OPINIÓN

Inconveniente clima de miedo en vísperas de la transferencia del mando político en Tlaxcala

Tiempos de Democracia

Domingo, Octubre 23, 2016

 

Una sorpresiva secuencia de hechos delictivos vino a perturbar la vida cotidiana de la familia tlaxcalteca

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 Vuelvo a Tlaxcala en las postrimerías de un periodo sexenal que va tocando a su fin. Llegué con la intención de dedicar los próximos artículos -los que escribiré antes de que dé comienzo la Feria Taurina- a reflexionar con usted, amable lector, acerca de las interesantes expectativas que se abren para la entidad en la inminencia del cambio de gobierno. Sin embargo, los eventos delictivos ocurridos las últimas semanas me llevaron a mudar de temática, obligado sobre todo por la constatación de la alarmante existencia de una especie de histeria colectiva que ha hecho presa de algunos sectores de la sociedad tlaxcalteca, acentuadamente aquellos más próximos a los lugares atacados por las bandas que actúan al margen de la ley. El punto es que aún no se determina si esa excitación nerviosa que ha permeado en el ánimo ciudadano deriva de una suma de invenciones asociadas a hechos delictivos -ciertos pero aislados-, o es atribuible a una sucesión verídica de eventos criminales que, por diversas razones, no han querido ser desvelados a la opinión pública, ni por las familias afectadas ni por las autoridades. En este tipo de cuestiones ha tenerse siempre presente que la principal razón de ser de un gobierno es salvaguardar la seguridad de sus gobernados y que, en el caso que nos ocupa, ha sido el silencio del sector oficial el que ofreció a la rumorología malintencionada el caldo de cultivo que precisa para crecer y propagarse.

Las distintas hipótesis

  Así pues, conviene a todos dilucidar si el temor esparcido en la comunidad a través de las redes sociales tiene fundamento, o si bien hemos de atribuirlo a la perversidad de una campaña cuyo objetivo es crear artificialmente una atmósfera de miedo generalizado, justamente en este delicado periodo de transición entre un gobierno y otro. Si es lo primero, es entendible que la gente esté asustada, pues el secuestro es el delito que más desazón genera en las familias. De ser ese el caso, toca a las policías preventivas estatales y municipales realizar -con eficiencia, respeto al ciudadano, y sin indebidas distracciones- las tareas de protección y vigilancia que son a su cargo. Simultáneamente, la policía ministerial dependiente de la Procuraduría de Justicia del Estado tendrá que desplegar todas sus capacidades hasta lograr la aprehensión de los secuestradores, la liberación sin daño de las víctimas, y el esclarecimiento de lo acontecido. Y si es lo segundo, es decir, si se trata de una trama urdida con fines de desestabilización social, corresponde cumplir su función investigadora a los agentes de la Secretaría de Gobierno -la policía política, en palabras llanas-, a fin de desbaratar la conjura y devolver la tranquilidad a las comunidades tlaxcaltecas que han expresado su inquietud incluso en marchas en las que demandan claridad en la información y acciones inmediatas. A la Secretaría de Gobernación de la administración federal no la cito pues, desde la óptica de su delegado en Tlaxcala, aquí no pasa nada digno de alarma. 

Desconfianza latente

 Está visto que, sin transparencia, la desconfianza en las corporaciones policíacas seguirá creciendo hasta el punto de descreer por completo en su eficiencia y hasta en su honorabilidad. Esa falta de fe en las fuerzas del orden le abre sitio -como ya se ha visto en varios poblados de la entidad- a la peligrosa tentación popular de tomar la justicia en sus manos, provocando que grupos humanos enardecidos por la indignación y el pánico se expresen y actúen con violencia irracional. Es cierto que el desbordamiento de la ira social está potenciado por las hablillas irresponsables, pero ha de reconocerse que su multiplicación se debe a la inoperancia de la policía cuando no a su abierta complicidad con bandas criminales. Orlando May Zaragoza, anterior responsable de las fuerzas de seguridad en el estado, justificó con su turbia conducta esa reserva de la gente a acercarse a la policía y a sus mandos. Recordemos que nunca acabó de precisarse su responsabilidad en los secuestros express que perpetraron efectivos a su cargo en Apizaco y Huamantla a finales del 2014 y a principios del 2015. Verdad es que aquellos sucesos culminaron con su destitución, pero también es cierto -y esto hay que subrayarlo- que no fue sujeto a proceso, dejando una sombra de duda en torno a la realidad de los hechos.   

