OPINIÓN

De la trascendencia del proceso electoral federal intermedio que inicia el ya muy próximo mes de abril

Tiempos de Democracia

Domingo, Marzo 22, 2015

 

  • Para gobiernos que aún tienen un trecho por recorrer, la elección representa un grave riesgo
  • Muchas son los intereses en juego en la configuración de la próxima legislatura federal 
  • Frentes parlamentarios entre minorías, claves de la gobernanza en la Cámara de Diputados   

    Por favor no crea, amigo lector, que este artículo es uno más de esos reiterativos exhortos a votar que -por miles y a todas horas- estamos escuchando en la radio y viendo en la televisión. No, no es esa su finalidad; la idea es clarificar con usted el significado de una elección intermedia federal como la del próximo 7 de junio, y las consecuencias políticas implícitas en una competencia que podría modificar la conformación partidista en San Lázaro. Se trata, en fin, de desvanecer ese arquetipo mental tan generalizado entre los mexicanos de que este tipo de comicios carecen de relevancia, y sólo atañen a quienes llegarán a instalarse cómodamente en su curul dizque para representarnos, cuando lo que la mayoría sospecha es que van a cobrar sus cuantiosas dietas fingiendo que trabajan a favor de la gente. Veamos en seguida qué hay de verdad y qué de mentira en todo este asunto.

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Pros y contras de las elecciones intermedias

 Teóricos de la ciencia política discuten -y no se ponen de acuerdo- respecto de si es o no adecuado convocar a elecciones cuando apenas ha transcurrido el 50% del periodo que la Constitución asigna al titular del Ejecutivo Federal. Hay quienes creen que es conveniente que el elector pueda exigir la corrección de un camino que piensa errado -o que lo apruebe, si lo juzga acertado- ya que, siendo el mandato presidencial de largos seis años, se requiere de una suerte de referéndum para calificar el quehacer del mandatario cumplida la mitad del recorrido. Y en un sistema de estados federados como el nuestro, esa consulta incluye naturalmente a los gobernadores, máxime si -como es el caso de Tlaxcala- pertenecen al mismo partido. Empero, de otro lado hay quien advierte de los inconvenientes que tiene el afectar la continuidad de las políticas gubernamentales, y estaría inclinado a eliminar la consulta intermedia a cambio de acortar a cuatro años el periodo presidencial, ampliable -como en USA- a un mandato adicional. 

Importancia del Parlamento en un régimen democrático

   El desdén ciudadano por elecciones en las que no se disputan cargos ejecutivos -presidencias, gubernaturas o alcaldías- deriva del poco o nulo aprecio que el sistema político mexicano tuvo siempre por el parlamentarismo. La subordinación del Poder Legislativo hacia el Ejecutivo era de una obviedad aplastante… hasta que a finales del siglo pasado se abrió paso en definitiva la democracia electoral, y se consolidó el pluripartidismo. Fue drástica la repercusión del cambio; sin mayorías absolutas en las cámaras, tanto el presidente de la República como los gobernadores de los estados se vieron forzados a adecuar su forma de hacer política a la nueva realidad.  La imposición autoritaria del pasado se transformó en la compleja negociación política del presente. La era de las decisiones verticales había concluido y se iniciaba la de los acuerdos entre partidos… y la de saber escuchar y respetar la opinión de la sociedad y de los medios.

Los viejos y los nuevos actores

 No fue fácil la adecuación a las reglas de la democracia. De un lado, una clase política dominante -la del partido casi único-,  formada en un régimen autocrático que todo lo podía, y de otro, una oposición marginal que caminó siempre entre dos vertientes: la habituada a la sumisión hacia el gobierno, o la que optó por la rebeldía en sus distintas variantes. En el escenario político nacional que por siete décadas ininterrumpidas había sido ocupado el PRI -un partido centrista sin ideología definida-, surgió por la izquierda una formación progresista con principios diversos y muchas corrientes internas -el PRD-, y por la derecha cobró fuerza un instituto conservador concebido en su origen sólo para ser contrapeso del cardenismo -el PAN- decidido a abandonar su “brega de eternidad” y a luchar ya sin ambages por el poder terrenal.  

El rodaje pre-democrático

 Se produjo entonces un impasse paralizante que detuvo la marcha de México por más de quince años. A los tricolores les costaba aceptar su pérdida de poder, y a los azules y a los amarillos les pesaba su inexperiencia para ejercerlo. El caso es que, ni el PRI se preparó para ser oposición, ni el PRD y el PAN tenían la madurez que se precisa para gobernar. Se registraron alternancias en los mandos en casi todas las regiones del país,  sin que el esperado fenómeno se tradujese en beneficios para la población. Con muy perversa intención, se atribuyó a la democracia el estancamiento que se sufrió en todos los órdenes, sin caer en la cuenta que la responsabilidad era toda de una clase política de lento aprendizaje a la que le quedó grande el avance que la sociedad puso en sus manos a fuerza de votos. Hasta que el Pacto por México persuadió a los detractores de la democracia que la diversidad no era obstáculo, sino incentivo, para construir una nación en la que tuvieran representación todas las opiniones.     

Diputados tlaxcaltecas

 Volvamos al proceso electoral que está por iniciarse en los primeros días de abril. Aquí, en Tlaxcala, se trata de elegir tres diputados, uno por cada distrito electoral de los sólo tres con que cuenta nuestro estado. Esos tres legisladores se sumarán a un  contingente de trescientos electos por vía del voto directo, y a otros doscientos más que llegarán a San Lázaro por vía de la representación proporcional. Serán pues un total de quinientos los que integrarán la que será la LXIII Legislatura Federal. Cabe desde luego preguntarse qué tanto pintarán los tres representantes tlaxcaltecas en la marcha de la Cámara de Diputados, y qué tanto influirán en las futuras leyes del país? Sin ánimo de hacer menos a nadie, anticipo que, salvo que estén próximos a su coordinador o sean dueños de habilidades parlamentarias excepcionales como las que en su tiempo tuvieron don Emilio Sánchez Piedras o doña Beatriz Paredes, va a ser harto difícil que sus ideas -si las tienen- sean tomadas en cuenta. Harán bulto y contribuirán con su voto… pero no mucho más.

Estrategias camarales

 ¿Minimizo su importancia? No, ni lo hago ni lo pretendo; sólo los ubico en lo que será su realidad. Ellos, los diputados por Tlaxcala que resulten electos, serán parte de la bancada de su partido e incidirán con su voto en que una iniciativa se apruebe o se rechace. Pero ese voto no será libre ni lo emitirán según su libre albedrío; tendrá el sentido que ordene el que mande en su grupo parlamentario. Lo que digo -y esta sería una de las conclusiones de esta reflexión- es que, en una elección intermedia, hay que mirar más al color de la camiseta del candidato que a sus virtudes o defectos personales. En una cámara en la que privará el multipartidismo, y en la que ningún instituto tendrá por sí sólo mayoría, hay que estar atentos a la formación de alianzas entre las fracciones minoritarias, las cuales eventualmente pueden llegar a ser predominantes. Visto desde el más frío pragmatismo: el voto de un legislador bueno vale lo mismo que el de uno malo; sus sufragios contarán igual en la suma total que es, a la postre, lo que importa al frente político al que su partido se haya adherido. De esta apreciación, amigo lector, derivan inferencias cuantitativas y cualitativas diversas; sobre ellas habremos de seguir el próximo lunes.

 

 

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