Dos hechos han calado hondo en la desconfianza ciudadana: por un lado conocer los montos de la impunidad derivado del informe de la auditoría superior de la federación y por el otro la inoperancia de primer gobernador que llega al poder por la vía independiente.
La ASF detectó irregularidades por 77 mil millones de pesos en programas de salud, educación y seguridad. Este tipo de recursos que se entregan a estados y municipios representan el 74 por ciento de del gasto federal o el 93.6. del gasto del Sistema Nacional de Seguridad Pública y son los sectores más importantes para este gobierno.
Esta es la lógica del sistema y lo vemos en la manera como se ejercen los recursos sin comprobación más de 9 mil millones de pesos, más de 4 mil millones de pesos por pagos improcedentes o en exceso, más de 8 mil millones en conceptos diferentes a los objetivos específicos de cada fondo y más de 28 mil millones no devengados, no ejercido o no reintegrados a la federación así surgen los nuevos ricos en México.
Esta es una de las razones por la cual los políticos no quieren dejar la carrera y por qué los ciudadanos aspiran a estas posiciones, la cantidad de recursos que son desviados, no comprobados o simplemente será depositados en cuentas personales son interminables, pero además con el incentivo que pocos, muy pocos son llamados a cuentas.
No se preocupe el robo en la función pública se ha democratizado y todos los partidos la ejercen. Pareciera ser que no hay manera de detenerla porque el reparto de los beneficios corre ya por todas las venas del sistema.
Otro de los sucesos que ha desencantado a la sociedad es la manera de gobernar de Jaime Rodríguez, el gobernador de Monterey. Sus intentos por hacer un gobierno de redes sociales alejado de la ciudadanía, con el congreso en contra y sin municipios amigos terminó por formar un hueco en su gobierno tan grande que ahora sus errores se magnifican.
La crisis de topo chico y su mal manejo evidenció que malos gobiernos salen por la vía institucional y por la independiente. Que los políticos no pueden romper con sus orígenes y que la solución es no sólo cambiar de etiqueta sino de chip completo. Necesitamos nuevos políticos, un nuevo sistema y cuidamos completos.
Pero mientras esto ocurre necesitamos una propuesta remediar que nos permita realizar la transición sin mayores costos, un pacto para rehacer el estado mexicano como las nuevas generaciones lo sueñen, que nos permita competir con el mundo actual y que incorpore las nuevas tecnologías.
Es claro, lo hacemos o estamos viviendo el fin del país. México tiene dos que lo aquejan y que se deben erradicar de raíz: la corrupción y los políticos pendejos.