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Lunes, Noviembre 23, 2015
Todas las campañas políticas giran alrededor de una pregunta;
¿QUE QUEREMOS?
Queremos un buen gobierno cuyo titular sea una persona sencilla y servicial, que no hable de sus virtudes, que acepte corregir sus errores y que entienda que es un honor servir a Tlaxcala y a los tlaxcaltecas.
Es una pequeña frase pero engloba un enorme contenido. La sencillez y la vocación de servicio son características que fácilmente van perdiendo muchos gobernantes, a medida que avanzan en los laberintos del poder, a causa de la enorme cantidad de alabanzas que reciben diariamente, de sus propios equipos de colaboradores que se transforman en aduladores porque saben que es el único camino que les redituará permanencia y mejores niveles jerárquicos.
A causa de tanto escucharlos verdaderamente les creen y empiezan a levitar alejándose de las necesidades humanas y de la realidad social, ya que su mundo es el ideal y correcto. Los demás estamos equivocados, sobre todo los que criticamos “porque no sabemos”.
Entonces solo hablan de sus logros; de cifras y de porcentajes que exhaustivamente buscan para justificar su trabajo contra el anterior gobierno, o contra el año pasado, o contra el Estado vecino, o contra el mismo trimestre del año X, Z o Y “para que se vea la diferencia”
Si estableciéramos como norma de gobierno el no hablar de las virtudes que pudiera tener, el gobernante en turno y su equipo empezarán a tener que hablar de lo que no han hecho o de lo que falta por hacer y seguramente eso los ubicará en un contexto diferente.
El contexto del mundo real donde lo primero que deben recordar diariamente es que su sueldo lo pagamos TODOS los tlaxcaltecas y están allí para servir con sencillez.
El contexto del mundo real donde una foto de las casas de cartón en los suburbios o un puente destrozado por una mala construcción, en lugar de la del gobernante retocado detrás del escritorio del secretario de desarrollo social, o del secretario de obras públicas como ejemplo de la UBICACIÓN que diariamente deben tener para realizar mejor su labor.
Un reporte semanal de los avances y mensual de los indicadores de desempeño de su trabajo supervisado por una empresa externa e independiente que pueda transparentar todos y cada uno de las tareas de TODAS las dependencias del gobierno.
Una publicación mensual de los resultados de este sistema que pueda mantener un ambiente de sana competencia y que sirva de base para que la ciudadanía evalúe anualmente la permanencia o salida del gobernante y/o de su equipo de gobierno a través de la revocación del mandato.
Un informe anual donde los avances y resultados sean los que se acumularon en este sistema y ya no se pregonen, y si se expliquen las fallas o las desviaciones con respecto a las tareas programadas.
En fin, este es el contexto real del ciudadano de a pie que busca y espera encontrar comprensión de sus iguales, porque no debe haber diferencia entre el honor de un buen albañil y el honor de un buen gobernante, la palabra de ambos para que el “colado” no se caiga y la obra pública se termine conforme al tiempo y presupuesto asignado.
La palabra del médico para que el paciente se alivie con el tratamiento aplicado y la del gobernante para que en el hospital no falten medicamentos.
Comprender que no importa la disminución de secuestros o asesinatos sino que UNO SOLO no debe permitirse más.
Que dejemos de ser parte de una estadística y pasemos a ser parte de una realidad que desea vivir en paz, con un gobierno que aclare y castigue a cada culpable, para que sirva de ejemplo a los demás y empecemos a terminar con la impunidad.
Este es el ámbito de reflexión personal que hacemos los ciudadanos en nuestras casas. Lo que queremos.
El ámbito de reflexión interior que debería guiar nuestra conducta particular y la conducta general en nuestra sociedad, donde podemos aceptar entonces corregir nuestros errores.
Y este es el ámbito que los “políticos” abandonaron hace mucho tiempo, su guía particular, es decir, su conciencia.
Y considero que no lo hicieron conscientemente…, lo hicieron porque se acostumbraron, “así lo hacen todos”, ese es el sistema y no lo pueden ni lo quieren cambiar…
Así les conviene porque de esta manera “sobreviven” a la multitud de quejas y reclamos que les pudiera hacer su conciencia particular o la “conciencia social” es decir, los ciudadanos.
Esto es lo que queremos cambiar…