Este cuatro de marzo, los priístas estuvimos de plácemes, celebrando 87 años de la fundación de nuestro partido.
Mi partido el PRI, celebró sus primeros 87 años el pasado cuatro de marzo y yo como una militante de las nuevas generaciones, aprovecho este espacio para rendirle tributo.
Una parte insustituible de mi existencia es inculcar los valores de la Revolución a las y los jóvenes con quienes convivo.
Advierto siempre el entusiasmo por abrevar en la fuente tricolor, resultado de una lucha incansable por dar instituciones, certidumbre, democracia y libertad a los mexicanos.
No por ser jóvenes dejamos de sentirnos orgullosos del legado ideológico de un Instituto a través del cual nadie nos coarta nuestras libertades, y al contrario, nos alienta a sembrar la semilla tricolor en quienes se incorporan a la vida latente de un proyecto joven, pese a los años con los que cuenta.
Somos nosotros los encargados de actualizar el espíritu revolucionario en cientos de profesionistas en formación, de empresarios, comerciantes, empleados, deportistas, muchas veces soportes económicos de nuestras familias, mamás, papás, e hijos para muchos que aún conservamos a nuestros progenitores.
Tenemos rumbo. La Revolución nos ha enseñado a exigir el legítimo lugar que nos corresponde. Y en un país de instituciones sabemos qué puertas tocar para ser escuchados.
Eso es lo que nos diferencia de aquellos compañeros de generación metidos en una rebeldía sin rumbo, o con tendencias retrógradas, o destructivas, o farsantes.
Nuestra tarea es mayúscula. Debemos ser la generación de la ética revolucionaria de la verdad como causa, pero eso sí, de la inflexibilidad ante la injusticia y el engaño.
Por eso celebro junto con mis amigos y mis amigas que nuestro partido haya cumplido sus primeros 87. Hacemos buen equipo. Tomamos las calles pero con espíritu constructor, plasmamos la libertad en los muros de nuestras conciencias y no vacilamos en inculcar estos valores a aquellos que ya nos vienen empujando.