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Cada vez que se van a efectuar votaciones en nuestro país, la propaganda insistente de las instituciones como el IFE, hoy el INE, así como la de los partidos en turno nos hacen creer que se practica la democracia en estos eventos electorales, pero cada vez con más tenacidad el ciudadano común y corriente, que es la inmensa mayoría, presiente que estamos muy lejos de que los intereses del pueblo trabajador sean los que van a prevalecer, más bien siente que no se le toma en cuenta, y es por eso que se desconfía de la democracia, y un rasgo muy claro es el enorme abstencionismo que se están viendo en las últimas elecciones.
La democracia mexicana secuestrada por los partidos oficiales que imponen a los candidatos, que son casi siempre personajes confiables para defender los intereses de la clase del dinero y del poder, esta saturada de propaganda intensa, frases elocuentes para demostrar la viabilidad del candidatos, demostraciones de su “juventud”, de su “género”, de la limpieza de sus “intenciones de que no tiene cola que le pisen”, compromisos que nunca van a cumplir, etc., etc., pero al final, no hay cambios sustanciales en la política económica ni social, los electos se suman rápidamente a la misma inercia de los que dejaron el cargo, porque rápidamente son llamados al orden, a los del poder ejecutivo a obedecer a los de más alto rango, a los del legislativo al jefe de la bancada, todos ellos saben que así es la política, y los que no lo saben, muy pronto llegan a la conclusión de que no hay otra más que disciplinarse, o cuando más disentir, pero sin hacer nada.
Romper este ciclo es muy complicado, la democracia, dicen los personeros del sistema, aun es imperfecta, debemos de buscar formas más “autenticas” se habla de segundas vueltas, de candidatos independientes, de que el IFE hoy INE, debe ser autónomo, democrático representativo, etc., y me pregunto ¿de dónde los van a sacar? sino de la misma clase política identificada con el propio sistema. Se crean más partidos que le hacen la faena a los grandes al atraer a candidatos, que todo mundo sabe que son sólo comparsas, pero la verdad es que la falta de democracia persiste.
Y es que esta democracia es la que implementa el Estado, es decir viene de arriba, no viene de los intereses de la mayoría de los ciudadanos, por lo que no es un instrumento del pueblo, este propiamente no hace política es en todo caso un espectador, por cierto dividido, desorganizado e inconsciente, de tal forma que después de una elección el político “ganador” puede hacer prácticamente lo que quiera, los gobernados no pueden quitarlo, desde un simple presidente de comunidad hasta el Ejecutivo Estatal, se vuelven intocables, las escasas leyes para que actúen las autoridades más altas en contra de las de menor rango son ocultadas o de plano pisoteadas, con el único objetivo de impedir que las mayorías puedan deponer a una autoridad, y para prueba, basta ver los resultados de los grupos agraviados si son escuchadas con el simple recurso de petición.
La carta magna, la Constitución, previendo lo anterior legisló para que existiera el derecho de petición, de reunión y de presentar una protesta ante las autoridades respectivas, siempre y cuando se haga en forma pacífica. Aun así existen muchos gobernantes que no solo ven con enorme desprecio a los grupos que protestan sino que incluso, utilizan la fuerza pública para impedirla, contraviniendo así, no solo el único recurso legal para expresarla, sino aumentando la enorme distancia entre políticos y ciudadanos, ya el mismo presidente Enrique Peña Nieto en su libro “México la gran Esperanza” escribió en la página 50, lo escribo textualmente: “tener gobierno y partidos políticos amarrados y opacos que no escuchan ni rinden cuentas a la sociedad ha llevado a tomar decisiones por lo menos poco efectivas y lo que es peor generan que la población pierda la confianza en sus representantes al verlos como personas ajenos a su realidad, conduce a que hablemos de políticos y ciudadanos como si se tratara de dos grupos totalmente distintos, prácticamente en pugna permanente al final del día llevan también a perder confianza en la misma democracia” (op. Cit.).
Y en efecto la confianza se ha perdido, llegar a una verdadera democracia, tiene que pasar por la unión y organización del propio pueblo, es decir que esta palabra tan utilizada por los políticos no la pueden hacer efectiva ellos, no pueden ni quieren, tiene que ser un logro histórico de las mayorías, pero esto es urgente, porque la sociedad pasa por tiempos complicados y difíciles, urgen reestablecer la confianza en nuestras instituciones, pero lo gobernantes y funcionarios creen todavía que tienen tiempo, pero este se ha terminado.