Descartados los titulares de Hacienda y Gobernación, el de Educación no es la opción que espera el tricolor
El presidente debe mirar hacia el resto de su gabinete y ahora también... ¡hacia el interior del propio partido!
¿Quien es el político capaz de armonizar las distintas corrientes de opinión existentes al interior del PRI?
En el estanque de Peña Nieto donde retozaban alegres sus delfines al principio del sexenio sólo queda el más pequeño, quizá el menos significado, pero sin duda el más querido por el presidente. Se llama Aurelio Nuño, y es el último de los tres que tenía al inicio de su mandato. Los otros, Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, llegaron al acuario del mexiquense ya criados y en edad adulta, y al aventurarse en el mar abierto de la realpolitik quedaron atrapados en sus propias redes. Hoy agonizan los dos en el fondo de la pecera priísta. El sobreviviente, empero, no ha crecido lo suficiente, pese a los cuidados que le prodigó su criador. El joven Nuño ha demostrado carecer del empaque y la estatura que se requiere para solventar los asuntos vinculados a la educación que son a su cargo y, además, tampoco tiene con qué hacer frente a los avezados tiburones que le esperan para librar con él y con el presidente la pelea sucesoria. El primer episodio de dicha confrontación tendrá como escenario la asamblea a celebrarse en el próximo agosto, justo dentro de un mes exacto, y cabe señalar que los consejeros políticos que ahí se reunirán tienen facultades para modificar -si consiguen ser mayoría- los requisitos que debe cumplir quien sea el elegido para representar al tricolor en la contienda del 2018.
Nuño no encaja
Conforme los días pasan se hace evidente que, si Peña Nieto no atina a consensar con los pesos pesados del priísmo el nombre del candidato a la presidencia de la República, pondría al partido al borde de una rebelión generalizada y, probablemente, hasta de una escisión tan grave como la ocurrida en 1987. Pero si a pesar de ese riesgo latente se obstina en pasar por encima de los gerifaltes del viejo PRI, tendrá que abrir los candados estatutarios que exigen al candidato haber tenido un cargo de elección popular, condición que, como se sabe, no cumple Aurelio Nuño… ni tampoco varios de los precandidatos cuyos nombres se han venido mencionando las últimas semanas. Así las cosas, el niño mimado, el niño criado políticamente en el regazo del presidente, el niño bien egresado de la Ibero, el niño de talante altivo, prepotente, clasista e intolerante, no será en modo alguno la propuesta que mejor se acomode a las expectativas de una base militante dura que quedó más que escamada con la comalada de gobernadores sinvergüenzas que le fue impuesta dizque para ser la nueva cara de un rejuvenecido PRI, moderno y actual.
Alejado de la realidad del país
Bien resguardado en la Oficina de la Presidencia de las acechanzas de la conflictividad política cotidiana del país, Nuño permaneció medio sexenio como estrecho colaborador de su jefe y tutor, al margen de los siempre riesgosos reflectores mediáticos. Irrumpió por fin en la vida pública al ser designado secretario de Educación Pública; sustituyó en el 2015 a Emilio Chuayfett y pasó así a ser titular de una cartera que antes estuvo en manos de mexicanos tan ilustres como Justo Sierra, José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet. Desconocedor del país y de sus diferencias sociales, Nuño llegó determinado a imponer los lineamientos de su Reforma Educativa de forma inmediatista, rectilínea y extremadamente simple. La elementalidad sin matices del novel secretario le hizo creer que sería fácil evaluar a los maestros de México, sin mirar su condición ni la especificidad de su medio. Su impericia política generó resistencias en el gremio magisterial que, en no pocos casos, derivó en episodios violentos que perturbaron seriamente el orden social en varios estados de la República. Nuño se vio entonces obligado a atemperar su natural e irreflexiva impronta, y no le quedó mas remedio que optar por un gradualismo adecuado, ahora sí, a las diversas realidades de cada región de México. Esa decisión le supuso diferir su utópica meta de concretar en el corto plazo una parte sustantiva de los objetivos de la reforma, lo que acabó de devaluar sus de por sí débiles aspiraciones de ser el candidato del PRI en el 2018.
