OPINIÓN

Nada que festejar

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Miércoles, Marzo 9, 2016

"Su inferioridad es constitucional y radica en su sexo, herida que jamás cicatriza". El laberinto de la Soledad. Octavio Paz.

Es importante que la mujer cuide de su hogar. Las mujeres deben de ser “prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:5).

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Lo cierto es que, como especie humana, los hombres (incluidos los que transcribieron y tradujeron ese libro) les hemos quedado a deber, no obstante, ser ellas en quien se funda el origen, la evolución y el grial de todo sustento religioso y de vida en este planeta.

Pero lejos de quererlas puras, prudentes y cuidadoras de su casa, deberíamos preguntarnos lo que hemos hecho para exigirles que sean así, si desde los filósofos clásicos las consideramos un ser inferior. ¿Cómo pueden las mujeres ser responsables y honrar a un hombre que las ha dejado esperando siglos en el simple reconocimiento de sus derechos?

 ¿Por qué tendría que ser cuidadosa de su casa si el hombre llega solo a dormir? ¿Dios habría querido ese mandamiento de convivir con el hombre, por muy macho que este sea? ¿Por qué ellas mismas se auto flagelan a la hora de enseñarnos, como madres, la estúpida norma cultural de que las mujeres hacen la comida mientras nosotros nos sentamos a la mesa?

No parece haber respuestas claras a estas preguntas, pues existe un principio dominante que lo tenemos arraigado hasta los huesos y que nos hace falsear a la hora de festejarles un día y fastidiarlas el resto del año.

Que conste que esto lo pienso y escribo como mera terapia.

Tampoco creo que debamos vivir vidas intachables delante de ellas con el mundo de testigo. Quizá el pequeño secreto sea tratar de ser un poco menos negligente e irresponsable frente a nuestras acciones y obligaciones con nuestros hijos.

Para nadie es desconocido que el aumento de la inseguridad es directamente proporcional al número de hogares sin aquel calor familiar que de pronto pasó de moda. Tampoco es extraño saber que, según el INEGI, una tercera parte de los hogares en México son guiados por una mujer sola.

¿Cómo frenar los hogares con niños sin supervisión ni cuidado de ellas, sin tener que descuidar la forma de ganarse el sustento?; ¿Cómo diminuir la falta de respeto, entre ellas, los esposos y los hijos?

¿Debemos hacer responsable a las mujeres de hoy, de que sean administradoras de su casa y al mismo tiempo tengan tiempo de buscar y mantener espacios públicos? ¿O que debemos recomendarles cuando no deben descuidar la casa mientras los hombres resuelven los grandes problemas de este país en una cantina?

¿Debemos exigirles que sean ellas las únicas responsables de crear en nuestros hogares buenos ciudadanos?

¿Están las fuerzas políticas haciendo lo mejor para proveerlas de la llamada "convencionalidad de la medida afirmativa a favor de ellas"? ¿Cuántos hombres  dirigentes están dispuestos a cumplir este mandato?

Por lo pronto, antes de seguir festejando, mejor reconozcamos la deuda con ellas.

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