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En la contienda electoral que se avecina en Tlaxcala, las encuestas y los análisis que hacen los analistas son verdades de Perogrullo.
“La contienda es de tres tercios…”, “el ganador está entre el PRD, PAN o PRI…”, “La verdadera encuesta será el día de las votaciones…”, “Una mujer será la próxima gobernadora de Tlaxcala…”
Esas son sólo algunas de las frases que se dicen en el agora política del estado (léase Portales Grandes de la Plaza de la Constitución) y la verdad es que todas son ciertas.
Y aunque las encuestas a las que hemos tenido acceso dan empate técnico en el primer lugar a las candidatas del PAN y del PRD, y sitúan por debajo de ambas al candidato del PRI, lo cierto es que lo visto hasta ahora, sin tener una bola de cristal, hace pensar que efectivamente, el triunfo puede ser para Adri con sus pies descalzos o para Lore y sus viejecitos.
Sin embargo, a estas alturas de la contienda, nada está dicho; sin embargo la percepción que emana de los equipos de campaña y de las propias candidatas hacia los ciudadanos, parece empezar a inclinar la balanza.
Al hablar de “percepciones” nos referimos a captar a través de los sentidos imágenes, impresiones o sensaciones externas.
No nos referimos a “percepciones” de recibir algo, de cobrar, para que entiendan mejor, no hablamos de pedir moches.
Explico esto por los amigos de Adri, a quienes no ha favorecido la rumorología que los acompaña en los días previos al arranque de campaña, pues el recurso y los patrocinadores parecen agotársele a la candidata que por segunda ocasión busca la gubernatura del estado.
La situación, dicen cercanos y ex amigos de la candidata, se debe a la falta de cumplimiento de compromisos anteriores por parte de la aspirante, a esto se suman deudas pendientes con pasados proveedores y a la falta de certeza que algunos mecenas han visto en la política surgida de la popular Colfer.
La situación se complica cuando se terminó el control sobre las Delegaciones federales y como consecuencia no funciona ya la agencia de colocaciones que aportaba un importante diezmo a las campañas.
Y para acrecentar el problema, en el gobierno estatal ya no tenemos al aliado que aunque odiamos nos servía de bienhechor.
Algunos de los supuestos del imaginario estatal, que hacen acrecentar esta mala fama, apuntan a que la candidata y amigos que la acompañan han encontrado en las campañas, a pesar de que hasta ahora no han ganado una, el modus vivendi y la forma de hacerse de unos recursos.
Si no creen, pregunten a algunos alcaldes y ciudadanos aspirantes a diputados federales, quienes aseguran que en las pasadas elecciones, el administrador del Partido que respalda las aspiraciones de Adri, tal y como presumen lo hizo en la Delegación federal que encabezó en el pasado sexenio del gobierno calderonista, se dio el lujo de pedirles mochada, esto sin la certeza de que se les fuera a otorgar la ansiada candidatura.
Protagonistas de esta penosa situación ya abandonaron el partido, es cierto que otros aguantaron, pero parece que la venganza consiste en trabajar haciendo las contras a quien se adueñó del Partido que habla del bien común.
Seguro habrá quien diga: el que acusa tiene la obligación de probar. Y entonces, el que esto escribe dirá, espero no haya pruebas de tales fechorías.
La supuesta acusación es por pedir moches, no por ser tontos (y aclaro que la palabra se queda corta por respeto a la audiencia).
Sin pensar que la divagación fue por descuido, retomo la idea de que la política es de percepciones.
Está más que comprobado que los seres humanos basamos nuestra toma de decisiones de acuerdo a los que percibimos de las personas, de las cosas y de los hechos que se van presentando en nuestro entorno diario.
De acuerdo a lo que captamos de manera inicial, a través de nuestros sentidos y al proceso de interpretación que hacemos de acuerdo a nuestros intereses, cada uno de nosotros ve de manera particular a los candidatos y las campañas políticas.
Pero qué pasa si los candidatos se empeñan en hacer que los ciudadanos los perciban mal, son incongruentes con su decir y su actuar, hacen alianzas con personas perdedoras y de baja moral, cuya característica principal es traicionar su militancia, suman a sus equipos tránsfugas que son premiados con candidaturas que no les corresponden.
Hacia donde apuntará la percepción ciudadana si los amigos de la candidata, quienes siempre la han acompañado, tienen un historial cargado de presuntos y se empeñan en que esas sospechas se vuelvan certezas.
Seguros estamos en que nada está escrito hasta ahora, pero el cinco de junio ganará la candidata que mejor sea percibida por los ciudadanos, de ahí la obligación que tenemos como futuros votantes de informarnos, analizar y ejercer un voto según lo que percibamos.