-2 de 2-
- De las distintas expectivas de los diez partidos que contenderán en los comicios de junio
- Sin confianza y sin mayoría, Peña Nieto tendría por delante un segundo trienio muy difícil
- El Instituto Nacional Electoral, ante un desafío de amplitud y complejidad sin precedentes
En el artículo del pasado lunes convinimos, estimado lector, que la LXIII Legislatura federal tendrá como sello distintivo la mayor pluralidad de expresiones políticas de la historia contemporánea y que, para que en la Cámara de Diputados no se empantane la dinámica del país, se precisarán de alianzas coyunturales entre partidos. El interés radica en la forma en que se irán construyendo esos reagrupamientos de fuerzas que el voto ciudadano dispersará el siete de junio, y cómo -y en que temas- se logrará que converjan las distintas posturas ideológicas de los partidos con representación parlamentaria. Cabe recordar que, pese a esa disparidad, en el primer trienio de la gestión del presidente Peña Nieto se concretaron importantes reformas que -sigo pensando- podrán dar sus frutos más adelante, a condición, claro, de que algo se haga para restituir la perdida confianza de la gente.
El panorama inicial
Impedidos los nuevos partidos de asociarse en esta su primera elección con institutos consolidados, competirán atenidos a sus propias fuerzas. Encuentro Social y el partido Humanista se jugarán su supervivencia y, a decir verdad, tanto por su opaco origen como por lo reducido de su militancia, difícil es que libren el trance. Morena, en cambio, la formación lopezobradorista, conservará sin apuros el registro, dado el arrastre que su líder tiene en un amplio sector del electorado. Por otro lado, como la nueva ley fijó en el 3% de la votación total el mínimo para mantenerse como partido nacional con derecho a prerrogativas, también Movimiento Ciudadano y el Partido del Trabajo -ambos ya sin el apoyo de Andrés Manuel- y el Panal -sólo o con el PRI- estarán en riesgo de desaparecer, pues sus promedios históricos se hallan por debajo de ese rango. Para disgusto de muchos -este opinador incluido-, el partido Verde ya dejó atrás a la chiquillada y, según recientes sondeos, la cifra de sus adeptos se ubica cerca de los dos dígitos. Y no mucho más arriba del ecologista aparece el vapuleado PRD, todavía al frente de la fracturada izquierda mientras el electorado de inspiración progresista no se manifieste en contrario. Y a la cabeza de todos, está el PRI, redivivo pero acosado, seguido de cerca por el PAN, obstinado en acortar la pequeña distancia que le aleja del tricolor.
El problema priísta
Ya es pertinente dar una ojeada a los primeros sondeos de opinión. El partido en el gobierno mira con inquietud cómo decrece su aceptación, afectada -quien lo hubiera dicho hace un año- por la indetenible impopularidad del Primer Mandatario. Y es que, de transmitirse al PRI esa reprobación -cosa que no necesariamente ocurrirá- se estaría prefigurando una auténtica catástrofe electoral. Hasta ahora, el impacto ha sido leve; sus cifras se sitúan en un 30%, pero con una marcada tendencia a la baja. Ante la impasibilidad de Los Pinos frente a las causas del fenómeno, la dirigencia priísta apuesta a que el ascenso del Verde -su caro pero imprescindible aliado- compense la merma y aporte entre 8 o 9 puntos que, sumados a los 2 o 3 del PANAL, lo acercaría a las 251 curules que parecen estársele escapando, y que Peña Nieto requiere para reunir una mayoría simple en la Cámara de Diputados. Pero no será fácil; si acaso la alcanza será muy ajustada. Y téngase en cuenta que no en todos los estados va el PRI al lado del tucán y del partido de Elba Esther; aquí, por ejemplo, en Tlaxcala, no hubo acuerdo, y competirá sólo y su alma. Bueno, no tan sólo; contará con la contribución que pueda darle un gobernador como el contador González Zarur, cuyo desempeño al frente del Ejecutivo Estatal será, de nueva cuenta, calificado con rigor por el electorado tlaxcalteca.
Sin voluntad para corregir
Con una aceptación popular tan pobre, será complicado gobernar. Y si ni con la sumatoria de los votos aliados, el PRI no le da esa mayoría al presidente, la pendiente por la que se desliza la actual administración será cada vez más empinada. Lo cierto es que, en el corto plazo, no se ve posibilidad de que la economía del país -y menos la de la gente común- vaya a mejorar, máxime ante la expectativa ya anunciada por el secretario Videgaray de que el 2016 será peor que el actual. Tampoco hay elementos fiables a la vista para creer que la inseguridad que azota a vastas zonas de México se controlará en un tiempo razonable. Y a todo lo anterior hay que agregar que no se percibe indicio alguno de que el mandatario esté dispuesto a tomar medidas drásticas contra una corrupción que tiene indignada a la sociedad…, pero que es consustancial a la cultura del mexicano, según lo dicho por el propio presidente.
El compromiso del INE
Esta elección intermedia es la primera que se llevará al cabo bajo la tutela del Instituto Nacional Electoral (INE) y también la primera en que se aplicarán las disposiciones de la Reforma Político-Electoral aprobada en febrero del 2014. Además, la intervención del nuevo organismo en los procesos de los estados y la tendencia a homologar sus tiempos electorales con los federales, confiere una dimensión inédita a los comicios, pues a lo largo y ancho del territorio nacional habrán de renovarse un total de dos mil 159 cargos, incluyendo 9 gubernaturas, 993 alcaldías, 16 jefaturas delegaciones del Distrito Federal y 17 congresos locales. El reto abarca también la puesta en marcha de un sistema para fiscalizar con eficiencia y oportunidad la correcta aplicación de 5 mil 400 millones de pesos asignados a los diez partidos que disputarán el voto popular. Se trata de un desafío sin precedente.
Hay que opinar a través del voto
Concluyo. Estamos, estimado lector, ante una elección definitoria en la que, pese al inocultable desánimo que como ciudadanos llevamos a cuestas, debemos acudir puntuales a nuestra cita con las urnas el próximo 7 de junio. Los factores adversos que agobian a México, lejos de desalentar el voto, deben incentivarlo. La ley nos da la ocasión para expresar nuestro acuerdo -o nuestro desacuerdo- con la ruta que sigue el gobierno federal y, a su modo, también el estatal. La voluntad popular libremente expresada por medio del sufragio hará a buen seguro pensar a quienes tienen responsabilidades de gobierno… y también a quienes en el futuro aspiran a tenerlas. En toda elección intermedia, el voto ayuda a confirmar ideas o, en su caso, a enmendarlas. No sirve para cambiar al gobierno, pero es útil para reorientarlo. Los cambios, si proceden, vendrán después…
Para la Primera Plana:
En toda elección intermedia, el voto ayuda a confirmar ideas o, en su caso, a enmendarlas. No sirve para cambiar al gobierno, pero es útil para reorientarlo. Los cambios, si proceden, vendrán después…