OPINIÓN

Preparativos priístas para el traslado ordenado hacia su nuevo polo de poder político

Tiempos de Democracia

Domingo, Febrero 14, 2016

 

  • Inicia el éxodo de personajes que girarán en torno a la órbita del candidato Marco Antonio Mena Rodríguez

 

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  • Los siguientes críticos tres meses pondrán a prueba el carácter y la experiencia de Mariano González Zarur

 

  • Toda sucesión supone cambiar una figura vista y desgastada, por otra distinta que abra espacio a la esperanza

  En el acto en el que hace ocho días una Convención de Delegados del PRI formalizó la candidatura de Marco Antonio Mena Rodríguez al gobierno de la entidad, estuvo presente -según informó la prensa- Mariano González Zarur, titular del Poder Ejecutivo Estatal. En tratándose de un evento partidista de significación, su comparecencia en el evento era lógica y natural. Lo que podría discutirse es si procedía que hiciera uso de la palabra, en un escenario preparado ex profeso para el lanzamiento mediático del abanderado tricolor. Ha de reconocérsele al mandatario, empero, que en su alocución hubo frases que denotan su disposición a ir cediendo protagonismo al político que buscará sucederle en el poder.

Roles intercambiables

 El acontecimiento de referencia da pie a varias reflexiones, relacionadas con los papeles que a Mena Rodríguez y al propio González Zarur habrán de tocarles jugar en los próximos meses. El trance que están por vivir no es de sencillo desahogo, como no lo ha sido para nadie que le haya tocado pasar por la misma difícil experiencia. El tránsito de una situación a otra, es decir, de una posición de poder a una de subordinación -y a la inversa, de una de subordinación a una de poder- demanda de los actores madurez, entereza y control, virtudes estas que las circunstancias por venir van a poner a prueba en no pocas ocasiones. Marco Antonio, por su parte, tendrá que resistirse a ser sojuzgado por el mandatario, y Mariano, a su vez, deberá superar su inclinación a someter al candidato. Hablo, amigo lector, de un complejo arte: la escenificación de una transición sin trompicones.    

Hacia un nuevo protagonismo

 Las luces que hasta ahora tuvieron como finalidad dar brillo y fulgor mediático a las actividades del ciudadano gobernador, deberán paulatinamente desplazarse hacia quien fue el elegido para reemplazarlo. Sólo así conseguirán cerrar todo resquicio por el que pueda escapárseles el triunfo electoral. Para lograrlo, es necesario que el foco de la atención pública se traslade, de la figura declinante de González Zarur, desgastada por el ejercicio del poder y obligada por el paso del tiempo a ser ya parte de la historia, hacia la figura naciente y prometedora de Mena Rodríguez, que representa el futuro y las expectativas de progreso, y a la que los reflectores propagandísticos sacarán de esa semipenumbra en la que desempeñó sus anteriores funciones.

Transición sin ruptura

  El proceso al que aludo no significa que deban atenderse las voces que exigen al candidato la adopción de un discurso rupturista. Hacerlo atentaría contra el más elemental sentido común, y sería inoportuno y contraproducente. Es aconsejable, sin embargo, prescindir ya de expresiones que, en boca del gobernador que está por concluir su periodo constitucional, se convirtieron en cliches mil veces repetidos. El objetivo de Mena Rodríguez es ir insertando en el imaginario popular una narrativa diferente, una impronta novedosa, un sello distintivo, ingredientes imprescindibles para incentivar en la sociedad el renacimiento de la esperanza depositada en un candidato que trae bajo el brazo todo un bagaje de expectativas optimistas. En suma: me refiero a una historia dividida en capítulos, que arrancó con la ceremonia de la oficialización de la candidatura, que conocerá su momento más intenso en la jornada electoral, y que culminará el día de su toma de posesión. 