La llegada de la Gendarmería Nacional

  Cabe desde luego preguntarse si los acontecimientos recientes de los que por lo menos hasta ahora sólo se tiene un conocimiento difuso -tres secuestros en la zona de Apizaco y sus inmediaciones- son apenas los primeros signos de un incremento repentino de las actividades delictivas, o si desde meses atrás el gobierno del estado ya disponía de datos que le hacían temer la probabilidad de ese aumento. Recordemos que apenas el pasado mes de febrero llegó a Tlaxcala una división de la Gendarmería Nacional para “…complementar las acciones estatales y nacionales de prevención del delito, así como para realizar labores de proximidad y reforzamiento de la vigilancia y seguridad carretera…”. Lo anterior lo dijo el en aquel entonces Comisionado General de la Policía Federal, Francisco Galindo Ceballos (Noticias MVS, 11/02/2016) y, al tomar posesión de las instalaciones cuartelarias construidas por el Gobierno del Estado para sus efectivos, especificó que “…no tenemos registro de un Estado que tenga problemas severos de seguridad, pero con esta misma visión es que venimos […] para que Tlaxcala no se convierta en un problema…”.   

Tlaxcala, líder en asaltos carreteros

  Mas contrariamente a lo dicho por Galindo Ceballos, Tlaxcala ¡si era -y continua siendo- un problema! Desde abril del 2015, nuestra entidad ya era líder en materia de asaltos carreteros a transportes de carga, de acuerdo a cifras proporcionadas  por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. De entonces a la fecha, y ya con la Gendarmería Nacional aquí, la situación no mejoró; antes al contrario, entre enero y agosto -conforme a su más reciente reporte-, la incidencia de ese delito empeoró dramáticamente (El Universal, 08/10/2016). Vea usted: el 91% de los ilícitos en esa materia se concentraron en cinco estados de la República, habiéndole tocado a Tlaxcala el dudoso honor de encabezar la lista con 503, superando los 314 computados en el mismo periodo del año anterior y muy por arriba de los registrados en el vecino estado de Puebla. Los datos llaman más la atención al considerar la proporción que hay entre la extrema pequeñez geográfica de Tlaxcala y la escandalosa cantidad de atracos cometidos en su territorio, proporción que, como usted entenderá, estimado lector, no es precisamente el mejor de los incentivos para estimular el crecimiento de la planta industrial del estado, la ruta más viable para dar empleo a los tlaxcaltecas desocupados o que se ganan la vida en la informalidad. Si hay, en conclusión, una situación delicada a la que se precisa dar estrecho y continuo seguimiento.

ANTENA NACIONAL

¿Candidata del EZLN en el 2018?

 La postulación independiente de una candidata indígena vendría a sumarse a la lista de aspirantes que han manifestado su intención de participar en la elección presidencial de 2018. Con su sorpresiva decisión de lanzar a la arena electoral a una mujer proveniente de los pueblos originarios del México más profundo, el subcomandante Marcos se muestra otra vez como el certero observador del acontecer nacional que siempre ha sido. Al anticipar la posibilidad de que un segmento importante del fastidiado electorado mexicano pudiera favorecer con sus votos a una figura limpia, libre de toda sospecha y ubicada clarísimamente en las antípodas de lo que el común de la gente identifica como el arquetipo del político mexicano de nuestro tiempo, el legendario líder de la insurrección chiapaneca de 1994 dispara un torpedo de precisión apuntado directamente a línea de flotación de las aspiraciones de los dos personajes -Andrés Manuel López Obrador de un lado, y Jorge Castañeda de otro- que cifran sus expectativas de llegar a Los Pinos en su radical oposición al corrupto sistema de partidos que padece el país. De concretarse la idea, y de operarse con una logística apropiada, el subcomandante Marcos volvería a ser centro de atención de la prensa mundial.

 

 

Para la primera plana

 

Conviene a todos dilucidar si los temores esparcidos en la comunidad a través de las redes sociales tiene fundamento, o si bien hemos de atribuirlo a una campaña cuyo objetivo es crear artificialmente una atmósfera de miedo generalizado, justamente en este delicado periodo de transición entre este gobierno y el que viene.

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