OPINIÓN

Se fue Marcela; falta que se vaya el marcelismo

.

Lunes, Julio 13, 2026

La salida de Marcela González Castillo de la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal de Morena en Tlaxcala representa, sin duda, el acontecimiento interno más relevante del partido en lo que va del año. No sólo concluye una dirigencia que enfrentó cuestionamientos por su conducción durante el proceso de renovación política rumbo a 2027; también se mueve una de las piezas que mayor influencia tuvo en la vida interna del movimiento.

Durante meses, diversos militantes expresaron su inconformidad por lo que consideraban una dirigencia distante del deber de imparcialidad que exige la conducción de un partido. La percepción de que el Comité Ejecutivo Estatal favorecía al proyecto político del ahora alcalde con licencia, Alfonso Sánchez García, terminó por erosionar la confianza de una parte importante de la militancia.

Más artículos del autor

En ese contexto, la llegada de Jaina Daniela Flores Meneses a la presidencia estatal, conforme al Estatuto de Morena, constituye una oportunidad para corregir el rumbo. Pero también implica un enorme desafío: demostrar que su gestión será autónoma y que no se limitará a administrar la herencia política de su antecesora.

Si el relevo se reduce únicamente a cambiar el nombre de quien firma los documentos, Morena habrá desperdiciado una oportunidad histórica. La militancia espera algo más profundo: una dirigencia que garantice piso parejo, que recupere la institucionalidad y que deje atrás cualquier percepción de favoritismo.

La salida de Marcela González también modifica el equilibrio interno de los grupos políticos. Difícilmente puede entenderse de otra manera: representa uno de los reveses políticos más importantes para el proyecto de Alfonso Sánchez García, quien durante meses fue señalado por diversos actores de Morena como el principal beneficiario de la conducción partidista encabezada por Marcela González. Sin esa plataforma institucional, el escenario interno cambia de manera significativa. El tiempo dirá si esa influencia realmente quedó atrás o simplemente cambió de interlocutor.

Sin embargo, el reto de Jaina Daniela Flores Meneses no termina en asumir la dirigencia. También deberá revisar el papel que desempeñan quienes integran el Comité Ejecutivo Estatal, especialmente en áreas estratégicas para la organización territorial y la vida interna del partido. La confianza no se recuperará únicamente con un relevo en la presidencia. Dependerá de que toda la estructura actúe con imparcialidad y con absoluto respeto a la militancia.

La Secretaría de Organización, encabezada por Agustín Moreno López, por ejemplo, será una de las posiciones más observadas en esta nueva etapa, particularmente porque distintos actores del propio partido le atribuyen cercanía con el grupo político de Maricarmen Ramírez García, esposa del exgobernador Alfonso Sánchez Anaya. Si Morena quiere demostrar que aprendió de las tensiones internas de los últimos meses, deberá garantizar que su estructura territorial sirva al partido y no a intereses particulares o aspiraciones personales.

La Cuarta Transformación nació con la promesa de desterrar las viejas prácticas de la política mexicana. Esa exigencia comienza por casa. Morena no puede pedir democracia hacia afuera mientras la militancia cuestiona las condiciones de competencia hacia adentro.

Jaina Daniela Flores Meneses tiene frente a sí una oportunidad que pocas veces ofrece la política: demostrar que los cambios pueden ser auténticos. Si logra reconstruir la confianza, fortalecer la imparcialidad y devolverle a la dirigencia el papel de árbitro y no de jugador, habrá iniciado una nueva etapa para Morena en Tlaxcala. Pero si todo permanece igual, la historia recordará este relevo como un simple cambio de fachada. Y si es así, tarde o temprano esa fachada terminará por derrumbarse.

 

Vistas: 36
AL MOMENTO

Blogs