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Miércoles, Abril 20, 2016
Compre 1000 memorias USB, 10 discos duros y 3000 teléfonos móviles, un microondas, un tarro de café, una botella de Champagne y un martillo. Contrate 8 Hackers, un vocero, un abogado, un servidor en Rusia y un montón de movilizadores.
A cada hacker haga que sustraiga, desde los ordenarles, las estrategias de campaña de sus contrincantes; después, que cada uno genere 100 cuentas fantasma y manipule las redes sociales para crear falsos sentimientos de entusiasmo o de desaprobación, según le convenga. Instale software, tipo spyware, en las sedes de campaña de sus opositores, todo con el fin de ayudar a su candidato (a) a obtener la victoria.
Genere sitios web "espejo" de los portales de noticias y de las propias campañas. Viole bases de datos de los otros, con información sobre sus votantes cautivos. Vacíe correos electrónicos, genere mensajes para desalentar afinidades. Espíe y difame en representación "del bien colectivo". Descargue servicio de mensajería en los teléfonos. Escriba mensajes positivos y negativos para los electore. Envíe correos electrónicos y mensajes de texto masivos, "negativos" para los afines, "positivos" para ese gran margen que queda de indecisos.
A la par y sin perder el tiempo, saque a su vocero a quejarse de guerra sucia; no acepte ningun señalamiento. Sea usted la víctima del sistema. Dígale a sus movilizadores que su trabajo no será hacer guerra sucia sino "campaña de contraste". Imprima propaganda negra, riegue rumores falsos en los pueblos, en fin, saque todos sus traumas y complejos en esta parte oscura de la política, que nadie confirma que existe pero que todos observan y hacen.
A otros movilizadores, vístalos de oficina de programa social y póngalos a levantar un padrón. Prométale a la gente que ahora si se les a cumplir su sueño de darles un mejor lugar para vivir. No será la primera vez que lo escuchan.
Cuando haya terminado la chamba, destruya (con el martillo) los documentos, USB, discos duros, métalos 5 minutos al mico y tírelos por el excusado, junto con servidor alquilado con la creencial de algún albañil. Ahora si háblele al abogado y dígale que le toca hacer lo suyo.
Por último, destape la botella de Champagne, festeje y escriba su historia, así como un tal Andrés Sepúlveda escribió la suya, durante ocho años en latinoamérica. Finalmente ya nos acostumbramos a esto.