Creciente desánimo colectivo ante la incapacidad de los políticos para resolver la problemática de México
Imposible gobernar si se carece de autoridad moral y no se dispone de fuerzas aptas para aplicar la ley
Concesiones sin fin, la fórmula de Gobernación para apaciguar los intolerables desmanes de la CNTE
Día con día, y suceso tras suceso, los mexicanos nos vamos convenciendo de que los problemas que vive el país rebasan con mucho la capacidad del gobierno para atenderlos y resolverlos. Prueba de esa falta de aptitud nos lo da la manera con que las autoridades federales -y las estatales involucradas en el tema educativo- intentan hacer frente a las protestas con que el magisterio agrupado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (la CNTE) manifiesta su rechazo a la Reforma. Con independencia de las causas que las provocaron, lo cierto es que la forma en que las expresan ha ido más allá de lo social y políticamente tolerable, afectando la vida y los intereses de millones de personas.
Panorama siniestro
Y si ese candente asunto trae a mal traer al gobierno, añadámosle la curva ascendente que observan los hechos criminales que asuelan extensas zonas del territorio nacional. Las sangrientas jornadas que reportan los medios de comunicación fuerzan a pensar que México se aproxima -si no es que ya llegó- a un status que mucho se parece al que los teóricos de la ciencia política denominan estado fallido. Con los limitados instrumentos con que cuenta y la muy dudosa idoneidad de sus mandos, el gobierno teje y desteje sus estrategias, enviando de un punto a otro de la geografía nacional a las fuerzas federales a fin de aplacar los incendios que por doquier se le van prendiendo, ante la manifiesta incompetencia de los cuerpos policíacos locales estatales y municipales, insuficientes e inhábiles cuando no cómplices del crimen organizado.
Incompetencia manifiesta
Lo ocurrido en Nochistlán documenta esa incapacidad a la que me refiero. Ante los reproches de los sectores dañados por la inacción del gobierno por las marchas y bloqueos de la CNTE, Gobernación se vio obligada a ensayar el empleo de la fuerza en aquel poblado oaxaqueño. El resultado fue desastroso: tras horas de enfrentamientos, el saldo fue de ocho civiles muertos y más de un centenar de heridos. Pero peor escenario -si cabe- es el que se configuraría si se da crédito a la tardía explicación oficial del encuentro, elaborada para justificar los numerosísimos disparos que se hicieron para someter a los maestros inconformes. Según esa versión, esa era la única alternativa posible para defenderse de los sucesivos y bien planeados ataques con armas largas con que los sublevados trataron de abatir a los destacamentos policiacos. Si así fue, ya no se estaría hablando de una protesta social más, sino de una insurrección en toda la regla que ameritaría otro tratamiento. Sería, para decirlo con sus letras, una guerra de guerrillas, lo cual -por fortuna- todavía dista mucho de acercarse a la realidad.
Autoridad doblegada
Tras el fracaso de la represión legal, y la enésima demostración de que el entrenamiento, la preparación y los instrumentos con que cuentan las fuerzas del orden no son los adecuados para esos menesteres, Gobernación optó por darle prisa a las mesas de diálogo en Bucareli. Y ahí vino lo inevitable: la marcha atrás de las condiciones impuestas a los maestros por la Reforma Educativa. Peña Nieto, con sus alfiles Nuño y Osorio Chong, se extraviaron en un laberinto semántico a lo largo de cuyos vericuetos hicieron un uso desordenado y contradictorio de términos como revisar, analizar, adecuar, ajustar, explorar, etc. Tanta y tan confusa palabrería trató de ser un subterfugio para disimular lo que ya era obvio: el gobierno se retractaba de sus posiciones iniciales y recurría a sus habituales medios de apaciguamiento y cooptación: 1) mitigar -llamémoslo así- las cláusulas evaluatorias de la Reforma Educativa, 2) liberar los líderes presos, 3) descongelar cuentas sindicales y, 4) restituir a la CNTE sus múltiples canonjías laborales y económicas.
Rebeldía empresarial
El apremio al gobierno federal aumentó a partir de que las organizaciones empresariales se decidieron a actuar en serio. Como nunca antes lo habían hecho, criticaron pública y unánimemente la pasividad de los tres órdenes de autoridad para devolver la gobernabilidad al país, a los estados y a los municipios afectados. En respaldo a sus pronunciamientos, formalizaron una demanda ante los tribunales administrativos y analizan interponer ante el Poder Judicial un amparo… ¡contra el Ejecutivo Federal! Y lo que si de plano puso a temblar a toda la estructura gubernamental fue el llamado que hicieron a sus agremiados para que, si el 17 de agosto no han cesado por completo marchas y bloqueos, y se ha restablecido el Estado de Derecho… ¡dejarán de cumplir con sus obligaciones tributarias!
