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Ayer hablábamos de las virtudes de gobernar a través de la meritocracia y cómo se ha desvirtuado esta forma de dar puestos o hacer que los más aptos sean los que lleguen a los sitios donde se toman decisiones.
Decíamos que en estos tiempos pareciera que las personas menos gratas son las que acceden al poder por el simple hecho de ser simpáticos ante los ojos de alguien o por haber prestado favores que las hacen merecedoras de puestos que, en teoría, debieran ser para personas más capaces y que han demostrado ser eficaces en el servicio público.
Si ayer nos preguntábamos sobre los méritos de Marquito Mena y la extraña preferencia que sobre su persona tuvo Mariano González, la estrella de este día deja mucho más que desear.
A Adri la recordamos por sus años mozos como amante del baile y danzante de algunas prepas (¿Me pregunto por qué oculta esa cualidad que la hizo obtener más simpatizantes de los que actualmente tiene en el Comité del PAN?) y en sus inicios de reportera en La noticia y en El Universal de la edición que se hacía en Tlaxcala.
Después en la oficina de comunicación del PAN estatal y más tarde por su repentina huida a la ciudad de México, algunos dicen que salió del estado por golpes en el corazón, otros aseguran que su partida fue en busca de otras opciones laborales.
Lo cierto es que allá se hizo de fuertes amistades que permitieron su regreso a Tlaxcala cargada de una candidatura.
Su fuerte relación con Calderón y su aspiración a ser diputada local por el Distrito XV con cabecera en Apizaco permitió el inicio de una carrera cargada de derrotas y, sorpresivamente, ascenso al poder.
Curiosamente, si alguien mejor que nadie ha experimentado que en la política cuando se pierde se gana, esa es Adri pies descalzos.
Perdió la diputación local pero ese fracaso le valió hacerse de la coordinación de la campaña presidencial de Felipe Calderón y formar en esa búsqueda del poder, la triada que se conocería en la política tlaxcalteca como “Las Chicas Superpoderosas” y que puso en su lugar a “Los cuatro fantásticos” del mismo PAN.
Adri perdió a su par de amigas, a Leo y Auro, pero se hizo de la Diputación plurinominal.
Qué méritos hizo o tuvo Adri para ser ella la nominada y no su par de amigas. Sólo Calderón y Margarita lo saben, quizás Felipe sepa más que su esposa, pues bajo la sombra del Hijo desobediente de Michoacán la de la Colfer hizo una carrera política y administrativa que hoy la tiene, por segunda ocasión, en la búsqueda de la gubernatura del estado.
Tras la diputación federal, que obviamente no la obtuvo en las urnas sino mediante la designación por méritos y cualidades desconocidos, Adri hizo y deshizo en las Delegaciones federales del estado de Tlaxcala.
Las poco más de 30 oficinas de gobierno federal con representación en Tlaxcala fueron su caja chica y su oficina de colocación de empleos.
Los odios y amores se acrecentaron de tal forma en el 2010, que Adri tuvo que pagar el crecimiento de esta lucha de sentimientos encontrados con una derrota electoral.
Cuando Adri, con su necedad y pocos méritos se hizo de una candidatura que el tiempo demostró que no le correspondía, vino la debacle del PAN en Tlaxcala y con ella la caída del proyecto orticista que hasta ese entonces parecía invencible.
Fiel a su costumbre, Adri y su equipo culparon a todos de su derrota, incluso a quien en esa contienda declinó a su favor, a Minerva, la chaparrita de Texoloc, que dicen, fue obligada a bajarse de sus aspiraciones para sumarse a las de su contrincante blanquiazul.
Qué méritos vieron las dirigentes nacionales del PRD y PAN para doblegar a Mine y hacer que Adriana encabezara una candidatura híbrida que como tal no dio frutos.
No obstante la derrota, Adri, por sus méritos, fue premiada con su inclusión en el gobierno federal.
Su perfil de periodista, seguramente, fue lo que más influyó para ser nombrada asesora de la Secretaría de Hacienda o quizás fueron los méritos que posee los que hicieron que el Presidente Calderón la siguiera apadrinando.
No olvidemos que a los pocos meses de esta encomienda, Adri nos sorprendió con su candidatura a Senadora. Su mérito principal para ocupar el primer lugar de la fórmula panista al Senado, fue vencer en una contienda interna al exgobernador Héctor Ortiz.
Nuevamente la derrota la acompañó en las urnas, fue vencida ampliamente por su colega Senadora Lorena Cuéllar.
Sin embargo, Adri no perdió todo, a pesar de la derrota llegó al Senado y desde ahí logró consolidar la candidatura que hoy, por segunda ocasión, la hace aspirar la gubernatura.
Ahora bien, ¿cuáles han sido los méritos para esta ascendente trayectoria?
Qué le vio Felipe Calderón para hacerla candidata y respaldarla hasta en tres ocasiones a pesar de sus consecutivas derrotas.
Posteriormente, qué le vio Ricardo Anaya, el joven presidente del PAN, para respaldar sus aspiraciones y romper una alianza con el PRD, la cual a todas luces parecía ganadora.
Quizás se cansó de tantas llamadas a la sede del CEN panista y cual arreglo con niña desobediente, le concedió tan ansiado juguete llamado candidatura, sólo para quitarse de encima a la hija berrinchuda.
Anaya, quien nunca pudo justificar los moches que el alcalde de Celaya y diputados panistas aseguran pedía el Subcoordinador del PAN en la Cámara de diputados, Jorge Villalobos, ahora se apersona en Tlaxcala para presentar a Adri como la candidata transparente.
Quizás es verdad que Adri, como lo decía hace seis años, sea la única gallina en el PAN.
A lo mejor es ella quien, además de quitarse sus chanclitas en el presidium, es la que trae y pone los huevos en ese partido sin gallos.
Pero si la vez pasada, con el apoyo de un presidente, la presencia de secretarios de Estados, gobernadores y la fuerza del gobierno estatal no alcanzó los votos suficientes para ganar la gubernatura.
En esta ocasión, sin la alianza del PAC y el Panal, la llegada al poder se antoja todavía más difícil.
¿Será acaso que ellos ya le vieron los méritos que nosotros aún desconocemos?