El discurso de Marco Mena contra la corrupción mueve a risa.
Al más puro estilo priísta de la simulación, que junto con la corrupción y la impunidad, son las principales características que han acompañado a ese Partido-PRI durante casi 100 años y que mucho han dañado a nuestra sociedad a través de casi 100 años, el candidato de Mariano González- que no del PRI ni mucho menos de los tlaxcaltecas- acaba de decir: “no habrá tolerancia a la corrupción ni habrá impunidad”; y todo mundo “muriéndose de la risa”.
Mena a pesar de su juventud no es ningún inocente, que no ignorante, porque sabe sobradamente que los excesos en sus gastos de campaña están a la vista de todos, sabe de donde están saliendo esos recursos excesivos y quien los está aplicando.
Mena no tiene la intención, ni los tamaños, ni el valor, para denunciar a su promotor Mariano González Zarur, por el desvío de recursos públicos en favor de su campaña: un montón de carros oficiales recorriendo el Estado, personas con el rostro cubierto repartiendo despensas con propaganda de él, camiones con su imagen, el uso de los espacios contratados por la Secretaría de Salud de Tlaxcala para promocionarse con los programas de esa dependencia del Gobernador, forzando a los trabajadores del gobierno a dar dinero y salir a hacer campaña en horas de trabajo y algunas cosas más.
La simulación de su discurso de anticorrupción y de antiimpunidad, está enmarcada en una de las más viejas “tradiciones priístas”, que es la simulación, la cual incluye la mentira y el engaño.
Por fortuna, la gente de esta época está mejor informada y se da cuenta de lo falso de sus palabras.
Mientras su “amo Mariano” sigue haciendo alarde de prepotencia con el uso indebido de recursos públicos (que por cierto no son de él, sino de toda la gente que paga sus impuestos), sigue con su actitud represiva contra los trabajadores de su gobierno amenazándoles con quitarles su trabajo si no van a la campaña “oficial” del PRI, controlando las acciones del organismo electoral –INE- para perjudicar cuanto pueda a los candidatos contrarios a sus intereses (tirando los promocionales espectaculares de todos los partidos, menos los del PRI y no tramitando las denuncias por los excesos económicos empleados en la campaña priísta; Marco Mena sigue con su mentirosa palabrería de que “no habrá tolerancia a la corrupción ni habrá impunidad”.
Mena tiene enfrente de él, para su beneficio y el del Gobernador, una serie de pillerías, ilegalidades e ilicitudes, que como buen priísta que es, jamás se atreverá a denunciar.
Mena entiende sobradamente que la “ley” sólo se aplica a sus contrarios, a sus detractores, a los que le estorban, pero no a él ni a sus protegidos.
Esa es la actitud sucia, cochina, que los caracteriza.
Imagínense como actuará si llega a tener el poder en sus manos, independientemente que no le quedará otra que obedecer fiel y ciegamente a su amo Mariano, que lo ha colocado en esa posición sin tener más mérito que el de la obediencia servil e incondicional.
Cuando Marco Mena habla de que no se permitirá la corrupción ni habrá impunidad, la gente se ríe y se burla de él; pero a pesar de que se da cuenta de ello, no le importa, porque se envuelve en la manta de la simulación, para protegerse y seguir así, como si nada pasara.
Él tiene otros intereses que desde luego no son los de beneficiar a la gente y por eso todo se le “resbala”, como lo hacen las personas que carecen de dignidad, a quienes no les importa arrastrarse en el lodo, ser humillados, con tal de conseguir sus perversos propósitos junto con los del que lo maneja como “títere”.