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La aparición en la portada de la revista Time del presidente de la República, con la frase “Salvando a México” (Saving México) no tardó en ubicarse en las redes sociales e inmediatamente comenzaron las críticas sobre el artículo. Las modificaciones hechas transformaron el título en: “Vendiendo a México” (Selling México) o “Matando a México” (Killing México), los “memes” invadieron el supuesto mensaje preconcebido desde las oficinas del actual régimen.
El contenido de la publicación referida sobredimensiona la aprobación de las Reformas Constitucionales recién publicadas, siendo contrarias a la cruda y triste realidad en la que México se encuentra con una severa crisis económica, política y social. Los datos reportan un crecimiento económico del 1.3 por ciento, desempleo dramático, crimen cada vez mayor y la corrupción insostenible. Tal parece que el gobierno federal intenta por todos los medios, publicitarios, dar una cara al exterior totalmente distinta a la interna. No obstante, en las múltiples venas sociales de nuestro país se observa y siente esa inconformidad que multiplica su hastío con respecto a la clase gobernante. Los incrementos del Impuesto Sobre la Renta (ISR) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), han impacto drásticamente a cientos de contribuyentes que siempre han sido los mismos en cumplir y, por el contrario, los mayores consorcios continúan gozando de privilegios fiscales y de toda índole.
En la obra teatral “El Cartero” escenificada por toda una luminaria nacional, Don Ignacio López Tarso, nos hicieron el comentario que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) concedió el apoyo económico para que la obra del primer actor fuese puesta, en nuestra querida tierra tlaxcalteca, sin costo alguno para el público interesado en presenciar el evento. Sin embargo, el gobierno del estado al parecer estableció una tarifa lo que significa, de ser cierta la argumentación anterior, un acto totalmente reprobable por parte de la autoridad local. El gobierno del estado no ha sido un promotor eficiente de la cultura en lo que va de su gestión y luego, de confirmarse lo expuesto, abusar de los apoyos de Conaculta resultaría una afrenta exquisita de corrupción.
En Tlaxcala capital surgen por todas partes fuentes de las que brotan desperdicios, despojos, desechos, basura, en cada esquina y en sus intervalos se pueden encontrar montículos de material orgánico e inorgánico y, con la presencial inicial de los calores, los aromas se vuelven no tan agradables. La responsabilidad municipal hace caso omiso a una de sus principales obligaciones, consagrada en el artículo 115 de nuestra Carta Magna. Lamentable es ser testigo ocular de todo ese paisaje lúgubre y de la ineptitud de la nueva administración municipal que al cabo ya de casi dos meses, resultan imperceptibles los cambios benéficos, por el contrario lo “retro” parece ser el tatuaje original del gobierno en turno.
La sede del Palacio Legislativo fue, según versiones periodísticas, la arena donde se encontraron cara a cara el actual secretario del Ayuntamiento y el ex alcalde de Tlaxcala capital. En esa paridad cuerpo a cuerpo lo relevante fue la desaparición de 60 millones de pesos del erario público, según lo afirmó el secretario quien además, con dos meses en funciones, desconoce el monto preciso de los pasivos y los respectivos acreedores. En una joya “cantinflesca”, el funcionario, hace una mezcla muy singular de 60 millones en una entrega, al día siguiente refiere que había un adeudo de 5 millones y luego que en efecto hay 11 millones en cuentas bancarias mismas que se encuentran congeladas. Al parecer las variaciones entre millones son peccata minuta, entre el gobierno entrante y saliente se observa una total connivencia de impunidad y corrupción, tan es así que en el encuentro sostenido únicamente hubo recordatorios maternales, chiflidos, flexiones de brazo y antebrazo, pero no pasó nada en favor de la comunidad tlaxcalteca. Los encubrimientos entre unos y otros siguen su curso.
Algunos dirigentes partidistas se lanzaron a la yugular del PRI por entronizar al exsecretario de Finanzas hacia la dirigencia de esa organización política, acusaron sin el menor rubor al gobernador de manipular el tablero al grado de satanizarlo y señalarlo como el anticristo de la democracia. Para nadie es desconocido que en los “usos y costumbres” del PRI, quien es gobernador es también jefe del partido y cuyas determinaciones tienen que pasar por el “Vo.Bo” del titular del poder Ejecutivo. Así es como el gobernador, cumpliendo con los ritos autoritarios, decidió lavarle los pies al exsecretario de finanzas, previa asepsia rigurosa de extremidades inferiores, para extenderle una promesa de contrato en el “loco afán” de la sucesión gubernamental, previo retén de las elecciones federales de 2015.
Ojalá el nuevo dirigente del PRI no le pase como a los frijoles que al primer hervor se arruguen, y acepte debatir con todos los cuadros dirigentes del abanico de organizaciones partidistas en el estado. Mucho serviría tratar asuntos del orden nacional, estatal y municipal. Al tiempo!!