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Regresar a la tierra que me vio nacer, después de tantos años, es retornar a un mundo nuevo. Con cielos distintos pero bellos. Con tierras transformadas por los nuevos equipamientos y edificaciones, pero oliendo a maíz. Con nuevas leyes esas si como siempre contra el pueblo y a favor de quien gobierna y por supuesto con esa clase que no se extingue sólo cambia de ideología y color; los políticos de siempre, las mismas formas y las actitudes que hacen parecer que nos hacen el favor de gobernar, robar, engañar, los mismo con apellidos añejos o nuevos pero sin aspirar a cambios reales sólo promesas de campaña que los electores quieren creer pero los políticos saben que no van a poder cumplir.
Debo reconocer que lo que sé sobre el estado actualmente ha sido tomado de los medios digitales de impresos con página digital y de páginas de las instituciones que hacen estadística local o nacional, así como de los académicos. Por eso asumo con responsabilidad mi parcialidad y mi ignorancia.
También debo reconocer que yo voté y si, creí en las promesas de Mariano González: la restauración del tejido social, la seguridad para los tlaxcaltecas, la caja de cristal, hacer las cosas distintas al gobierno anterior.
Disculpé sin mayores cuestionamientos la falta de cortesía política con su antecesor y pensé que ahora si le iba a ir bien a TLAXCALA, que la integración de su gabinete conformado, lo digo con respeto, con adultos mayores y jóvenes promesas permitiría colocar al estado en el lugar que se merece y que según él se había perdido con la ineficiencia y rapacidad del gobierno Orticista, esto por supuesto según la campaña del Sr. gobernador.
Pero cuando vi la crudeza para perseguir a los integrantes de la administración saliente, replicada de forma superlativa por sus subordinados y escuché y vi en la prensa las respuestas a quienes se oponían: adultos mayores, policías, padres de niños con Cancer, mujeres, priistas, y un largo etcétera, entendí que no había deseo de cambio, solo un ánimo de demostrar quién trae el mando y quien lo ejerce.
La democracia, la rendición de cuentas, la transparencia, el respeto a los derechos humanos eran discurso sin materia, sin intención de plasmarlo en los hechos. Lo mismo pasó con la honestidad, la ética el respeto y atención a los tlaxcaltecas. Aquí pasó lo que el filósofo mexicano de la izquierda López Obrador señaló, a las instituciones se las llevó el diablo.
O contésteme cualquier ciudadano de esta tierra ¿dónde está la separación de poderes? ¿La sana distancia entre partido y gobierno? ¿El servicio público? ¿La libertad de prensa? ¿El respeto a la autonomía municipal?
¿Qué quedó de todas aquellas propuestas enarboladas en el discurso de toma de posesión? ¿Para qué peleó tanto por la gubernatura si al final incumple a tlaxcaltecas al grado que le chiflan, y le reclaman los excesos de sus colaboradores en todos los ámbitos de la administración pública?
¿Qué pasará ahora que se acercan elecciones y no hay obras monumentales que presumir? ¿Cómo le irá con su delfín si al final los negativos del gobernador son mayores que los de la marca?
¿Cuál será la estrategia de sus adversarios si ya vieron que a el gobernador le resultó la estrategia de descalificar más que proponer?
¿Cuántos judas renegarán de su patrón antes de que termine el gobierno?
¿Qué harán los secretarios, directores y coordinadores cuando los empiecen a investigar?
Veo dos discursos confrontados en los hechos. Una narrativa gubernamental que "ha transformado la realidad" en algo amorfo y sin significado pero que ha sido realizado " por instrucciones del gobernador" todo ocurre y todo pasa porque el que manda lo quiere.
Digo sin forma por qué su narrativa no tiene un referente que permita una significación para la sociedad. Lo único o que se percibe es la frecuencia en medios como si de tanto repetirlo pueda convertirse en una verdad creíble. Un discurso desfasado sin convocatoria y sin retroalimentación social.
Por el otro lado, actores políticos y sociales descalificando sin estrategia sin construir el "frame" para colocar al actor gubernamental que incumple o es autoritario, en el rol negativo. Dejan de lado la marca (PRI) como si esta y su añeja cultura dominante en sus gobernantes no fueran lo mismo. Quejas de café sin denuncias estructuradas, actores indolentes que no saben jugar el papel de oposición y que terminan siendo comparsas de una mascarada trágica para el estado y sus habitantes.
Pero poco a poco iremos, usted y yo, analizando los actos y acciones de todos quienes sean actores políticos, sociales o instituciones.
El comal está caliente y muchos se pueden quemar.
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