Jueves, Noviembre 12, 2015
Fernando Dworak académico del ITAM propone en la revista IUS que se entenderá como "campaña negativa" a la que, más que ocuparse de remarcar las virtudes de un candidato, apunta a resaltar los defectos del adversario. En este caso, un candidato no realza sus propias virtudes sino que destaca lo negativo del oponente.
Se trata de socavar la reputación de un candidato u opción política mediante la evocación de imágenes y argumentos que degraden la percepción que los votantes tengan del rival. El acuerdo entre los académicos considera a una campaña como negativa cuando más del 60% de la publicidad desplegada tiene ese signo.
Existen distinciones cualitativas. Se considera como "campaña sucia" la que recurre a ofensas, inventa información, desinforma, calumnia y se mete en la vida privada del candidato.
Por otra parte, la "campaña negativa" se enfoca en atacar al adversario a partir de su trayectoria y de información verídica y fidedigna. Habla de los defectos o la trayectoria del afectado.
Hay muchos estudios sobre los efectos negativos en el electorado y su participación en las urnas. Pero hoy me referiré a los actos y tácticas que se encuadran en este supuesto en el caso local.
Dos actores políticos empiezan a ser descalificados de manera reiterada esta semana. Por un lado Ricardo García Portilla del PRI quien recibió sin reaccionar el cuestionamiento a sus credenciales académicas de maestría y doctorado así como de sus currículum laboral, el objetivo posicionarlo como mentiroso. El otro Serafín Ortiz Ortiz del PAC quien recibió el fuego del grupo de opinadores que dicen son del club sabatino de un hotel apizaquense, quienes evidencian compromisos públicos SIN CUMPLIR como la ley de protección a los periodistas, el otorgamiento de sus dietas como legislador a organismo de la sociedad civil encargados de la defensa de los derechos humanos y la propuesta última para entregar su aguinaldo como legislador a la universidad para comprar un autobús. Tratan de posicionarlo como poco confiable o incumplido sin que tampoco hubiera reacción. Sus equipos de comunicación si los hay fueron sorprendidos y se tragaron los golpes.
Pero también hay que preguntarse por qué los elegidos fueron ellos. La respuesta es sencilla. Por qué son percibidos como peligrosos para un grupo de poder o de interés que busca deslegitimarlos antes de que sean candidatos.
¿En que se equivocan? En el tiempo en que utilizan la campaña negativa. A 186 días de la jornada electoral las descalificaciones son ineficaces porque permiten corregir las campañas de los precandidatos controlando daños o diluyendo la información.
Lo que no sabemos hasta que exista un instrumento metodológico que mida el efecto, es el impacto en la imagen negativa sobre los políticos y la política. Y su incidencia en la participación ciudadana en la elección. En prospectiva el o los beneficiados serán quienes tenga estructura de tierra eficiente.
En un escenario tan volátil con cambios de un día para otro lo importante es tomar cualquier información con la reserva del caso. No hay nada escrito y los jugadores tratan de colocar sus piezas. Pero nadie tiene seguro nada. Ni quien descalifica ni quién es descalificado por qué puede también victimizarse y ganar publicidad gratuita en distintos medios o convertirse en el villano del cuento.
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