OPINIÓN

Intereses personales de políticos de oposición fortalecen al PRI en Tlaxcala

Plaza insurgentes

Lunes, Noviembre 16, 2015

La corta visión, necedad y falta de sensibilidad política, pero sobre todo, la desmedida ambición personal y de grupo de políticos opositores que aspiran a convertirse, cueste lo que cueste, en candidatos a la gubernatura del estado de Tlaxcala, fortalecen la codicia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de permanecer en el poder.

En esta situación se encuentra la ex candidata panista, quien ni con el total apoyo presidencial de Felipe Calderón -el mismo que le declaró la guerra al narco y a la fecha suman decenas de miles las ejecuciones, asesinatos y desapariciones forzadas sin asumir ninguna responsabilidad-, pudo ganar la gubernatura del estado en el pasado proceso electoral. Y hoy, desde su actual cargo de senadora, ha levantado en todo lo alto su dedo para votar a favor de las (contra) reformas estructurales impuestas por Enrique Peña Nieto y dictadas desde Estados Unidos, tal como se presume sucedió con la reforma energética, cuyo proceso de privatización en esta área estratégica para el desarrollo y soberanía del país ya dio inicio.

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En otros partidos, políticos quemados que sólo se han dedicado a vivir del presupuesto público desde sus funciones como presidente municipal, diputado local o federal o senador, andan desquiciados en la pepena de encontrar algún resquicio que les permita acomodarse, en lo personal o como grupo, en candidaturas que eventualmente los llevarían a seguir disfrutando del dinero público, sin ninguna esperanza de que su trabajo fuera en beneficio de los más necesitados.

Hasta este momento no existe ninguna declaración de quienes aspiran a gobernar la entidad tlaxcalteca referente a la brutal represión que el Ejecutivo estatal ha emprendido contra la disidencia magisterial por manifestar su desacuerdo con la mal llamada reforma educativa. No hay ningún pronunciamiento que exija el esclarecimiento de la muerte de las personas que casi a diario aparecen con visibles huellas de violencia, arrojadas en distintos rumbos del estado. Ningún aspirante ha pedido poner alto a la violencia e inseguridad que azota a la región, en donde los rumores esparcidos por grupos no identificados provocan psicosis en la población. Nadie de los que han asomado la cabeza pidió en su momento que Peña Nieto y su esposa aclararan el asunto de La casa blanca; escandaloso caso de corrupción que mereció la atención de diferentes medios a nivel mundial y que motivó que la periodista Carmen Aristegui y su equipo de trabajo fueran despedidos de la empresa MVS Radio, aunque a la postre la connotada comunicadora recibió en Estados Unidos el Premio Presidencial al Valor, precisamente por el trabajo de investigación periodística de la cuestionada propiedad de la pareja presidencial.

Quizá estos graves problemas sociales no formen parte de la agenda o prioridades de esta clase política, para la cual lo importante sería únicamente llegar al poder por el poder mismo. O quizá Tlaxcala en este momento carece de políticos que tengan una visión más amplia de lo que significa gobernar una entidad; políticos que se comprometieran a sacar al estado de la inanición en la que actualmente se encuentra, abandonada en el rezago económico, político y social. Contrariamente, los únicos que aparecen son viejos lobos de mar a quienes no les interesa proyectar a su estado, ni que a Tlaxcala la sigan confundiendo con ser parte del territorio poblano o del estado de México, y que su único mérito se refiera a ser considerada El Santuario de los Padrotes.

Sin importar quien llegara a ser el candidato priista, ni si éste fuera designado por Enrique Peña Nieto, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) o Mariano González Zarur, con todo un ejército de recursos humanos a su disposición, vía burocracia y sindicatos oficialistas, aunados a la enorme cantidad del erario que desviarían para la compra y coacción del voto, cuyo segmento social cautivo se encuentra entre la población más empobrecida cuantificada en cientos de miles en el territorio tlaxcalteca y, sin una oposición política real que le pudiese hacer frente, el triunfo electoral del priismo estaría más que garantizado.

¿Podrán deshacerse de sus egos y ambiciones personales o de grupo los aspirantes a la gubernatura, y poner por encima los intereses de más de un millón de ciudadanos tlaxcaltecas que anhelan un gobierno de altura que de una vez por todas logre el desarrollo armónico de Tlaxcala que tanto necesita, y así brillar con luz propia en el ámbito nacional?

Mientras tanto, Enrique Peña Nieto a través de su cuenta de Twitter condena los atentados en Paris y se solidariza con el pueblo francés, pero se le olvidan los genocidios cometidos por gobernantes de su partido y su propio gobierno, desde la represión contra maestros, médicos y ferrocarrileros hacia finales de los años cincuenta, pasando por los fatales acontecimientos del 2 de octubre, 10 de junio, Aguas Blancas, Acteal, Atenco, San Fernando y más recientemente las matanzas de Tlatlaya, Apatzingan, Tanhuato y los normalistas de Ayotzinapa, entre muchos otros casos de asesinatos, ejecuciones y desapariciones forzadas.

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