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Miércoles, Enero 14, 2026
Hace cien años, México dio un paso silencioso pero decisivo en la construcción de su futuro la creación de la educación secundaria. No fue solo un nuevo nivel educativo fue la comprensión profunda de que la adolescencia requería un espacio propio, una pedagogía distinta y una apuesta del Estado por acompañar ese tránsito complejo entre la niñez y la vida adulta. Al conmemorar este primer centenario, no hablamos solo de edificios, planes de estudio o cifras hablamos de millones de historias de vida que se han forjado en los patios, salones y talleres de las secundarias públicas del país.
Lo escribo desde un lugar profundamente personal y colectivo. Soy director de educación secundaria y me siento orgulloso de haber iniciado este camino hace casi treinta años como prefecto.
Desde ese primer cargo aprendí que la secundaria no es un nivel menor es quizá el más desafiante porque ahí se cruzan la rebeldía, la ternura, la búsqueda de identidad y, muchas veces, el dolor silencioso. Hoy, encabezar la Secretaría de Educación en Tlaxcala es un honor que asumo con memoria, gratitud y responsabilidad histórica.
La secundaria nació para ordenar y ampliar el sistema educativo, pero cien años después el reto es otro. Hoy no basta con enseñar matemáticas, ciencias o civismo. El gran desafío de nuestro tiempo es cuidar la salud mental de las y los adolescentes. Ansiedad, depresión, violencias normalizadas, consumo de sustancias, soledad en la era digital. La escuela ya no puede mirar hacia otro lado. Debe ser refugio, comunidad, espacio de escucha y de sentido.
Defender la educación secundaria pública es defender el derecho de nuestras juventudes a ser acompañadas con dignidad, afecto y esperanza. A cien años de su creación, la secundaria sigue siendo una trinchera de futuro.
Con afecto centenario,
Homero Meneses Hernández