La muerte de Gisela Mota presidenta municipal de Temixco se suma a los 67 presidentes municipales asesinados desde 2006, cuyos decesos son ligados al narco o a la delincuencia común, según cifras de la Asociación de Autoridades Locales de México.
67 autoridades electas por el voto ciudadano de distintos partidos políticos 32 PRI, 15 PRD, 13 el PAN, 2 el PT, 1 el verde y 4 de usos y costumbres son la estadística mortal a la que al parecer se ha acostumbrado el gobierno mexicano y la sociedad en general.
Desafortunadamente para la raza humana nos hemos acostumbrado a la muerte, así como nos acostumbramos a la corrupción y al fraude. Nos volvimos impermeables a la brutalidad del crimen organizado y a la delincuencia común y ahora creemos que esa es nuestra normalidad.
Pero de forma alarmante lo mismo le ocurrió al gobierno federal, ya no reacciona ni ante el asesinato de 45 normalistas, ni ante los abusos del ejército o de la policia, ni ante la muerte de una presidenta municipal, son tan común y ocurren con tantas frecuencia que también para ellos se ha convertido en normal.
Que podemos hacer si la multiplicidad de tumbas ilegales, los miles de desaparecidos las constantes denuncias en redes de robos de infantes dejaron de ser una novedad que asusta, que indigna y que llama a la denuncia pública.
Nos acostumbraron y nosotros aceptamos que así fuera. Son culpables los gobiernos ineptos como son cómplices los partidos y las organizaciones que teniendo foros no los utilizan. Somos culpables los ciudadanos que no denunciamos por miedo al gobierno, a la policía o a la delincuencia y son culpables los medios de comunicación que callan y solo aplauden.
Es necesario que dejemos de ser una sociedad que solo se indigna en las redes sociales, debemos recuperar los espacios vitales de la sociedad, la calle, la cuadra, la,colonia, el pueblo, el municipio son nuestros y debemos defenderlos en esos mismos espacios ya no podemos esperará a que él gobierno resuelva porque ha sido rasado desde hace mucho tiempo por los poderes económicos y fácticos.
Ni una muerte más, porque si lo permitimos estamos colaborando consciente o inconscientemente a que nuestros hijos o nietos refuercen estos hechos como normales, como lo común y cotidiano de la vida en México.
Y ante este desolador panorama lo único que nos queda es cambiar por una u otra vía pero dejar de aceptar que lo que ocurre es normal por qué no lo es.