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Hay algo que he aprendido al recorrer las comunidades: los mejores diagnósticos no siempre están en las estadísticas, sino en las conversaciones con la gente.
En los últimos días visité Atlahapa y San Lucas Cuauhtelulpan, en Tlaxcala capital, con una intención sencilla: escuchar.
Platiqué con Soledad, don Tomás, Eva y Magaly. También con don Antonio, Alejandra y Merced.
Hablamos del agua, las escuelas, los espacios deportivos y de aquello que hace falta para mejorar sus comunidades.
Pero además escuché de cada uno algo igual de importante: el orgullo que sienten por el lugar donde viven.
Eso confirma que detrás de cada colonia, barrio y comunidad hay personas que no solamente conocen sus problemas, sino que tienen ideas y disposición para participar en las soluciones.
Escuchar cambia la manera de entender las necesidades.
Una calle no es solamente una vialidad cuando un vecino explica el riesgo que representa para los adultos mayores. El agua no es únicamente una cifra cuando una familia cuenta lo que significa pasar varios días sin el servicio.
Por eso, la conversación pública debe comenzar en las comunidades. No hace falta esperar una reunión formal: basta con caminar, preguntar y, sobre todo, escuchar.
Tlaxcala capital tiene mucho que ofrecer. Lo demuestra la solidaridad de sus vecinos, el orgullo por sus tradiciones y el cariño con el que hablan de sus comunidades.
Seguiré recorriéndolas porque estoy convencido de que una ciudad no se entiende desde una oficina: se entiende caminando sus calles, escuchando a sus habitantes y descubriendo, conversación tras conversación, todo lo que podemos construir juntos.
Gracias por su atención. Hasta la próxima.