabajó en la División de Ciencias y Artes para el Diseño –primero como almacenista y luego como maestro de serigrafía–, Rafael Sebastián sedujo con su personalidad lo mismo a estudiantes que a maestros desde el 16 de enero de 1979, cuando ingresó a la UAM, según evocan ellos mismos.

“Tenía una relación cordial con todo el mundo; era desmadroso, chacotero la carrilla en el sentido norteño de la palabra”, recuerda Mauricio Gómez Morín Fuentes, maestro que trabó una “relación laboral y de amistad” con Guillén Vicente, también apodado “Cachumbabé”.

Una de sus alumnas, Lourdes Valderrama, captó en una fotografía el “maravilloso sentido del humor” del Rafael de esos años.

–Déjame tomarte una foto, Guillomas –solicitó Lourdes con familiaridad a su profesor quien, juguetón, intentó sin éxito evitarla.

El disparo de la cámara sobrevino cuando Rafael levantó el brazo izquierdo y flexionó los dedos para dibujar unos “caracolitos”, al mismo tiempo que, bromista, sonriente, exclamó:

–¡No me estés chingando!

“Era simplemente maravilloso”, resume la diseñadora…

Es solo una pincelada del excelente trabajo periodístico de Álvaro Delgado que sirve para enmarcar que en ese tiempo en Tlaxcala también había quienes se decían “zapatistas” y luchadores sociales que explotaban a las prostitutas.

Poco a poco se fueron diluyendo, pasaron a atender sus negocios de autotransporte y lavanderías de ropa, para cambiar de giro y de vez en cuando aparecen tímidamente para lanzar una que otra consigna.

Y la verdad es que los auténticos líderes ya se extinguieron, recientemente de la nada aparecieron los integrantes del Congreso Agrario Permanente, al parecer su causa era justa, lograr una indemnización para los campesinos afectados por el exceso de humedad.

Pero resulta que ya apareció el peine y esos “luchadores sociales”,  ya destaparon a sus candidatos a diputados federales.

En las filas del tricolor, exdiputados locales y exdirigentes Partido Revolucionario Institucional (PRI), serán apoyados por el Congreso Agrario Permanente (CAP) para ser candidatos a diputados federales en los comicios de junio de 2015, adelantaron sus líderes.

De hecho, el coordinador estatal del CAP, José Isabel Juárez Torres, al mismo tiempo dirigente de la Unión Campesina Democrática (UCD), y Claudio Flores Espina, de la Central Campesina Independiente (CCI), dieron a conocer los nombres de sus figuras para contender.

En reciente rueda de medios donde estuvo presente  Corazón del Carmen Ramírez Lara, representante del coordinador nacional del CAP, Luis Garay, revelaron al exlegislador local del tricolor, Perfecto Xochipostequi Vázquez, por el distrito federal 01 con cabecera en Apizaco, incluso, si él no puede impulsarán a su hijo, Miguel Ángel Xochipostequi.

Para el distrito 02 con cabecera en Tlaxcala, respaldarán al expresidente estatal del PRI, Hugo Tónix Rodríguez; quien en 2006 buscó ser diputado por la vía plurinominal en la cuarta circunscripción, pero no se vio favorecido

Mientras que para el distrito 03 con cabecera en Zacatelco, son los propios líderes del CAP, José Isabel Juárez Torres y Claudio Flores Espina se auto postularon.

Los miembros del Congreso Agrario Permanente en Tlaxcala no precisaron por cual partido político buscarán ser abanderados, pero en primera instancia será a través del Revolucionario Institucional, o bien, atender las propuestas que surjan en su momento.

La verdad es que con estos “luchadores sociales”, por primera vez celebramos un acierto de Mariano González, en el sentido de hacerlos a un lado y que el beneficio sea, en este caso, para los hombres del campo.

Otra sorpresa es la que dieron los del Fray Julián Garcés, quienes no han dicho que recibieron una buena tajada para “combatir la trata de personas”, pero a su modo, con tocadas de rock, trípticos, obras de teatro y pláticas.

La verdad es que los tlaxcaltecas estamos mejor sin esos líderes de papel que se van al mejor postor, ellos dicen que buscan el beneficio de las familias, pero no dicen que es para…LAS SUYAS.

 

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