A la baja, las expectativas del PRI y de sus candidatos viables para la contienda presidencial del 2018
Tiempos de Democracia
Luis Videgaray Caso, primer político tricolor en pasar por la pasarela analítica de Tiempos de Democracia
Hará historia el discurso del gobernador Marco Mena, pronunciado al presentar su Plan Estatal de Desarrollo
La significativa merma que registran las votaciones del PRI es de una cuantía creciente, y corre a la par con el desplome de la popularidad del presidente Peña Nieto. Del 2012 a la fecha, el tricolor ha perdido cuatro millones de votos. Los tropiezos más recientes ocurrieron en los pasados comicios estatales; en ellos, los sufragios a su favor sufrieron grave quebranto. Los datos fríos no mienten: en el estado de México, del Mazo tuvo un 28.3% menos que Erubiel; en Coahuila, Riquelme, 21.9% menos que Moreira, y en Nayarit, Cota, 20.0% menos que Sandoval. Ni siquiera la desvergonzada operación de compra de voluntades montada por el gobierno federal -particularmente en el Edomex- pudo frenar la caída.
De vuelta al pasado
No obstante las evidencias, no parece que en Los Pinos exista la intención de darle otro sesgo al perfil del actual PRI, y aún menos de insertar en un marco abierto y democrático el proceso de selección del candidato a la presidencia de la República. Todo apunta a que, en su próximo cónclave a llevarse al cabo en el mes de agosto, la consigna será ratificar a Peña Nieto como el gran elector del partido. Habrá pues que entrarle al juego de la adivinación para anticipar quien podrá ser el beneficiario del tradicional dedazo presidencial. Aferrado a mecanismos obsoletos que impiden e incluso castigan el surgimiento de corrientes de opinión diversas, el tricolor parece empeñado en caminar rumbo a su extinción como opción política. Ante esa reticencia a democratizar sus procedimientos electivos internos, al opinador no le queda más alternativa que adentrarse en el incierto espacio de las especulaciones cuasi esotéricas…, o bien adiestrarse en el medieval arte de la cartomancia. Puede parecer broma, pero a eso obliga tener que estar más atento a los humores del señor presidente que a los méritos de los aspirantes. Con tales expectativas, a los priístas actuales no les queda más que esperar, silentes y pasivos, la señal de la tradicional cargada. El nuevo PRI, el partido renovado del que tanto se habló, ha retrocedido a la época en la que… el que se movía no salía en la fotografía.
La pasarela
Aunque eventualmente sólo le sirva al lector como un referente informativo y de opinión, a partir de este lunes Tiempos de Democracia irá pasando revista a la ejecutoria de quienes tengan real posibilidad de participar en la contienda por la Presidencia de la República, sea por la importancia de las posiciones que ocupan o por el hecho de haber expresado públicamente sus aspiraciones. Ese paneo preliminar sobre las diferentes perspectivas que a la sociedad ofrece la elección del 2018 incluirá a los postulantes de los partidos registrados y a los ciudadanos independientes que manifiesten su decisión de participar, no obstante las casi insuperables condiciones que les impone la normatividad vigente.
El partido en el gobierno
Sólo por el hecho de que se trata del partido en el poder y de que los focos de la atención pública están en su mayoría puestos sobre los secretarios de estado, he optado por empezar analizando la baraja priísta. Cito para empezar los nombres que han sido mencionados, unos que lo fueron desde el arranque mismo del sexenio y otros que lo están empezando a ser, sea por estar recién llegados al gabinete, o por el desgaste de las cartas que inicialmente fueron consideradas como las fuertes del presidente. Va la lista: Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño, miembros del primer encarte, y José Antonio Meade, José Narro, Enrique De La Madrid y José Calzada, del segundo. De entre ellos, quienes en razón de la relevancia de sus cargos y de la naturaleza de los problemas que enfrentan, Videgaray y Osorio Chong son los que ocupan mayores espacios mediáticos. Empiezo por aquel.
Videgaray y sus desaciertos
Está visto que la cuestión de las relaciones internacionales no se le da bien a Luis Videgaray. Sus imprudencias diplomáticas, disfrazadas de audaces iniciativas, han dejado un par de veces en ridículo al gobierno mexicano. El primer traspiés del secretario que llegó a Relaciones Exteriores “…para aprender…” fue -cómo no recordarlo- la invitación que dio lugar a la visita del entonces candidato republicano Donald Trump. Su segundo tropiezo se registró en Cancún, a resultas de su fracasada promoción para que la OEA impusiera sanciones a Venezuela. Videgaray calculó que las medidas que, a instancias de México, debían tomar sus homólogos del continente contra el atrabiliario Nicolás Maduro constituiría un éxito personal y el mejor escenario político para que Peña Nieto llegara a clausurar la Asamblea General de la organización. Videgaray pretendía una severa y unánime reconvención al presidente venezolano, cuya gestión ciertamente tiene a su pueblo hundido en la anarquía y la violencia.
