.
Hay una línea que un gobernante no debe cruzar. No está escrita en piedra, pero sí en la ética pública y en las reglas políticas que el propio Morena ha establecido para sus procesos internos: un gobernador gobierna, no opera candidaturas. Pero en Tlaxcala esa línea hace tiempo dejó de verse.
Primero fueron las giras institucionales que tenían destinatario. Después aparecieron funcionarios convertidos en promotores. Llegaron las bardas, los operadores territoriales, las encuestas milagrosas y la movilización de estructuras oficiales. Todo apuntando hacia un mismo nombre: Alfonso Sánchez García.
Cuando parecía que ya se había visto todo, apareció una nueva fotografía política: la gobernadora Lorena Cuéllar reunida con el ex rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), Héctor Ortiz Ortiz, hoy diputado local del Partido Alianza Ciudadana (PAC). Pudiera ser que, hasta ahí, nada extraordinario. Una gobernadora puede dialogar con quien considere conveniente.
Sin embargo, lo que cambió completamente la lectura fue la presencia de Alfonso Sánchez García. ¿Por qué el aspirante de Morena está en una reunión de ese nivel? ¿En calidad de qué? ¿Quién convocó? ¿Qué papel desempeña un candidato en un encuentro encabezado por la titular del Poder Ejecutivo?
Morena fue claro al emitir sus reglas: los servidores públicos deben mantenerse al margen del proceso interno. No deben intervenir, influir ni utilizar el cargo para favorecer a nadie, lo cual no es una recomendación, sino una obligación política y ética. Sin embargo, la gobernadora parece decidida a demostrar exactamente lo contrario.
Cada movimiento suyo fortalece el hecho de que el gobierno de Tlaxcala dejó de concentrarse en gobernar para convertirse en el principal operador de una candidatura. Ese es el verdadero problema.
No solamente porque compromete la imparcialidad que exige el cargo, sino porque envía un mensaje devastador hacia abajo. Si la gobernadora interviene, ¿con qué autoridad puede pedirles a sus secretarios que no lo hagan? No puede. Por eso hoy el gabinete parece actuar con la misma lógica. La señal vino desde arriba.
Lo paradójico es que tanta operación política está produciendo el efecto contrario. Cada vez que Lorena Cuéllar sale a respaldar, directa o indirectamente, a Alfonso Sánchez, lo debilita. Desde hace rato el alcalde con licencia dejó de verse como un político que construye su propia fuerza y empezó a proyectarse como un candidato sostenido por el poder. Nadie quiere llegar a una candidatura con la etiqueta de haber sido impuesto por el gobierno.
La reunión con el ex rector de la UAT, demuestra que la desesperación suele ser mala estratega. Obliga a acelerar los tiempos, a perder la prudencia y a cometer errores que antes se cuidaban. Lo que durante meses intentó manejarse con discreción hoy se exhibe sin pudor alguno. Y eso tiene un costo que pronto conoceremos, no sólo para Alfonso Sánchez, sino también para Lorena Cuéllar.
Por lo pronto, resulta cada vez más difícil convencer a las y los tlaxcaltecas de que el gobierno permanece al margen cuando es la propia gobernadora quien aparece una y otra vez en el centro de la operación política. Está claro: simplemente no hay imparcialidad.