Pura fachada
En su actual faceta de amable conciliador, la personalidad plana de Aurelio Nuño no emociona ni a los escolapios a los que se dirige, pese a que de continuo se deja ver en la proximidad de niños y maestras de dulce y reposado talante, y en el marco reluciente de escuelas recién reconstruidas. Es de señalarse, empero, que aún no ha hecho acto de presencia en las paupérrimas aulas de la serranía poblana, o en las de la montaña de Guerrero, o en las de las cañadas chiapanecas, o en las de cualquiera de los más de medio millar de municipios del estado de Oaxaca que siguen desasistidos por el gobierno de la República y por su secretario de Educación Pública. De ir a visitarlas sería recibido con los rayos y truenos propios de las tempestades que provocaron aquellos vientos que sembró al inicio de su gestión. Por eso no va.
Ni con la lámpara de Diógenes…
Creo que Peña Nieto tendrá que mirar hacia otros integrantes de su gabinete -o hasta quizá del propio partido- a fin de dar con una personalidad capaz de armonizar los intereses de un priísmo en estado de tensión que podría desbalagarse si su devaluado líder nacional no acierta a entender las circunstancias imperantes, tanto las suyas propias como las del instituto político que encabeza. De momento en lo que tiene que poner su entendimiento y atención no es en quien puede ganar la elección constitucional, sino en quien podrá salir indemne del proceloso proceso interno que se está viviendo ya en los laberínticos pasillos de las oficinas del PRI. En ese ambiente de incertidumbre y de evidentes disensos se precisará de gran sensibilidad política para evitar que la más delicada decisión de su sexenio no sea la causa del desdibujamiento definitivo del partido que, con todo y sus múltiples malformaciones y defectos, a final de cuentas ha sido el responsable de la construcción del México contemporáneo en el que hemos vivido a lo largo de casi un siglo.
ANTENA NACIONAL
Cinismo sublimado
Veintinueve años después del atraco perpetrado contra el voto popular en la elección presidencial de 1988, su autor material viene ahora cínicamente a negar haber sido el operador de la delincuencial maniobra. Manuel Bartlett era, recordémoslo, el secretario de Gobernación del presidente Miguel de la Madrid, y tenía bajo su custodia en Bucareli las computadoras en las que se descargó la información proveniente de las casillas electorales instaladas a lo largo y ancho del territorio nacional. Quien por su hazaña luego fuera premiado con la gubernatura de Puebla, hoy se dice ajeno a la célebre “caída del sistema”. Miente el actual senador de la República por el PT -vueltas que da la vida-, y trata de desviar la atención sobre el histórico fraude hacia quienes en efecto fueron sus ulteriores beneficiarios: los panistas, con Diego Fernández de Cevallos a la cabeza, que fue quien pactó con Salinas la quema de las boletas electorales que permanecían -resguardadas por el Ejército- en las bóvedas de la Cámara de Diputados. Desaparecían así -en hipócrita contubernio- las pruebas documentales del despojo. Paradoja todavía mas difícil de explicar es que Bartlett y Cárdenas -defraudador y defraudado- sean capaces de marchar del brazo en ocasión de mítines partidistas.
ANTENA ESTATAL -1-
Una sugerencia más
Existe otra opción sin duda útil para ganar la voluntad de esos grupos de ciudadanos escépticos poco inclinados a entusiasmarse y a tomar en serio las palabras de este y de cualquier gobierno. Hablo de una iniciativa que, al igual que la de la eliminación del fuero constitucional, no supone ninguna carga para el exiguo presupuesto del estado. Para su concreción, amigo lector, sólo se precisa de voluntad política y de una elemental congruencia con las premisas sobre las que descansan las tesis fundamentales del actual gobierno. Hablo de una propuesta de ley para que se incluya al peculado en la lista de delitos graves que contempla el Código Penal del estado. Y es que, sustraer recursos del erario -en palabras llanas: robarse los dineros del pueblo- no es delito que se castigue con cárcel. Tan sencillo como eso.
ANTENA ESTATAL -2-
Aportación invaluable
¡Que maravillosa eclosión de talento y energía femenina presenciamos en la reunión de Nosotrxs del pasado viernes! El movimiento ciudadano fundado por Mauricio Merino acelera su paso en la entidad gracias a esa inyección de vitalidad que vinieron a darle veinticinco notables mujeres tlaxcaltecas. Enhorabuena… y sean todas muy bienvenidas.
Para la Primera Plana
Si Peña Nieto no atina a consensar con los pesos pesados del priísmo nacional el nombre del candidato a la presidencia de la República, pondría al partido al borde de una rebelión generalizada y, probablemente, hasta de una escisión tan grave como la ocurrida en 1987.