Estrategia fallida
La adopción de ese género de resoluciones requiere de un mínimo de votos con los que Videgaray increíblemente no contaba. Dejando de lado que la repentina obsesión de Peña Nieto contra el populismo venezolano desprende un tufo de campaña negra contra López Obrador y de servilismo a los Estados Unidos, vale preguntar: ¿no se hizo la labor previa de persuasión para asegurar las adhesiones necesarias para la aprobación de la iniciativa? ¿no midió el aprendiz de canciller las consecuencias de enfrentar una votación adversa en presencia de todos los países del continente? Y, sobre todo, ¿en qué mente cabía suponer que Maduro se iba a quedar callado?
Lo de Venezuela, un fracaso evitable
Delcy Rodríguez, la secretaria de Relaciones Exteriores del gobierno bolivariano, contraatacó de inmediato y sin contemplaciones, hurgando en la herida abierta de los desaparecidos de Ayotzinapa. Con ese, y con tantos otros flancos vulnerables como tiene la presidencia de Peña Nieto, ¿a qué lógica atendió Videgaray para ser candil de la calle, cuando en la OEA se sabe de los muchos puntos obscuros que prevalecen en México? ¿no era previsible que el asunto de los 43 normalistas sería denunciado por la canciller venezolana? ¿no era obvio el riesgo? Y, a final de cuentas, ¿qué es lo que se exige a Venezuela? ¿que respete la división de poderes? ¿que realice el referendo revocatorio que pide la oposición? ¿que convoque a elecciones limpias y democráticas? ¿qué no se vulneren los derechos humanos de sus gobernados? En el entorno del mexiquense siguen sin advertir que su gobierno no es buen ejemplo en esos temas. Lo anterior, que quede claro, de ninguna manera obsta para reconocer que hay razones de sobra para someter a Venezuela a la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos. La duda es… ¿tenía que ser Videgaray el portavoz de esa justa demanda?
La cereza
Quién iba a decirles a Peña Nieto y a Videgaray que el escenario que montaron en aquel centro turístico del sureste mexicano para la celebración de la asamblea general de la OEA, quien les iba a decir, repito, que ese escenario serviría de caja de resonancia continental para las acusaciones que formularon los presidentes nacionales de los partidos mexicanos de oposición, PAN y PRD. En entrevista con el uruguayo Luis Almagro, secretario general del organismo, Ricardo Anaya y Alejandra Barrales detallaron al alto funcionario las tropelías cometidas por el PRI en los comicios del estado de México y de Coahuila, así como la inutilidad de unas autoridades electorales locales al servicio incondicional del poder.
¿Es viable una candidatura de Videgaray?
Expuesto lo anterior ¿cree usted que Videgaray podría ser el abanderado, no digo del PRI, sino de Peña Nieto?
ANTENA ESTATAL
El discurso del gobernador Mena
Las palabras del mandatario tlaxcalteca van a ser recordadas. Para bien o para mal, pero van a ser recordadas. Me refiero, amigo lector, a las que pronunció en la presentación de su Plan Estatal de Desarrollo. Conceptualmente marcan, a mi entender, un antes y un después en la historia política de la entidad. Se también que son muchos los ciudadanos que las escucharon con reservas. Los entiendo; tienen razones para tenerlas. Mas dependiendo de quien las pronuncie, las palabras comprometen. Tengo fe en que Marco Mena sabrá honrarlas… y no dejará que se las lleve el viento.
El Plan
La declaración de propósitos que enmarcó el documento fue redactada con extremo cuidado y con impecable pulcritud. Sin embargo, lo más destacado de la pieza oratoria es que incluyó definiciones de grandísima relevancia política. Ni es el momento ni me queda espacio para comentar los entresijos del documento; más adelante habrá ocasión de hacerlo. Baste decir, aunque sea con brevedad telegráfica, que el plan se diseñó con fundamento en un diagnóstico que retrata con precisión científica la realidad social y económica del estado, hecho inédito que explica la demora con la que fue presentado.
Para la Primera Plana
Las palabras del mandatario tlaxcalteca van a ser recordadas. Para bien o para mal, pero van a ser recordadas. Me refiero, amigo lector, a las que pronunció en la presentación de su Plan Estatal de Desarrollo. Conceptualmente marcan, a mi entender, un antes y un después en la historia política de la entidad. Se también que son muchos los que mantienen sus reservas. Los entiendo; tienen razones para tenerlas. Mas dependiendo de quien las pronuncie, las palabras comprometen. Tengo fe en que Marco Mena sabrá honrarlas… y no dejará que el viento se las lleve.