.
Si hay algo que incomoda a las y los políticos son las encuestas cuando los resultados no les favorecen. En el caso de Tlaxcala estamos observando un fenómeno poco común: no es una sola empresa la que coloca a Ana Lilia Rivera en la delantera rumbo a las elecciones de 2027. Son varias las que han presentado resultados distintos en fechas distintas, pero con una coincidencia central: la senadora aparece de manera constante como el perfil con mayor respaldo ciudadano dentro de Morena.
Ahí están los resultados de Enkoll, CRS, SRC, Rubrum, Massive Caller, Demotáctica Global, MetricsMx, Votomx y otras firmas. No son encuestas aisladas; la tendencia se repite una y otra vez. Sin embargo, desde hace meses algunos grupos han intentado construir la percepción de que la sucesión de 2027 está resuelta a favor del alcalde de Tlaxcala Alfonso Sánchez García.
Han apostado por el posicionamiento anticipado de su figura, por campañas permanentes de promoción y por ejercicios demoscópicos que con frecuencia parecen diseñados más para generar titulares favorables que para reflejar con precisión el sentir ciudadano. No es un secreto para nadie que, incluso, se ha acusado la utilización de estructuras gubernamentales para impulsar su proyecto político. Y tampoco es un secreto que han aparecido encuestas tan convenientes como efímeras, difundidas con entusiasmo cuando le benefician al edil capitalino y son olvidadas pocos días después.
Eso pasa porque hay una diferencia importante entre fabricar percepción y construir liderazgo. La percepción puede comprarse. El liderazgo se gana. Ahí se encuentra una de las claves para entender lo que hoy reflejan las encuestas serias.
Mientras el alcalde se esfuerza en promover una continuidad administrativa, Ana Lilia Rivera ha construido durante años una presencia política propia. Lo ha hecho recorriendo comunidades, manteniendo contacto con sectores sociales y desarrollando una trayectoria legislativa que hoy es ampliamente reconocida.
Sin embargo, el debate de fondo no debería centrarse únicamente en quién encabeza las preferencias, sino en qué quieren las y los tlaxcaltecas para los próximos años. Para ello, basta escuchar las conversaciones cotidianas en las comunidades, en los mercados o en las plazas públicas para advertir que existe una creciente demanda de mejores resultados, mayor cercanía y nuevas formas de gobernar.
Esa demanda de renovación aparece en las encuestas y cada vez con mayor claridad. Por eso resulta un error desestimar los estudios demoscópicos serios únicamente porque sus resultados no coinciden con la narrativa impulsada desde distintos espacios de poder y por quienes buscan anticipar la definición de la sucesión.
Es cierto, las encuestas no votan ni definen candidaturas, pero sí permiten asomarse al estado de ánimo de la sociedad, y hoy ese estado de ánimo parece estar enviando un mensaje: los ciudadanos distinguen cada vez mejor entre quienes buscan administrar la continuidad de un grupo y quienes representan la posibilidad de abrir una nueva etapa para Tlaxcala.
Falta un año para la elección de 2027, pero si algo están mostrando las encuestas serias es que la discusión sucesoria ya dejó de ser un asunto de élites políticas y ahora es la ciudadanía la que está empezando a marcar el camino.