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Domingo, Noviembre 9, 2014
Han transcurrido más de cuarenta días de aquel momento tan lamentable en que se perpetró la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas, así como la muerte de 4 de sus compañeros y 2 ciudadanos que por azares del destino se ubicaban en el sitio de la desgracia. Las verdades populares son mayores contra la versión oficial que intenta imponerse, destacando la construcción de evidencias con protagonistas conocidos como “chivos expiatorios”.
Ahora resulta que son más los detenidos que los propios jóvenes desaparecidos, la lista de 73 confinados, incluida la dupla del poder municipal, no han sido suficientes para aclarar con prontitud el lamentable homicidio multitudinario. Lo más curioso resultó que 3 aprehensiones, de último momento, fueron las claves para descifrar el entuerto normalista.
Es evidente que la versión oficial intenta reducir la autoría intelectual y material a unos cuantos parroquianos, sacando de ese infierno a las fuerzas castrenses implicadas hasta el full. Todas las zonas militares en el país poseen sus áreas de Inteligencia, siendo inadmisible pensar que hubiese desconocimiento sobre la existencia y operación de los distintos cárteles en el área. Comparto la conclusión popular, tanto nacional como internacional, de que estamos frente a un Crimen de Estado.
Motivante en extremo resultan las movilizaciones sociales protagonizadas tanto en el ámbito nacional como internacional, la solidaridad mostrada por distintos sectores de la sociedad dan cuenta del hartazgo popular suscrito por ciertos actores políticos. El despertar ciudadano muestra el descontento exponencial por la manera en que está siendo gobernado el país, los brotes de insatisfacción cubren la totalidad del país.
Día a día surgen reprobables acontecimientos relacionados con asesinatos, extorsiones, desapariciones, actos de corrupción y una infinidad de agresiones hacia la población en general. Los encubrimientos entre algunos políticos, empresarios y criminales son ya melodía ordinaria. No se puede permitir que la escalada perniciosa de conductas ilícitas vaya en ascenso permanente, al amparo y protección del propio gobierno en sus diferentes niveles de competencia.
Los jóvenes mexicanos han demostrado estar bien informados y resueltos para ser protagonistas del cambio que exige la nación, con singular decisión y participación han tomado el caso Ayotzinapa como bandera indiscutible para exigir transformaciones de forma y fondo del sistema político mexicano. Son los jóvenes quienes viven en carne propia las carencias del hogar y los grandes esfuerzos para acudir a las instituciones de educación superior, son mujeres y hombres que han desarrollado posiciones más críticas con respecto a las deformaciones con las que se conducen los actuales gobernantes. Son testigos presenciales de las ambiciones infinitas de los grupos en el poder, de las extravagancias cubiertas por el enorme velo de la impunidad y corrupción institucional.
Las comunidades estudiantiles de distintas instituciones educativas del país han alzado la voz de protesta al unísono, incluso profesores y autoridades también han sumado su malestar al estatus de gravedad que prevalece en el país. Las redes sociales trascienden las fronteras y por unanimidad global señalan, sin titubeos, a los responsables de la crisis mexicana con nombres y apellidos, es decir, el gobierno en sus tres niveles.
Patética inmovilidad la del gobernador del estado de Tlaxcala, ante el suceso de Iguala, Guerrero, donde un paisano huamantleco se encuentra entre los 43 normalistas desaparecidos. Demostrando su auténtico papel de lacayo del sistema político mexicano, el Ejecutivo local se desliza entre los silencios cómplices del Crimen de Estado, no hay posicionamiento oficial con relación al muchacho tlaxcalteca que decidió realizar su profesión de maestro en la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. Por el contrario, el gobernador de Tlaxcala ha reprimido las manifestaciones protagonizadas por las alumnas de la Normal Rural del municipio de Panotla.
Los tlaxcaltecas estamos doblemente comprometidos con la causa #YaMeCansé, por solidaridad nacional y por tener a uno de los nuestros involucrados en tan incalificable evento.