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Esta semana quiero referirme a usted estimado lector, acerca del proceso electoral 2016, como lo he escrito antes, los tiempos se avizoran cortos, pero entre las fallas, omisiones legislativas y la opacidad de las instituciones encargadas de la organización de la elección: veo una elección riesgosa, que tal vez, solo tal vez, se pueda convertir en una elección de estado.
Gran parte de lo que acontece en el panorama político electoral es la sumisión, servicio y acatamiento del legislativo ante la pretensión de un patético ejecutivo, que desde sus inicios en el ejercicio del poder demostró que no entendió el estado democrático constitucional de nuestros tiempos, creyéndose una parcela del poder envestido de omnipotencia o quizá omnipresencia en los otros dos poderes, algo incongruentemente para quien se autoproclama coordinador de los esfuerzos, que en el pasado criticó y satanizó en el periodo pasado, lo peor para él o su grupo, fue que ha fallado en el intento.
Así, en la reglamentación de la reforma político electoral el partido hegemónico se hizo –como desde siempre lo han hecho sus prácticas- acompañar de quienes a sus intereses convinieran, para sacar una reforma a modo, que obedeciera a los intereses o no sé si caprichos del encumbrado que despacha en palacio de gobierno.
Los acompañantes del partido hegemónico se han visto ingenuos o solo midieron mal el terreno en el que los metieron, pero cada quien será responsable de las acciones desplegadas, en política te llegan las facturas en un tiempo mediato, en ocasiones de inmediato, eso usted y yo lo veremos pronto.
Entrando al tema de la reforma político electoral está plagada de inconstitucionalidades, falacias y antinomias que en esta humilde columna solo hare referencia a la de la personalidad jurídica:
En la reforma político electoral existe un tema trillado ya desde la semana pasada con el efecto de la antinomia del organismo público local y el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones, es que la constitución federal, la reforma federal y la constitución de Tlaxcala denominan al ente encargado de la organización de las elecciones como organismo público local, pero las leyes secundarias locales lo denominan Instituto Tlaxcalteca de Elecciones, que provoca primero una incoherencia en nuestro sistema político electoral o lo que es lo mismo una antinomia, que además abona a la falta de personalidad jurídica que se ha discutido tanto; vaya detalle que se le paso a la Comisión de Asuntos Electorales, la Mesa Directiva del Congreso, el PLENO del mismo y la Secretaria Parlamentaria –sí, por todos estos filtros pasó la maltrecha ley-.
Se habla de una “miscelánea electoral” que entienden los diputados algo así como superior “a la fe de erratas”, porque mire que de otra manera ya no entiendo a nuestro poder colegiado, pues por si no lo habían notado (y no lo dude) los tiempos para las reformas en la materia ya han pasado, incluso estamos ya en el mes que ha de dar inicio del proceso electoral.
VOX POPULI
Adiós al valor más grande que tenían los presidentes de comunidad –figura única en Tlaxcala- pues de acuerdo a las reformas recientes han perdido el derecho a voto en sus cabildos.
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