- Motivo de inquietud, la existencia de bandas lideradas por altos mandos policiacos del estado
- Descuido, oidos sordos y desatención oficial, abrieron el paso a los maleantes con uniforme
- Sin tranquilidad, no hay ni puede haber trabajo, confianza, inversiones ni desarrollo económico
Como ya toda Tlaxcala sabe, Orlando May Zaragoza fue cesado del cargo de Comisionado Estatal de Seguridad el pasado lunes, una semana despues de que se detuviera en flagrancia a una banda delictiva dedicada al secuestro. Los integrantes del grupo eran siete elementos de la Policía Estatal Acreditable, entre ellos su propio director. El suceso, que raya en lo kafkiano, no hizo sino reforzar la desconfianza de la sociedad en las fuerzas del orden. Francisco Galindo Bocardo, sucesor interino del destituido, se venía desempeñando desde abril del 2013 como Director de Seguridad en la misma corporación y, en su primera aparición como encargado del comisionado pidió a la ciudadanía “…confianza en la policía estatal…”. No, señor Galindo Bocardo, los errores y las desviaciones se pagan; esa confianza que usted solicita fue destruida y no será nada fácil recuperarla, si es que algún día existió.
Adiós a la proverbial tranquilidad tlaxcalteca
La inseguridad, estimado lector, nunca ocupó un lugar prominente en el catálogo de tribulaciones que padecen los pobladores de este sufrido terruño tlaxcalteca. La verdad sea dicha, aquí no se sabía de las limitaciones que a las libertades de las personas impone el miedo a ser víctima de la delincuencia. La vida cotidiana en pueblos y ciudades de la entidad discurría con absoluta tranquilidad; eran otros problemas -la salud, la educación, el empleo, las cosechas, etc.- los que preocupaban a la gente. Rara, muy rara era la ocasión en que algún hecho criminal alteraba la cuasi franciscana paz tlaxcalteca. La nota roja languidecía en páginas interiores de los diarios y, en ausencia de eventos de alto impacto, se tenían que conformar con narrar la aprehensión de algún robacoches inexperto, o de algún inofensivo mariguano que ocultaba entre sus ropas algo más de una par de carrujos.
La responsabilidad de designar
La violencia imperante en otros rincones de la Patria nos era totalmente ajena. Las atrocidades de que en detalle daban cuenta los informativos parecían provenir de otros mundos, y hasta creimos ser inmunes a las complicidades de policías y autoridades con el crimen organizado que en forma de epidemia venían ocurriendo en otras entidades. Tan lejana veíamos esa probabilidad que, quien en su momento debió reparar en el riesgo de entregar el mando de los cuerpos de seguridad de Tlaxcala a un elemento cuyos opacos antecedentes sugerían la conveniencia de analizar con profundidad y rigor su hoja de servicios, quien debió reparar en ese peligro, repito, le dio más valor a una recomendación que a la aplicación de su propio criterio y el de sus asesores, así como a las normas de un protocolo mínimo de seguridad a seguir antes de hacer una designación de tan delicada naturaleza.
La demora en rectificar
Pero si en el nombramiento del Secretario de Seguridad hubo precipitación -hasta cierto punto entendible por las circunstancias especiales que en ese momento privaban-, en mantenerlo en el cargo si hubo una incomprensible obstinación, sobre todo luego de los primeros incidentes en los que se evidenció la torpeza del ex comisionado hoy sujeto a investigación. De haberse escuchado la opinión de los que aconsejaban lo contrario, se habría evitado la actual crisis de desconfianza en su gobierno. Dice la Ley de Murphy que “Si algo puede salir mal, saldrá mal”, y en el caso que nos ocupa, el axioma se cumplió a cabalidad cuando se supo que al frente del comando policíaco secuestrador de ciudadanos se hallaba precisamente el elemento traido a la entidad por May Zaragoza para que fungiera como su hombre de confianza. Obviamente, el escándalo prendió en la prensa nacional y -dando voz a la indignación popular- opinadores locales exigieron la dimisión del Comisionado y hubo hasta quien se atrevió a demandar una explicación del titular del Ejecutivo Estatal. Lo primero ya ocurrió; lo segundo todavía no…
La elusión por sistema
El inexplicable silencio declarativo del responsable de mirar por el orden en el estado ya le abrió espacio a un sinnúmero de especulaciones. Es natural: la ausencia de una posición oficial al más alto nivel se suple con el rumor y fomenta la inquietud social y política. Hay muchas dudas en el aire que exigen aclaración. ¿Desde cuando operaba esa organización? ¿a cuanta gente secuestró? ¿en qué otros espacios operaba? ¿a que otros ilícitos se dedicaba? ¿adónde iban a parar los beneficios de su actividad delicuencial? Cuando la Procuradora Federal del Consumidor, Lorena Martínez Rodríguez, hizo saber que la escasez de combustibles en Tlaxcala se debió a que la entidad “…está identificada como una de las zonas con mayor extracción ilegal del producto…”, las conjeturas se multiplicaron. ¿Protegían estos policías a quienes ordeñaban los ductos de Pemex? ¿eran ellos los que manejaban el turbio negocio? Y así hasta el infinito…
Salidas a la crisis de confianza
Hay una marcada reticencia a reconocer que la sociedad ha cambiado y que, por tanto, la relación del político con ella es tiempo de que deje atrás los viejos cartabones de elusión de los problemas. Por lo contrario, hacerles frente personal y directamente es lo más recomendable en la actualidad. Mejores dividendos rendiría aceptar la crítica, encarar la crisis y, por propia iniciativa, poner rumbo al Congreso para desde ahí informar de los cómos y los porqués de sus decisiones. Y si hay que admitir errores, más vale hacerlo a tiempo. Un debate amplio daría luces a la ciudadanía acerca de dónde estamos y hacia dónde marchamos en materia de seguridad pública. En este punto, es seguro que usted, paciente lector, debe haber pensado que, si el ciudadano gobernador no permite ni que sus secretarios dialoguen con los diputados en el recinto congresional, mucho menos aceptará ser él quien, en persona, explique a la sociedad, en la sede de la representación popular del estado, los acontecimientos pasados así como los criterios que seguirá para designar al sucesor definitivo del comisionado cesado.
ANTENA NACIONAL
El ejemplo de Julio Scherer
La reciente pérdida del que fuera inolvidable director de Excélsior, y fundador de la revista Proceso una vez que se hubo consumado el golpe a la libertad de expresión instrumentado por el presidente Luis Echeverría, ha dado lugar a numerosas evocaciones en las que se exalta su entereza y valor para enfrentar las embestidas del poder. Una de entre ellas -para mí la más significativa de su larga y ejemplar trayectoria- fue la defensa que hizo de Gastón García Cantú en ocasión de que el presidente Díaz Ordaz en persona le pidiera censurar los artículos del reconocido periodista. La firme respuesta que le dio Scherer a tan impertinente sugerencia evitó la intromisión del mandatario en la vida independiente del que en su tiempo estuvo reputado como el mejor diario de México.
Para la primera plana:
La crisis de confianza en las fuerzas del orden del estado es el principal problema que tiene, hoy por hoy, el gobierno del contador González Zarur