Mirar es uno de los sentidos obsesión del presente, hace creer que se le atribuye en sus pasillos todas las razones: Juego laberintico de las explicaciones para indicar a finales del siglo XX con el fenómeno de la T.V, como un horizonte perceptivo sobrevalorado, con ahora los agregados de todo dispositivo visual y móvil en un comienzo de milenio.
El punto; no dejamos de emplear los otros sentidos aunque el poco empleo de ellos los anule para debilitamiento de nuestra gozosa vida, o atrofie en aras de otros efectos; entre ella el cigarro en el gusto y el olfato, el del ruido y el whatsapp en el del equilibro y en la concentración, y el de la angustia y stress con el sentido de la libertad. Si porque el hombre posee un sentido que se transfiere a la palabra libertad cuando las distintas sociedades han derruido y caído demoliendo sus conceptos como únicos y traslada a otras periferias de sus razones el impulso por la vida: entiéndase la sobrevivencia y el gozo, la resilencia y vitalidad, que reúne este sentido de la libertad el cual parece más una historia de análisis y un despliegue histórico de razones filosóficas en todas sus escuelas, que un impulso vital del hombre ante la muerte y el peligro: la libertad.
Por ello nos es tan complejo comprender los hábitos del otro, de los otros, porque la libertad deposita sus impulsos en su propia realización, no se fija en nada más, tal impulso permitió al nómada ir transfiriendo hábitos estructurales de la civilización a ritmos muy largos de la historia del propio hombre, y construyendo civilización y extinciones en la barbarie, para sepultar, el sentido de la libertad, como sentido, bajo las catedrales del tierra y cemento en poco menos de 500 años.
Este milenio se apunta con su caos de efecto climático, desastres del alma en el hombre: desencanto en sistemas y personajes, y polarización de rabia y violencia, para atomizarse en la convulsión de paradigmas inservibles para sepultar nuevamente el ciclo de polvo inservible, los atajos de la sociedad se muestran inservibles, caducos, insalvables.
Pero la libertad es un impulso de vital, eros para el cuerpo, cómo la fuerza de su permanencia aún a pesar de sus miles de pretextos, se restablece en la profundidad del instinto, y se proyecta en una naturaleza lastimada ante su pronta variante o transformación, si usted tiene miedo de la palabra extinción.
Por ello quiero en esta columna hablar de paradigmas distintos, de erupciones que hacen diferencia en nuestro andar y recuperar la vida y su esencia. Después de todo el genio del hombre pervive en nuestros genes más allá de sus razones: en nuestra civilidad, la ciencia, la cultura, el amor, la belleza en cada uno de sus horizontes dónde el hombre trascendió su límite y cultivo o encontró el hilo de su nómada esencia trasladarse a otro espacio de una realidad, muchos refieren como revolución, fractura, dolor, resilencia, después de todo si hay algo que no han sepultado las catedrales de cemento ha sido la libertad y la reinvención del propio hombre.
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