OPINIÓN

Abismales diferencias entre el gobernador que llega con el gobernador que se marcha / Tiempos de Democracia

Mariano González Zarur, un hombre que hizo del poder un odioso ejercicio de soberbia y autoritarismo

Domingo, Diciembre 11, 2016

Marco Antonio Mena: “…no ayuda a nadie que en la entidad hayamos estado peleados durante años…”

Nueva visión de la politica en la que el diálogo y la razón serán los mecanismos para la conciliación

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  Mariano González Zarur, mandatario estatal al que le faltan menos de veinte días para entregar el poder, lleva meses predicando por doquier que “…si no hay continuidad en los planes y programas, difícilmente se puede avanzar…”. Machaconamente repite, una y otra vez, que “…lo que se necesita es continuidad…”. El destinatario de esos mensajes no es otro que Marco Antonio Mena Rodríguez, el gobernador electo de Tlaxcala, que hasta ahora ha sabido guardar la compostura ante las presiones a las que está siendo sometido. Lo anterior lo confirma la nota de Moisés Morales (El Sol de Tlaxcala, 08/12/2017), cuando Mena aseveró en un tono moderado pero enérgico que “…en la revisión que efectúe […] verificaré que aquellos aspectos que estén dando resultados se mantengan y se mejoren, y aquellos que no, sin duda tendrán modificaciones con el objetivo de asegurar resultados tangibles para la población…”.

Contradicción flagrante

 Dar continuidad al trabajo de una administración precedente fue precisamente lo que González Zarur se rehusó a hacer cuando las circunstancias le pusieron ante la ocasión de demostrar que el interés colectivo debe estar siempre por encima de banalidades, caprichos y rivalidades políticas. A guisa de ejemplo de lo que puede suceder cuando se es incapaz de superar odios y resentimientos, a la vista de todos está ese monumento a la estulticia en que acabó convertida la llamada Plaza del Bicentenario, un caso que ilustra el costo que paga la sociedad cuando la animadversión personal es llevada al punto de obsesión patológica. Esa obra es el referente más tangible del daño social que genera la falta de una secuencia ordenada entre un gobierno que termina su encomienda y el que inicia la suya. Por eso llama la atención que, quien ha sido el más radical disruptor de la continuidad en cualquiera de las alternancias vividas en Tlaxcala, hoy sea su más apasionado impulsor.

La Plaza del Bicentenario

 Con independencia de su opinable sentido utilitario y de las preferencias estéticas que cada uno tiene derecho a sustentar, la tal Plaza del Bicentenario fue concebida para prestar un servicio cultural a la ciudadanía tlaxcalteca. El céntrico lugar en que se ubica permite a la gente atestiguar a diario cómo la construcción -valorada en cientos de millones de pesos- fue condenada al abandono por la deliberada pasividad de un gobierno que, basado en consideraciones irrelevantes, se negó a terminarla pese a que sólo eran detalles los que faltaban para ponerla a funcionar. Atento al asunto, Marco Mena ha dejado traslucir que a tan absurdo desatino le dará solución, y que algo se hará para que el inmueble cumpla con alguna función que sea provechosa para la comunidad.

La Central de Abastos

 Si bien bajo otra clase de considerandos, algo análogo ocurrió con la Central de Abastos, otra obra suspendida al comienzo de la actual administración con el argumento de la falta de una zona de desaceleración para el acceso y salida de vehículos. De no haber mediado el antagonismo a que he hecho mención en párrafos anteriores, el obstáculo pudo haberse subsanado sin problemas; bastaba tan sólo la voluntad de hacerlo. Y no lo fue, aún a sabiendas de que la obstinación rencorosa de su titular tiene metido al gobierno de Tlaxcala en un litigio que podría significar un golpe de cuantía al erario estatal. Una lástima, porque la Central de Abastos estaba pensada para beneficiar a los trabajadores del campo al facilitarles la comercialización de sus productos.

Los que aún le siguen…

 Pasado el Informe Ciudadano que sirvió para que González Zarur se vanagloriara ante sus invitados de sus logros -algunos reales y otros desmesurados por la forma descontextualizada y artificiosa con que los presentó- es de interés apuntar que la lista de personalidades asistentes se redujo de manera notoria, al punto de que esta vez sólo le acompañaron cinco mandatarios estatales. Es además significativo que dos de ellos pertenezcan al PRD -Graco Ramírez, de Morelos, y Arturo Nuñez, de Tabasco-, otro tercero, esté también inclinado a la izquierda -Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la CDMX-, y sólo los dos restantes están afiliados al PRI, Héctor Astudillo, de Guerrero, y Alejandro Moreno, de Campeche. Acudió, el sí, Enrique Ochoa, líder nacional del tricolor, y la visitante frecuente a Tlaxcala, Rosario Robles, en representación del presidente Peña Nieto.

