OPINIÓN

La maldita herencia de LCC: Recicladora de Atlangatepec y la crisis de basura en Tlaxcala

Si las cosa empeoran la basura terminará en las barrancas, incluso en Palacio de Gobierno.

Jueves, Junio 25, 2026

 

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En Tlaxcala, la crisis de la basura se ha convertido en uno de los mayores pendientes de la administración de Lorena Cuéllar. Lo que fue presentado como una transformación histórica en el manejo de residuos hoy genera más preguntas que respuestas y amenaza con convertirse en una de las principales herencias políticas de su gobierno.

La apuesta de su administración fue cerrar rellenos sanitarios y sustituir el viejo sistema por un modelo basado en la llamada economía circular. En el papel sonaba moderno y prometedor. Sin embargo, la ejecución ha estado marcada por la incertidumbre, la saturación de los espacios disponibles y la creciente preocupación de comunidades que observan cómo el problema se agrava sin una solución clara.

Los cierres de rellenos sanitarios como los de Panotla y Huamantla fueron presentados como parte de una transición necesaria. Pero mientras esos espacios dejaron de operar, la basura siguió generándose todos los días. El resultado fue una mayor presión sobre los sitios que permanecen abiertos y una concentración cada vez más preocupante de residuos en determinadas regiones del estado.

Atlangatepec se convirtió en el centro de esa estrategia. Lo que para el gobierno es un Polo de Economía Circular para el Bienestar, para muchos habitantes representa el riesgo de convertirse en el gran receptor de la basura de Tlaxcala.

Y ahí comenzó un conflicto que hoy ya tiene dimensiones políticas y sociales.

En San Pedro Ecatepec, comunidad perteneciente a Atlangatepec, los pobladores salieron a  manifestar su rechazo al proyecto impulsado por el gobierno estatal. Vecinos, campesinos y habitantes de la zona expresaron su temor de que el lugar termine recibiendo residuos provenientes de los 60 municipios del estado. La preocupación no es menor: hablan de posibles afectaciones al agua, al campo, al medio ambiente y a la calidad de vida de futuras generaciones.

Las protestas fueron escalando hasta derivar en bloqueos, confrontaciones y momentos de tensión entre ciudadanos y autoridades. La inconformidad refleja algo más profundo que un simple desacuerdo sobre una obra pública: evidencia la falta de confianza de una parte de la población hacia la estrategia impulsada por el gobierno estatal.

La pregunta que muchos tlaxcaltecas se hacen es si ya cerraron rellenos sanitarios, si los sitios que quedan operan bajo una fuerte presión y si las comunidades rechazan recibir más residuos, ¿dónde terminará la basura de Tlaxcala en los próximos años?

Porque mientras el gobierno habla de recicladoras, sustentabilidad y desarrollo económico, la realidad sigue siendo la misma. Los municipios producen toneladas de basura diariamente y necesitan soluciones inmediatas.

La contradicción resulta inevitable.

Por un lado, Lorena Cuéllar presume inversiones, crecimiento económico y nuevos polos de desarrollo. Por otro, ese mismo crecimiento implica una mayor generación de residuos en un sistema que todavía no demuestra tener la capacidad suficiente para procesarlos. Más industrias significan más basura.

Más actividad económica significa más residuos.

Más desarrollo significa más presión sobre una infraestructura que ya enfrenta cuestionamientos.

Y es precisamente ahí donde aparece la responsabilidad política de la gobernadora.

Porque después de casi cinco años de gobierno, las herencias dejan de ser excusas. Los problemas que hoy enfrenta Tlaxcala en materia de residuos ya forman parte de las decisiones tomadas durante esta administración. Los rellenos cerrados, la incertidumbre sobre los nuevos proyectos, la saturación de los sitios disponibles y las protestas en comunidades como San Pedro Ecatepec son hechos que ocurrieron bajo su mandato.

Nadie discute que el problema de la basura viene de años atrás. Lo que hoy se cuestiona es si el gobierno estatal realmente tenía una ruta clara antes de cerrar instalaciones fundamentales para el manejo de residuos.

La basura no desaparece con discursos.

La basura no se recicla con conferencias de prensa.

La basura no se resuelve con propaganda gubernamental.

La basura requiere planeación, infraestructura, consenso social y resultados. Y hasta ahora, los resultados siguen sin aparecer con la claridad que los tlaxcaltecas esperan.

Mientras tanto, los municipios continúan buscando dónde depositar sus residuos, las comunidades mantienen su resistencia y el gobierno sigue intentando convencer a la ciudadanía de que el nuevo modelo funcionará.

Quizá por eso cada vez son más quienes observan esta crisis como el reflejo de un gobierno que anunció grandes soluciones antes de resolver los problemas básicos. Porque al final, entre rellenos cerrados, conflictos sociales, promesas de reciclaje y toneladas de basura buscando destino, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Dónde va a tirar su basura Tlaxcala?

Y si esa pregunta continúa sin respuesta cuando termine el sexenio, esa podría ser la verdadera herencia política que Lorena Cuéllar deje a los tlaxcaltecas.

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