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“El pasado no es mejor que el presente: la perfección no está atrás de nosotros, sino adelante, no es un paraíso abandonado sino un territorio que debemos colonizar, una ciudad que hay que construir. Entre los diversos modos de tiempo, la perfección residió en el futuro, los cambios y revoluciones fueron encarnaciones del movimiento de los hombres hacia el futuro y sus paraísos"
Octavio Paz
Comprensiblemente, el desarrollo del proceso electoral que está en curso en varias entidades del país ha generado una gran expectativa en torno a cómo se comportan las preferencias electorales y cuál será el resultado de las respectivas elecciones para ayuntamientos, diputados y gobernador (Baja California) en cada uno de estos estados. Los intereses de cada unos de los actores políticos involucrados y la reconfiguración de las relaciones de poder local y a escala nacional son solamente algunos de los factores más importantes que están en juego; el fortalecimiento o no de los partidos políticos, el mantenimiento o pérdida del registro de algunos de ellos, la consolidación o decaimiento de algunos liderazgos y el comportamiento de la ciudadanía el día de la elección son también cuestiones a evaluar.
Al respecto, los estudios electorales se han convertido en herramientas utilísimas para comprender y dar seguimiento a estas y otras variables, aportando elementos de análisis que permiten mayor objetividad y claridad en temas que son de suyo complejos y polémicos, pues en ellos confluyen, además de los ya mencionados intereses políticos, la personal convicción y perspectiva de los diferentes analistas y observadores. El dotar al análisis electoral de datos obtenidos mediante métodos cuantitativos y cualitativos es un recurso que permite controlar el riesgo de que la perspectiva personal tanto del observador como del propio actor político (involucrado de lleno en los procesos que se analizan y, por ello mismo, incapaz de objetividad) sesgue el enfoque analítico con que se abordan estos fenómenos.
En ese sentido, los estudios prospectivos en materia electoral significan una herramienta complementaria a las encuestas sobre intención de voto, toda vez que –como se ha dicho en reiteradas ocasiones—éstas aportan información de la situación que prevalece en el momento en que se realizan, de ninguna manera suponen proyecciones ni sus datos pueden extrapolarse a futuro. De ahí la utilidad de los ejercicios prospectivos derivados de las técnicas de diseño y elaboración de escenarios que, según su definición clásica, son “un conjunto formado por la descripción de una situación prevista, así como la progresión de acontecimientos que permitirían pasar de la situación de origen a la situación de futuro”.
En ese sentido, el diseño de escenarios electorales implica un ejercicio más que de imaginación, de prospección; mediante la utilización de las diversas herramientas que aporta la prospectiva política. Más que anticipar con cierto grado de probabilidad “qué va a pasar”, el diseño y construcción de escenarios posibles permiten describir los factores indispensables que deben integrarse como condiciones para que un cierto escenario ocurra; no son adivinaciones, sino más bien la descripción detallada de las condiciones e implicaciones de que determinados factores ocurran para que se concrete una determinada situación respecto a un tema en específico.
La prospectiva es la menos utilizada de las herramientas que integran los estudios electorales, más no por ello la menos útil. La exploración de los futuros posibles en materia electoral se sustenta, sin duda, en el análisis de la situación prevaleciente y de los elementos que integran la trayectoria previa de la realidad vigente, por ello requiere sustentar sus conclusiones en datos derivados, a su vez, de estudios estadísticos, demoscópicos, jurídicos, políticos y sociológicos, lo que complejiza su realización y su uso. Sin embargo, si se considera la importancia de contar con información precisa acerca de qué factores deben tomarse en cuenta para la consecución del futuro que se considera deseable, los esfuerzos que reclama suelen ser redituables para los propios actores.
El carácter riguroso de los estudios prospectivos y su diferencia fundamental con formas tradicionales de predicción, radica en concebir el futuro no como producto de eventos de carácter azaroso, ni como resultado de la acción subjetiva y voluntarista de los sujetos: ni concibe al futuro como destino lineal y predeterminado, ni supone que la realidad es producto tan sólo de la voluntad humana; sino que lo entiende como "devenir", de un proceso histórico donde se imbrican pasado y presente, sobre el que dentro de ciertos límites actúan significativamente los grupos sociales en la consecución de sus respectivos proyectos. Eso y no otra cosa son las campañas y los procesos electorales: estrategias diseñadas y ejecutadas por grupos portadores de proyectos que esperan ser concretados en un futuro ya previsto, pero que espera ser construido.
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