Olvídese usted de buscar perdedores y ganadores entre Rafael Moreno Valle, Adriana Dávila y Lorena Cuéllar. Tampoco piense en Mariano Gonzales o el PRI el PAN y el PRD. con la decisión de la dirigencia del PAN para que vaya solo a la elección por la gubernatura de Tlaxcala pierde una vez más el pueblo.
Manuel Rodruiguez U. En su blog dice y lo comparto, se usa poco en estos tiempos post-modernos la palabra “pueblo”. Como que los políticos de izquierda o progresistas le han tomado miedo a la palabra “pueblo” y, aprisionados o adormecidos en el lenguaje tecnócrata de los especialistas, prefieren hablar de los “quintiles más desfavorecidos”, de las “personas más necesitadas”, de los “segmentos inferiores” y de la “gente”.
En sus remotos orígenes europeos, en Roma y en Grecia, la palabra “populus” hacía referencia al pueblo, o sea a la clase más numerosa, a la plebe, al vulgo. En la Grecia clásica, el “demos” era la clase social dotada de derechos políticos, excluyendo a los libertos y a los esclavos.
En la revolución francesa y en las revoluciones americanas del siglo XIX, el “pueblo” se asoció con la plebe, con la multitud desordenada de sujetos pobres, dependientes. Una extensa literatura latinoamericana abunda sobre los gañanes y peones, hombres de extracción popular que trabajaba sin derechos sociales ni políticos. Las repúblicas independizadas del imperio español, se forjaron desde el siglo XIX sobre una oligarquía terrateniente y mercantil cuyo poder económico y político excluía al pueblo.
En algún momento además durante las guerras de la independencia latinoamericana, las clases dirigentes de criollos patriotas se apropiaron del concepto y se autoproclamaban como el “pueblo” que luchaba por su emancipación, cuando en realidad dejaban en el silencio a los campesinos y obreros que formaron la tropa de las milicias y ejércitos que la conquistaron. Aquella apropiación oligárquica y burguesa de la palabra “pueblo” en el siglo XIX, encuentra su correlato en el presente donde los empresarios y dueños del capital no dudan en presentarse como “hombres de trabajo”.
En la literatura socialista y marxista, el pueblo fue el sujeto político fundamental, pero dentro de la ortodoxia linguistica apareció la noción de clase, en este caso “clase trabajadora” que, a su vez, se acompañó de la noción de “proletariado”, quedando la palabra “pueblo” situada en los márgenes e intersticios de la retórica socialista, comunista y anarquista como un concepto genérico que se refiere a la población pobre y no propietaria de una sociedad. Lo popular se refiere a pobreza material, a una condición en que hay que trabajar para su sustento sin contar con el capital.
Estos fueron los que perdieron porque los partidos seguirán recibiendo los dineros públicos, los y las candidatas estarán haciendo campaña con recurso que son de todos nosotros y al final los desposeídos, los parias, estarán esperando una televisión, una despensa, un artículo, también comprado con dinero público, que les permita sentir que reciben algo de la política y de los políticos.
Ese pueblo que desconfía de la política y de los políticos seguirá a la espera de que alguien anteponga sus intereses personales o de grupo y piense en ellos, en cómo solucionar sus problemas, los discursos de todos son solo palabras que esperan significados una vez más.