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El gobierno estatal concluye un año más de gestión, el cuarto para ser exacto, preciso y conciso. La autotertulia fue todo un éxito, las invitaciones corrieron por todos los medios posibles para congregar a un buen número de ciudadanas y ciudadanos tlaxcaltecas, para muchas y muchos resultó una invitación que rompió sus actividades rutinarias sin asistir con plena convicción, es decir, se trató del típico acarreo priista con sus respectivos kits de frutsi con gansito (gobernador de Veracruz dixit).
Cada aspirante priista a un cargo de elección popular cumplió con su cuota de acarreados, tan es así que los susodichos ocuparon la primera fila del aforo debidamente planeado. El cordón umbilical sigue siendo bastante visible entre el personaje central del evento con el partido político al que se encuentra afiliado, obviamente intentando meterles levadura para hacerlos crecer a tan pocos meses de la elección federal.
El informe también tuvo la utilidad de aprovechar los 5 minutos del acto multitudinario para que otros virtuales candidatos se montaran en la escenografía, se dejaran ver y emitieran una que otra opinión sobre la contienda electoral. El gran estudio fotográfico fue aprovechado para todo y por todos, y sobre el informe que “guarda el estado de la administración local” muy poco.
En algún “momentum” del supuesto informe de gobierno, el titular del Poder Ejecutivo hizo alusión a seres intergalácticos, extraterrestres, de otro planeta que no ven los “grandes” avances provocados por la presente administración y apelando a esa docta apreciación me permito declararme parte de esa población intergaláctica.
Sin duda que ese formato de autoelogios, autocomplacencias, autoreverencias ya no corresponden a los tiempos actuales, lo más urgente para abonarle al sistema democrático es que el gobernador asista al Congreso local y se suscite un intercambio de puntos de vista entre ambos poderes, se ofrezca a la ciudadanía la posibilidad de darle prioridad al contraste de posiciones, de darle paso a los debates públicos, pues de nada sirven ya las pachangas personales subsidiadas con recursos públicos.
No hay duda que nuestro estado registra un enorme rezago con respecto a los demás, los distintos indicadores dan pie a tales afirmaciones que uno como ciudadano tlaxcalteca da fe irrefutable. En un tour por los distintos municipios se puede constatar ese abandono y descoordinación entre los alcaldes y el gobernador. En muchos casos pareciera que el tiempo está haciendo un prolongado STOP, situación que por desgracia hace notar, desde hace 4 años, la inexistencia de un proyecto de gobierno ciudadano.
El informe resultó ser una versión “igualita” a las que año con año se pregonan y hacen alusión a los avances en materia: educativa, de empleo, crecimiento, desarrollo, bienestar, superación de la pobreza, de poner a Tlaxcala en el concierto nacional e internacional, de cambio, de vivir mejor, de mover a México, de salud, de alimentación, vivienda, seguridad, ambiente sano, de justicia social y así hasta el infinito y más allá. La realidad es proporcionalmente inversa a lo declarado por el Ejecutivo local.
Hay tenemos el más reciente trinquete de las nuevas placas para circulación de los automotores, producto de un negocio prefabricado a ojos vistos y ante lo cual no hay explicación oficial convincente. Los argumentos oficiales se diluyen ante el incumplimiento del respeto a la división de poderes, tomando en consideración que antes de aprobarse, por el Congreso local, la Ley de Ingresos ya se tenían apiladas las placas. La población requiere conocer la ruta del procedimiento de licitación, de lo contrario se corroboraría que el gobierno del estado de Tlaxcala es parte del concierto nacional de la corrupción que tanto daño ha provocado al país.
En todos los sectores se han detectado sucios manejos de recursos públicos, pero con una simple negación se sigue acrecentando el montículo de yerros y negativos para la administración estatal. El 7 de junio la población debe participar en la jornada electoral, priorizando los proyectos políticos que no le refrenden la patente de corso a la corrupción e impunidad.