.
Lo único que les hace falta a los tlaxcaltecas, para seguir empeorando su realidad social, política y económica, es darle “continuidad” a la forma de gobierno impuesta por Mariano González Zarur.
El actual Gobernador del Estado de Tlaxcala, en su enfermiza intención de seguir controlando el gobierno de la entidad para beneficio exclusivo de sus intereses particulares, ha impuesto a un candidato priísta pusilánime –léase Marco Antonio Mena-, que le asegure total subordinación a esos mezquinos intereses.
No le ha importado a Mariano, pisotear los derechos de quienes durante décadas han hecho fila y trabajo político y administrativo, sometiéndose a una “disciplina partidista priísta” represiva y, que han aguantado de todo con tal de ganarse el derecho de ser considerados como posibles sucesores del gobernador en turno.
Al más puro estilo del cacique y terrateniente tradicional, Mariano les ha impuesto sus caprichos a todos los priístas agachones y carentes de valor para enfrentar las anárquicas decisiones “del amo”.
Entre la población tlaxcalteca, lo menos que se dice es que Marco Antonio Mena, en el supuesto de que acceda a la gubernatura del Estado, es que será el primer gobernador de la historia con los nada honrosos títulos de “títere y firma cheques” en este caso, de Mariano González Zarur.
No pensamos que la población tlaxcalteca será tan ingenua, al emitir su voto el próximo 5 de junio como para no ver lo que el actual gobernador tlaxcalteca pretende, con la imposición del candidato priísta, que le tapen todas sus fechorías y seguir teniendo la posibilidad de beneficiarse con cuanto negocio se le ocurra.
La sociedad tlaxcalteca está, más que nunca, frente a una posible reelección de Mariano como gobernador, porque en ninguna cabeza cabe que Marco Antonio Mena, sirva para otra cosa que no sea obedecer incondicionalmente al cacique que durante 6 años ha causado, como ninguno pensó, estragos entre la gente que creyó en él y a la que traicionó (incluida su familia), defraudó, con una serie de acciones y decisiones que son del dominio público.
Mariano tiene tras de sí una larga serie de atropellos y represión contra sus paisanos: maestros (a quienes en repetidas ocasiones les ha enviado a golpear con las fuerzas públicas), policías (a los que reprimió porque exigían mejores condiciones laborales, haciendo notar que en esa época encontraron muerto a uno de los líderes del movimiento), campesinos (que se quedaron esperando los apoyos de fertilizantes que quién sabe dónde fueron a parar), periodistas ( a quienes persiguió y encarceló por atreverse a criticarle “su gobierno”), burócratas (con la injusta e ilegal nueva Ley de Pensiones), a trabajadores del COBAT (que en número mayor a 100 despidieron injustificadamente, asunto del que por cierto está pendiente la resolución de un proceso laboral), adultos mayores a los que no reconoció beneficios ya otorgados.
A lo anterior, se suma una larga lista de violaciones legales y de la constitución federal, efectuadas por el propio Mariano o toleradas a sus directamente subordinados, las que han contado con la pasividad y complicidad de los diputados locales y de las autoridades federales, incluyendo el Presidente de la República, que no obstante de saber y conocer esos hechos (pues algunas de esa violaciones se dieron el “lujo” de publicarlas en medios masivos de comunicación), no han hecho nada para frenar al terrateniente-gobernante: ha perseguido periodistas violando la libertad de prensa prevista en el artículo 7º. de la Constitución de la República; ha promovido su imagen personal con recursos públicos contraviniendo el artículo 134 de la Constitución Federal; ha vulnerado el artículo 3º. de la Constitución de país, firmando convenios con la diócesis católica de Tlaxcala, vía la Directora del ITEA (Instituto Tlaxcalteca de Educación para los Adultos, que es un organismo descentralizado dependiente de él como titular del Poder Ejecutivo) Maday Capilla Piedras, para que dicho Instituto cumpla sus fines educativos, que deben ser laicos y ajenos a toda doctrina religiosa, mediante la impartición de clases dentro de las parroquias de esa diócesis; se ha cometido el delito de peculado con bienes del ITC –Instituto Tlaxcalteca de la Cultura- (organismo descentralizado dependiente del gobernador), distrayéndolos de su objeto, pues se ocuparon instalaciones para celebrar una boda privada; ha lanzado a la policía contra los maestros, reprimiéndolos violentamente, por manifestarse, violentándoles su garantía constitucional de libertad de expresión.
A lo anterior, se le pueden sumar hechos sumamente graves como lo es el que personal que trajo para hacerse cargo de la seguridad pública, terminaron cometiendo secuestros y de los que simplemente se informó que ya se habían retirado de su cargo, en lugar de haberse procedido penalmente contra ellos: impunidad pura; el asunto de los cientos de millones de pesos que están pendiente de aclaración de la cuenta pública 2014 del gobierno del Estado; la construcción de un Hospital en territorio del Estado de Puebla, en el municipio de Cuautlancingo, con dinero del gobierno del Estado de Tlaxcala, ilegalidad que por sí misma sería causa de un juicio político contra el gobernante tlaxcalteca.
Este es el escenario de “continuidad de gobierno” que anda pregonando Marco Antonio Mena, por instrucciones directas de Mariano González, lo cual es cínico, vergonzoso y agraviante para los tlaxcaltecas.