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"Una inclinación general de toda la humanidad, un perpetuo e incesante deseo de poder tras el poder, que cesa sólo en la muerte": Thomas Hobbes.
Las relaciones políticas en un mundo de anarquía como el nuestro, las personas buscan conquistar Estados para tratar de mantener o aumentar su poder. En momentos de elecciones, esta idea se recrudece, pues el poder no se busca como la aspiración de servir sino únicamente de gobernar.
La mayoría de los estudios sobre "el poder" se centran en el poder como un medio, como la fuerza o la capacidad de influir en el comportamiento de otros actores, de acuerdo con la propia intención de detentar "el poder por el poder". El poder actúa como una especie de droga a la que el ser humano "débil" no soporta su ausencia.
Esta influencia, ya con la gente en el poder, se focaliza en las relaciones con otros actores "empoderados", con el afán de tratar de influir, a su vez, en otros círculos de poder, perdiéndose en el precipicio de una espiral sin fondo ni sentido.
Así actúan los gobiernos y los hombres "de estado". Juguetean a influir en su propio beneficio. Las personas se reducen a bolsas de votos o coaliciones políticas. Para la mayoría, la influencia, al igual dinero, es utilizado principalmente para la consecución de otros objetivos o de su propia defensa, lo que incluye conseguir prestigio, territorio, y en el mejor de los casos, alianzas para no perderlo.
Para lograr estos fines, los actores utilizan varias técnicas de influir, que van desde la persuasión, la oferta de recompensas, las amenazas, hasta el uso de la fuerza.
También hay características que hacen sutil al poder. Hacen que su uso parta de la estratégica al arte, pasando por la ciencia. Desgraciadamente el poder desafía cualquier intento de poner los pies en la tierra y hacerse consciente de la miseria humana.
Usted, estimado lector se preguntará: ¿por qué esto es importante? Pues porque, a pesar de la complejidad, el concepto de poder sigue siendo un elemento clave para el entendimiento, la estabilidad y gobernabilidad de un Estado o una nación completa, sin caer en la tentación de inventar o maquillar cifras, para lograr el desarrollo que todo pueblo necesita.
El poder es contextual y puede evaluarse sólo en términos de relación con otros actores o Estados. Y un Estado, solo puede aparecer de gran alcance, únicamente si posee suficientes recursos y activos frente a los de otro enemigo político potencial (o al menos incómodo), en un momento tan coyuntural como lo es un proceso electoral.
La pregunta obligada para quien aspira a detener el poder es: ¿poder por qué y para qué? Porque mire que, la falacia dicha en campaña se distingue también por ser la misma falacia sobre la incapacidad de distinguir entre el poder y el significado de la capacidad de hacer algo concreto ante problemas también concretos de la gente. De las propuestas, no sé si usted ya logró descifrar alguna que no tenga que ver con las ganas de hacer algo y no de gobernar "porque ya me toca". Efectivamente, no hay una sola. Ese tipo de poder es mucho más "poderoso" pero es también el más difícil de entender.
Pero, tiene usted razón, no podemos pedirle peras al olmo.