Sin sus viejos amigos…

 Ya sea por haber terminado su mandato, por tener algunos pendientes con la justicia, o por simple desinterés, esta vez no se solidarizaron con Mariano González Zarur varios de sus correligionarios, todos ellos connotados ex miembros de la Conago. Cito por ejemplo a César Duarte de Chihuahua, a Javier Duarte de Veracruz, a Roberto Borge de Quintana Roo, a Egidio Torre de Tamaulipas, a Rogelio Medina de Nuevo león, a Carlos Lozano de Aguascalientes, a Humberto Moreira, de Coahuila, y otros más cuyo nombres no consigno por economía de espacio. Tampoco le visitaron sus amigos Fidel Herrera, ex de Veracruz Ulises Ruiz, ex de Oaxaca; en cambio, si llegaron los infaltables Carlos Romero Deschamps y Diego Fernández de Cevallos. Particularmente se echó en falta a Manlio Fabio Beltrones, a Emilio Gamboa y a Enrique Jackson. Y también llamó la atención la ausencia de tres ex gobernadores de Tlaxcala, a saber y por orden de antigüedad: Beatriz Paredes, José Antonio Álvarez Lima y Héctor Ortiz. Todo lo anterior se presta, amigo lector, a distintas lecturas; escoja usted, la que crea que más se ajusta a la realidad.  

La UAT y el nuevo gobierno

 Pero dejemos atrás distracciones que a estas alturas carecen de relevancia para el futuro de Tlaxcala; lo que ahora toca es escudriñar en la que será la agenda política de Marco Mena. Con excepción de que la educación, la seguridad y el empleo serán los ejes rectores de su gobierno, la verdad es que su discreto hermetismo poco ha dejado traslucir de lo que será su programa y menos aún, cuáles serán sus primeras acciones ejecutivas. Hace bien; en pocos días él será el indisputado líder político de la entidad, y su voz y sus decisiones ya no competirán con las de su antecesor. Algo, empero, es posible deducir de ciertos indicios orientadores que, convenientemente anudados, proporcionan pistas de interés. Vea usted, amigo lector: si una de las preocupaciones centrales de Marco Mena va a ser la educación -debo pensar que en todos sus niveles- en su empeño seguramente incluirá apoyar a la enseñanza superior, y más concretamente, a la máxima casa de estudios tlaxcalteca, que no es otra que la UAT, institución que cumplió cuarenta años de haber sido fundada por Emilio Sánchez Piedras en tiempos del presidente Luis Echevarría. La UAT es quizá la víctima más notoria de la falta de entendimiento entre dos fuerzas políticas antagónicas, una que lleva años de controlar la institución, y otra que tuvo bajo su égida el manejo de las finanzas estatales.

Talante conciliador

  Aludiendo en particular a la relación con Estados Unidos, y en general a los cambios que dentro y fuera de nuestras fronteras se han registrado en los últimos tiempos, Marco Mena ha hecho saber que “…la manera en que hemos entendido las cosas para relacionarnos con el exterior y entre nosotros debe ajustarse…”. Antes había dicho que  “…Tlaxcala ha sido siempre políticamente un terreno muy intenso …” […] y que “…en la entidad hemos estado peleados durante años…”. Concluyó afirmando que “…eso no le ayuda a nadie…”. Si esa es la visión del próximo gobernador y siendo él ajeno a las rencillas que llevaron a la relación entre la UAT y el gobierno al punto sin retorno en que las congeló el gobernador saliente, es dable esperar el inicio de acercamientos que eventualmente podrían redundar en un arreglo provechoso y digno para las partes. Del ex gobernador Héctor Ortiz se dijeron muchas cosas sin que se pudiera probar ninguna, mas lo que nunca se puso en tela de juicio fue su habilidad política ni su respeto por las formas. De Marco Mena se sabe, por su curriculum y trayectoria, que su pensamiento se inscribe en la misma corriente filosófica-política de Luis F. Aguilar y de Mauricio Merino, por citar a dos distinguidos teóricos mexicanos que participaron en la formación del próximo gobernador de Tlaxcala. No sería pues de extrañar que Marco Mena -con los asesores de alto nivel que le acompañan-  privilegien la razón para conciliar las diferencias y resolver el conflicto. Si se avanza en esa dirección, la que ganaría sería la juventud estudiosa del estado.

Paranoia recurrente

  González Zarur, en tanto, dice no entender porqué los estudios demoscópicos “desestiman” su trabajo. Ojalá que alguien algún día se lo explique. Su desconexión con la realidad debería preocupar a sus cercanos. Está convencido que, si las encuestas hubieran dicho la verdad, su partido habría obtenido ¡600 mil votos! (El Sol de Tlaxcala, 08/12/2017). Con el piso perdido, se resiste a reconocer que, de no ser por el buen candidato que eligió el PRI, el antimarianismo -hoy día el partido mayoritario de la entidad- unido en torno a la senadora Cuéllar Cisneros, habría ganado la elección. Mas no obstante que Marco Mena le sacó al impopular gobernador saliente “las castañas del fuego”, ahora dice haber detectado personas traicioneras dentro de su propio gobierno y partido político, reeditando la misma versión que manejó tras su derrota de hace doce años ante Héctor Ortiz.     

 

 

Para la Primera Plana

 

Llama la atención que Mariano González Zarur, que ha sido el más radical disruptor de la continuidad de la obra gubernamental en cualquiera de las alternancias políticas vividas en Tlaxcala, hoy sea su más apasionado impulsor.

 

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