Transferencia de haberes

  Lo anterior no implica desdeñar los logros de su antecesor; al contrario, de lo que se trata es de valorarlos en su justa dimensión. Si lo hace, atraerá a su causa los positivos que sin duda tiene el gobernador saliente. Pero si el electorado percibe que el eventual arribo de Marco Antonio al poder no supondrá un cambio de estilo personal y de forma de conducir el gobierno, estará dándole la razón a quienes creen que representa un continuismo acrítico, claudicante y subyugado. El antimarianismo -corriente cuya existencia sería necio ignorar- se encargará de magnificar la sospecha hasta convertirla en certeza. Así pues, si en esos dos puntos fundamentales -estilo y forma- no marca respetuosa pero firmemente su intención de cambio, Marco Antonio trasladará hacia su candidatura los negativos que la fuerte personalidad de Mariano ha despertado -como el mismo ha reconocido- en diversos sectores de la población tlaxcalteca.

     Reglas del sistema

  Se trata pues de trazar una estrategia que transfiera al sucesor los haberes positivos de González Zarur, y suprima los negativos. Ayudará a ese propósito que el carácter de Mariano y el de Marco Antonio son esencialmente distintos; incluso, sobran evidencias de que son diametralmente opuestos. Esa característica, lejos de ser perjudicial, ayudará a resaltar el contraste de formas y de estilo entre ambos. En esto no hay ofensa:  el gobernador sabe mejor que nadie que las reglas del juego sexenal exigen que la distancia entre uno y otro crezca a medida que la campaña avanza. Por eso hay que evitar la coincidencia de los dos personajes en los mismos escenarios, así como las siempre chocantes menciones en elogio uno del otro. Por otra parte, ha de tenerse muy en cuenta que la funcionalidad del sistema priísta radica en que, lo único que no se vale, es la prolongación de los mandatos. Los tiempos de la sucesión están pétreamente definidos y son inalterables: el ocaso del que sale se inicia con el destape, y se apaga en definitiva en el momento del relevo formal. Es la ley no escrita que ha protegido de dictadores a México, y de caciques a Tlaxcala.

  Mutua conveniencia

  En este orden de ideas, el aparato propagandístico deberá estar al servicio del candidato, ya no del mandatario en funciones. La orientación y el control de los mecanismos de proselitismo electoral se tendrán que acoplar al diseño que de su campaña haga Mena Rodríguez, y su intensidad se modulará de acuerdo a las mediciones demoscópicas periódicas que se realicen para tomar el pulso a la respuesta ciudadana. El gobernador, y el aspirante a serlo, actuarán separadamente, dedicados cada uno al desempeño de sus respectivas tareas, evitando -como ya se dijo- su coincidencia en actos públicos. Así mismo, redactarán sus discursos cuidando de no provocar rozones innecesarios. Amigo lector, estoy llegando al final, y la conclusión es inevitable: a quien más importa que el proceso discurra con tersura y sin tensiones que pongan en riesgo la victoria en las urnas, es precisamente al gobernador que termina, interesado como está por obvias razones en que el abanderado de su partido gane la contienda. Lo otro, el balance último de su gestión, será el pueblo tlaxcalteca que gobernó el que en su momento emita el veredicto final. Y será irrecusable.

ANTENA NACIONAL

Líderes morales auténticos

  Mi orfandad en materia de liderazgos morales me obliga a buscarlos fuera de mi país. Y los hallé: en política, nadie con más altos y mejores valores que José Mujica, ex presidente de la República Oriental del Uruguay, y en lo espiritual, en Jorge Mario Bergoglio, el papa jesuita nacido en la Argentina que escogió como nombre para ejercer su alta responsabilidad el del dulce Francisco.

 

 

 

 

Para la Primera Plana:

 

La longeva funcionalidad del sistema priísta radica en dejar que todo ocurra, excepto la prolongación real o simulada de los mandatos políticos. El ocaso del que sale se inicia con el destape del elegido para reemplazarlo, y se apaga en definitiva en el momento mismo de su relevo. Es la ley no escrita que ha protegido, de dictadores a México…, y de caciques a Tlaxcala.

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