Ingredientes del desastre
Y así va el país, dando tumbos y sin que se vea cómo podrá salir de la espiral en que se está hundiendo. Corrupción, impunidad, desigualdad, injusticia, pobreza, ignorancia, criminalidad, incompetencia, cinismo, disimulo y mentira son algunos de los componentes de ese suelo movedizo que amenaza tragarnos a todos. Rebela escuchar mensajes publicitarios como los de la Cámara de Senadores que invita a los mexicanos a la denuncia como única vía para enfrentar al crimen. Lo haríamos, si no supiéramos que más del 90% de esas denuncias que nos solicitan permanecen sin siquiera abrirse la averiguación previa que a cada una correspondería. Ahí están las decenas de miles de asesinatos que se registran al año, las fosas clandestinas que a cada paso van apareciendo y los más de 20 mil casos documentados de personas desaparecidas. Lo dicho, estamos ante un gobierno rebasado y un aparato de procuración de justicia, inútil incluso para terminar con un delito -por mencionar tan sólo uno- tan fácilmente detectable como es la ordeña de los ductos de Pemex.
Alzas a traición
Y hablando de gasolinas no se puede dejar de mencionar el reciente macroaumento en su precio. Los miles de millones de pesos que se pierden con el robo impune a sus ductos ya lo compensaron con creces merced a esa cuchillada por la espalda que nos asestaron a los contribuyentes. El gobierno sigue haciendo oídos sordos a la exigencia de racionalizar su gasto, y busca paliar con impuestos disfrazados el desequilibrio de sus finanzas; Hacienda, a su vez, argumenta que el incremento de los combustibles estaba previsto, y que los precios se encadenaron a los internacionales del petróleo. No mienten; en efecto, mañosamente el Congreso fijó esa vinculación justo cuando el oro negro estaba por debajo de los treinta dólares, y lógicamente su única perspectiva era -y es- ir al alza. Cabe preguntar a los sabios de Hacienda: si el petróleo vuelve a los cien dólares de hace pocos años, el litro de gasolina en México -país petrolero-… ¿se nos venderá a cuarenta pesos? Y luego del gasolinazo, el wattazo, pues también subieron la luz. El señor Carstens -celoso custodio de la inflación- guarda al respecto un silencio que pudiera presagiar su futura renuncia para marcar distancias entre él y la política económica del régimen.
ANTENA ESTATAL
Desempleo y precariedad
El miércoles pasado salieron de Tlaxcala 24 hombres y 12 mujeres. Van con rumbo a Delicias, Chihuahua, y su viaje no lleva la encomienda de colonizar el indómito y despoblado territorio norteño, tal como 400 años atrás lo hicieron sus antepasados. No, amigo lector, ahora el éxodo de esos 36 tlaxcaltecas contemporáneos tiene como finalidad… ¡cosechar chile jalapeño! A diferencia de la diáspora migratoria de hace 4 siglos, en esta ocasión la estancia de nuestros jornaleros por aquellas inhóspitas tierras será de sólo tres meses, plazo ampliable según su desempeño conforme a lo dicho por la compañía que los contrató. La recompensa que recibirán será de 80 centavos por cada kilo de chile que levanten, y se calcula que -en promedio- cada tlaxcalteca será capaz de levantar entre 300 y 350 kilos por jornada, lo que les supondrá un ingreso de poco menos de 300 pesos, equivalente a unos 1700 a la semana. El hospedaje en barracas de los trabajadores agrícolas correrá a cargo de la empresa…, pero la alimentación será por cuenta de cada una de las personas contratadas.
Necesidad que obliga
Tras recorrer por tierra algo así como 1500 km iniciarán sus labores en el mes más tórrido del verano, con temperaturas por arriba de 40 grados. Llevarán, eso sí, 1200 pesos que les proporcionó como apoyo el gobierno de Tlaxcala, aunque de esos recursos sólo podrán disponer “…una vez que se de el pase de lista en la empresa…”. Supongo que la precaución se toma para que los arrepentidos no bajen del autobús antes de llegar a su destino. Pero si resisten los tres meses, regresarán a Tlaxcala, cansados, mal dormidos y mal comidos, con unos cuantos pesos en la bolsa, eso sí, muy sudados y mejor ganados. Ojalá que no se pierda la pista a esos hombres y mujeres tlaxcaltecas que fueron en pos de un trabajo que en su tierra no encontraron. Son espejo fiel de una realidad laboral que los indicadores oficiales no reflejan.
Para la Primera Plana:
Las sangrientas jornadas que diariamente nos reportan los medios de comunicación, fuerzan a pensar que México se aproxima -si no es que ya llegó- a un status que mucho se parece al que los teóricos de la ciencia política denominan estado fallido.