OPINIÓN

Marco Mena y el timming

Caballo de Troya...

Martes, Junio 7, 2016

El virtual triunfador de las pasadas elecciones del 5 de junio, al lado de su equipo político, supo aprovechar los momentos en cada una de las etapas de la campaña; sobremanera, y puede que se halle aquí una de las claves de su victoria, en la última semana y horas de la elección.

 

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Aún más, la formación tricolor no perdió valiosos segundos antes del cierre de las casillas el día de la elección, con la difusión de encuestas de salida que les daban una considerable ventaja sobre su más cercana competidora.

En fin que Antonio Mena logró permear en tirios y troyanos, en primer lugar, un camino ascendente y de adhesiones; y al final, la consolidación de una ventaja días antes de la hora final. Convenció de que su nominación fue la adecuada, sumó aquellas piezas indispensables en la estrategia, les arrebató la apreciación de éxito a sus competidoras, y al final, conquistó las tendencias.

 

Lorena Cuellar y el Síndrome del 2006

 

Si en algún instante, en cualquier ocasión, alguien le hubiera vaticinado a Lorena Cuellar Cisneros lo mucho que podía aprender de los traspiés de Andrés Manuel López Obrador en aquella controvertido año del 2006, tal vez ahora los resultados electorales fueran otros.

La candidata del Sol Azteca llegó a la contienda como una de las principales favoritas, sino es que la única, para arrebatarle el gobierno al partido tricolor; con el paso de los días, y muchas veces con la premura de no saber administrar la abundancia, la senadora con licencia y sus seguidores comenzaron a articular teorías del complot, conspiraciones y victimización, cada que erraban en sus posicionamientos ante la opinión pública.

Uno de los riesgos de articular y persistir en estrategias de victimización, y más en contiendas políticas complejas, es que de forma paralela el mensaje que se transmite a las audiencias, y que se sitúa en sus consciencias, es el de la debilidad, frustración o sentimiento de fracaso.

Es resbaladizo intentar transmitir gloria y autoconfianza, y a la vez querer ganarse la misericordia del público.

Mucho tendrá que digerir la suspirante, muchas horas tendrá para entender como es tan fácil e imperceptible derrochar una ventaja y no triunfar por un poco diferencia.

 

Adriana Dávila y la coyuntura  

 

Mucho se podría decir de la candidata albiazul, ora que sí no logró remontar a su contrincante de la izquierda, ora que si nunca ha ganado una elección en las urnas; sin embargo, a diferencia de la perredista, Adriana Dávila provenía de una experiencia dolorosa en el 2010, cuando vivió en carne propia aquello del triunfo que no fue y logró modular una campaña con base en el aprendizaje de los errores del pasado

Al parecer, en esta ocasión la apizaquense tuvo que enfrentarse también a una coyuntura ideológica que no le favorecía: el ánimo de un gran segmento de la población por la idea de un gobierno nuevamente de izquierda en Tlaxcala. La idea de conseguir una transición, una vez más, en el estado que pusiera fin al marianismo pero con tintes socialdemócratas.

Dávila consigue seriedad, sabiduría, pero eso muchas veces en política es insuficiente. 

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