OPINIÓN

Enrique Peña Nieto, en el umbral de acontecimientos que evaluarán su capacidad como líder político del país

Tiempos de Democracia

Domingo, Agosto 21, 2016

 

Alargar la solución del conflicto magisterial afirmaría en la sociedad la impresión de un mandatario omiso

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Aplicar la fuerza represora del estado agravaría la situación y podría derivar en un grave estallido social

Rehacer a fondo el gabinete, redefinir las metas del gobierno y reconocer fracasos, la mejor alternativa

En la agenda nacional, el de los maestros y la Reforma Educativa sigue estando a la cabeza de todos los demás temas. No es el único grave, pero sí es el que -en el corto plazo- amenaza con cobrarse un mayor número de damnificados en el gabinete del presidente Peña Nieto. La falta de solución a una problemática que viene de lejos, pero que se salió de control a raíz de la tabla rasa con que Aurelio Nuño quiso aplicar la evaluación a los profesores, la falta de solución, repito, ha evidenciado la incompetencia de un gobierno federal que no sabe cómo enfrentar los retos que plantea la CNTE, y que -en adición a los asuntos de carácter puramente  laboral que provocaron el diferendo- ha venido dañando los intereses de terceros que ya también están en pié de guerra al no estar dispuestos a asumir más perjuicios.

Plazos vencidos

   La cadena de despropósitos oficialistas cometidos a lo largo del proceso unificó a voces habitualmente disímbolas que ahora coinciden en dos puntos: 1) exigir a la administración peñanietista que cumpla con su obligación constitucional de imponer el orden y, 2) hacer valer el estado de derecho. La clase empresarial organizada puso un plazo -que se venció el 17 de agosto pasado- para que cesaran marchas y bloqueos, y las actividades de las ciudades afectadas reanudaran su actividad normal. Nada de eso había ocurrido hasta ayer domingo 21 de agosto, no obstante la ostensible -aunque no reconocida- penosa marcha atrás del gobierno respecto de sus originales posiciones.

Nebuloso futuro

  La anárquica situación provocada por la rebelión de los mentores prevalecía con igual o acaso mayor intensidad hasta el día de ayer, sin que se atisbara ningún acercamiento constructivo entre las partes. Hoy lunes tendrían que haberse iniciado las clases en los planteles cuyos maestros pertenecen a la CNTE; si eso no ocurrió -a estas horas, usted, lector amigo, debe saber ya qué paso- habrá llegado la hora de las definiciones, y entonces conoceremos -agotados los estériles diálogos en Gobernación con Osorio Chong- la ruta que tomará la conflictividad magisterial, y lo que el país puede esperar del gobierno de Peña Nieto. Estamos en el umbral de acontecimientos que servirán a los mexicanos para evaluar los verdaderos tamaños del ciudadano presidente.

Obligación de actuar

  Ya es ineludible. El gobierno está obligado a actuar si la CNTE insiste en sus prácticas atentatorias de la paz social. No hay lugar para más intentos de arreglo conciliador; Osorio Chong, y hasta incluso el otrora arrogante e inflexible Nuño, han accedido a todo, con la sola excepción de la abrogación. No le demos vueltas: si la insurrección no cede y el gobierno persiste en sus posturas y en mantener en sus cargos al secretario de Educación y al de Gobernación, no pareciera quedar otra alternativa que el uso de la fuerza del estado, opción esta que tan explicables reservas tiene el presidente de ordenar. Empero, llegados a este punto no hay más que asumir las responsabilidades que a cada uno toca; no es fácil, pero el ejercicio del más alto cargo de la República -nada menos que su Presidencia- exige afrontar con prudencia, decisión y talento el trance que su secretario de Gobernación no le pudo o no le supo resolver.    

Variantes posibles

  Cabe sin embargo preguntarse: ¿tenía otra solución la pugna entre autoridades educativas y maestros? ¿pudieron haberse buscado con antelación salidas diferentes? ¿no era posible ensayar planes alternativos que evitasen la confrontación? ¿cupo la posibilidad de haberla prevenido y de haberse anticipado a la polarización extrema en la que se halla? ¿no disponía Gobernación de informes de inteligencia que advirtieran los riesgos implícitos en el problema? ¿sabía Bucareli hasta dónde escalaría la insubordinación? ¿contaba con que la población y otros grupos presumiblemente sedicentes podrían sumarse a los profesores, como ocurrió en el aciago encuentro en Nochixtlán?  A la aplicación de la fuerza le sucederán sin duda enfrentamientos cuyo saldo nadie puede anticipar. Habrá violencia, y de ella indefectiblemente se derivarán daños a la integridad física de las personas. Y también habrá aprehendidos, a los que el gobierno calificará de delincuentes, y la CNTE, de presos políticos. El encono social crecerá, y el conflicto se profundizará, y hasta podría propagarse a otras zonas del país. El pronóstico, como se ve, no es nada bueno.

