OPINIÓN

Tamales y Políticas Públicas

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Miércoles, Febrero 3, 2016

Justo en medio de un tamal verde y uno de rajas, leía el preocupante informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por la enorme cantidad de niños pequeños que sufren sobrepeso en el mundo, sobre todo en Latinoamérica.

La obesidad de niños ha alcanzado niveles “alarmantes” pues se estima un total de 41 millones de niñas y niños con sobrepeso u obesidad, según la Comisión contra la Obesidad Infantil quien se encarga de monitorear y predecir los riesgos de los futuros adultos.

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Si esos números los trasladamos a Tlaxcala, solo como mero ejercicio proporcional, la cifra de niños gordos equivaldría a un 6.1 por ciento del total de la población, es decir más de 70 mil niños presentarían esta enfermedad que ha ido en aumento, a lo largo de los 60 municipios, fenómeno relacionado con los bajos ingresos de estos. ¿Pobres y gordos? Así es.

Es necesario, pues, después de digerir la cruda moral de los ricos (pero grasosos) tamales y atole de La Candelaria, crear conciencia que la cifra se nos ha duplicado en los últimos 15 años y que si no hacemos un compromiso en la escuela y en la casa, para hacer frente al desafío de la obesidad infantil, nuestros pequeños tendrán muchas probabilidades de seguir siendo obesos como adultos y correr el riesgo de llenar los hospitales con  enfermedades crónicas, tal como lo señala el organismo internacional, a sabiendas que la preocupación de fondo, es que la esperanza de vida de los tlaxcaltecas, en lugar de aumentarla, disminuya.

La venta de comida chatarra no sólo tendría que estar prohibida y castigada, así sea la franquicia del tal Donald Trump, allá en Chiautempan; esto sin dejar de incluir la actividad física "obligatoria" en la escuela, durante más periodos de tiempo, así como estandarizar la comida que venden en las cooperativas concesionadas al mejor postor. Usted y yo sabemos estimado lector, que el jamón de esas tortas es todo menos jamón. Mucho menos los famosos "Totis", cuyo único valor es la manera de pintar, como la mejor tinta indeleble, sus pequeñas y desnutridas bocas.

Los alimentos que no son sanos, por mucho que sean parte de nuestras tradiciones y costumbres, ya sean los tamales, el champurrado o el chileatole, deberían ser revaluados desde su contenido en grasas y energético. No es duro de entender, que la manteca de cerdo con la que son cocinados muchos de nuestros platillos típicos, no es tan amigable a la hora de medir los triglicéridos en la sangre, a sabiendas que la obesidad infantil, muchas veces, es subestimada como un verdadero problema de salud pública.

Culturalmente nos va peor, tenemos la errónea idea de que un niño con sobrepeso, es decir, gordito y chapeado, sea considerado un niño "sanote" y "fuertote".

 

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