La tercera vía

 Creo firmemente que existe una tercera vía. Me explico: antes de dar luz verde a las fuerzas de choque -lo que agravaría el problema- o patear el bote hacia delante -lo que nada resolvería y si acentuaría en cambio la impresión que se tiene de un mandatario omiso-, las diversas crisis sin solución aparente que acosan al gobierno abren la posibilidad al presidente de dar un enérgico golpe de timón, destituyendo a los secretarios que crearon el embrollo y aprovechando la coyuntura para rehacer de arriba a abajo el gabinete. Así, libre de ataduras y añejos compromisos, Peña Nieto podría reorientar el errático rumbo de su gobierno. Lo que pareciera imposible en México es sin embargo práctica socorrida en países europeos, cuyos líderes acuden a ella cuando se trata de: 1) hacer frente a crisis graves y, 2) recobrar la confianza ciudadana perdida en el gobierno. Obsérvese que ambos supuestos se dan claramente en el caso mexicano. Resumo la idea: con un totalmente renovado equipo de trabajo -integrado por gente prestigiada y plural que atienda a valores superiores y no a los apremios de la sucesión-, así como con medidas inmediatas y categóricas contra los corruptos que pululan en su derredor, Peña Nieto estaría en mejores condiciones de aliviar las tensiones que agobian a su gobierno y, de paso, de reconstruir la buena imagen que proyectó al principio de su gestión. ¿Acaso no nos sorprendió con la firma del Pacto por México? ¿por qué ahora no podría actuar con la misma imaginación y audacia política que le permitieron hacer realidad aquel histórico acuerdo?

 

ANTENA ESTATAL -1-

Exagerado paréntesis post electoral

  Entre los varios reajustes que demanda la última reforma electoral, debiera considerarse con especial atención la revisión del excesivo tiempo que media entre la elección de gobernador y su protesta como tal. El intervalo entre un acto y otro es de 210  días, pues los comicios se llevan al cabo el 5 de junio, y la ceremonia de toma de posesión hasta el 1º de enero. Trátase de un impasse innecesariamente largo que crea un espacio prolongadísimo de indefinición política, y que sólo sirve para propiciar desencuentros entre los equipos del gobernador en funciones y del gobernador electo, e incluso entre sus mismos titulares. La problemática se manifiesta incluso cuando el relevo es entre correligionarios, aunque obviamente se agudiza cuando la transmisión del mando tiene lugar entre políticos pertenecientes a distintos partidos, como consta que ocurrió en el reciente pasado. En ese periodo todas las actividad se ralentizan, incluyendo las puramente administrativas; nadie mueve ficha ni toma decisiones, los que se van porque carecen de alicientes y los que vienen porque todavía no llegan. Es un tiempo que se diluye en chismes, rumores, chistes y falsos llamados. Esa situación debe cambiar; un ejemplo, en EEUU, entre la elección el 8 de noviembre y la protesta el 20 de enero, sólo transcurren 72 días… ¡la tercera parte del tiempo que la ley fija en Tlaxcala!

ANTENA ESTATAL -2-

El toro en la calle

   No me gusta, ni en España ni en México, y menos en Huamantla, donde esa costumbre ha devenido en excesos execrables en los que ni se respeta al toro ni a la gente pacífica que, a querer o no, se ve involucrada en una cruenta festividad donde hordas embrutecidas por el alcohol dan rienda suelta a sus bajos instintos. Trátase de un espectáculo que denigra la condición humana, y que exhibe a los tlaxcaltecas cual si fuéramos un pueblo bárbaro e incivilizado. Qué lamentable contraste el de la tal “huamantlada” con el que ese mismo pueblo ofrece a propios y extraños cuando expresa su respetuosa y artística veneración a la Virgen de la Caridad en la “noche que nadie duerme”. Ya es pues tiempo de que algún alcalde de la ciudad de los muéganos tenga los suficientes pantalones para terminar de una vez por todas con esa orgía de sangre, toros y alcohol en que se ha convertido la tristemente célebre “huamantlada”.

 

 

 

Para la Primera Plana:

 

¿Tenía otra solución la pugna entre la CNTE y el gobierno? ¿se buscaron con antelación salidas diferentes? ¿no era posible ensayar alternativas que evitaran la confrontación? ¿cupo la posibilidad de haberse anticipado a la polarización extrema en que se halla? ¿no disponía Gobernación de informes de inteligencia que advirtieran los riesgos implícitos en el problema? ¿sabía Bucareli hasta dónde escalaría la insubordinación? ¿contaba con que la población y otros grupos presumiblemente sedicentes podrían sumarse a los maestros, como ocurrió en el aciago encuentro en Nochixtlán?

 

 

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