OPINIÓN

Arnoldo Martinez Verdugo

.

Martes, Mayo 28, 2013

Arnoldo, líder histórico del Partido Comunista Mexicano, siendo Secretario General del partido le tocaron momentos difíciles: las secuelas de los movimientos magisterial y ferrocarrilero de fines de los 50, la guerrilla de los 60 y 70, los movimientos agrarios (como el de Tlaxcala), el de los médicos, los movimiento estudiantiles del 68 y 71, así como innumerables movimientos sociales y obreros. Todo ello en medio de una política hostil hacia los comunistas, por ser precisamente eso, revolucionarios convencidos de cambiar nuestro país, hacerlo mas justo e igualitario.

Le tocó vivir, como a muchos, periodos de clandestinaje y de simiclandestinaje, de manejar no solo una línea congruente política e ideológicamente, sino de defensa y protección de una militancia convencida de su posición revolucionaria con un partido, sin aspiraciones o intereses personales mezquinos. Supo defender hasta donde fue posible a compañeros presos o perseguidos por un régimen autoritario y represor. Muchos de nosotros le estaremos por siempre agradecidos por esa defensa a ultranza.

Más artículos del autor

Con la muerte de Arnoldo, último Secretario General del Partido, renace el espíritu de lucha por rescatar, primero, a una izquierda perdida en el pragmatismo y la mezquindad y, segundo, por generar condiciones para una nueva y difícil unidad de la izquierda.

Darle nuevamente razón ideológica a la izquierda, es la mejor forma de homenajear a quienes, como Arnoldo, dieron su vida por un ideal, sin beneficios personales, antes bien, con muchos sacrificios. Hoy la izquierda está inmersa en un marasmo de intereses de grupo, personales, sin una claridad ideológica capaz de aglutinar a buena parte de la sociedad que busca un cambio o, al menos, un  mejoramiento en sus vidas.

Arnoldo, convencido del cambio a través de las urnas, dirigió al Partido hacia una transición de la agitación y el radicalismo, al juego electoral y a propiciar las bases para la transición del autoritarismo a la democracia (a secas) que hoy tenemos. Siendo el Partido Comunista Mexicano parte fundamental de la reforma política de 1977, en su dirección estuvo la alta responsabilidad de conducir a los comunistas y a sectores importantes de la sociedad a asumir el método electoral para la transformación. Difícil decisión luego del aplastamiento de las experiencias democráticas latinoamericanas, sobre todo la de 1973 en Chile o la de Argentina en el 76.

La congruencia ideológica y política es lo que ha caracterizado a comunistas como Arnoldo. Una generación que se va extinguiendo, pero con un legado que las nuevas generaciones, estoy seguro, van asimilando y retomando. La idea comunista estará presente mientras en nuestro país exista desigualdad y pobreza, mientras exista inseguridad y desempleo, mientras haya pobres y ricos, mientras haya explotación al trabajador, mientras haya gobiernos corruptos y autoritarios.

La evolución en el pensamiento de los comunistas, de una ideología ortodoxta a una posición más reformista, propició la unidad de buena parte de la izquierda. En 1981 con el Partido Socialista Unificado de México, en 1987 con el Partido Mexicano Socialista y en 1989 con el Partido de la Revolución Democrática.

Desde luego que cada etapa tuvo sus propias características y condicionantes, así como sus propias problemáticas, pero la línea común fue lograr la mayor unidad posible de una izquierda identificada ideológicamente. La simbología, incluso, tuvo sus cambios: primero, cambiar el término Comunista a Socialista, después, decirle adiós a la Hoz y el Martillo, símbolo revolucionario de la unidad obrero-campesina para, finalmente, dejar de ser La Internacional el himno del partido.

Si algo hay que reclamar a los comunistas que nos mantenemos hoy en el PRD, es la “ingenuidad” con que muchos fuimos a la unidad abandonando nuestro carácter organizado como comunistas. Para llegar al PRD, que por cierto su registro como partido es el mismo que el del Partido Comunista, fue condición disolvernos como Partido, como grupo organizado de comunistas, pensando que los demás afluentes harían lo mismo. El resultado está a la vista. El PRD y buena parte de la izquierda, se convirtió en un partido de grupos de interés, incluso de personalidades, donde cada quien busca posicionarse aun con menoscabo de los intereses generales partidarios.

Hoy muchos de los cuadros políticos importantes de la izquierda no están en el PRD. Pero otros tantos se mantienen. Arnoldo fue uno de ellos. Quizá sea la nostalgia, quizá sea la esperanza de un renacer de la convicción ideológica y política, quizá solo sea la congruencia partidaria personal, lo que hace que comunistas y socialistas aún estén en el PRD. El tiempo lo dirá, porque ya no es posible asumir Pactos sin discusión alguna, o tener candidatos solo por intereses personales, o como en Tlaxcala, tener diputados votando con el PRI o con el PAN o dejándose arropar por el gobierno en turno, o tener diputados y presidentes municipales sin vinculación partidaria.

Hombres como Arnoldo mantienen la posibilidad de un cambio social, quizá no radical, pues para eso las experiencias de las transiciones partidarias y del país son elocuentes y demuestran que la línea fue la correcta, lo que no ha sido correcto es la conducción final, partidaria. Aquí también se puede vislumbrar un cambio. El escenario será distinto para el 2014 y también distinto para el 2015.

Los que conocimos a Arnoldo, en su sencillez, con su honestidad, con su congruencia y análisis político, nos sentimos honrados en su enseñanza práctica. La única limitante de un comunista para seguir en la lucha por el cambio social, es la muerte. A Arnoldo le ha llegado, pero al mismo tiempo, se aviva la idea de seguir por el mismo camino.

Hasta pronto, Arnoldo.

MAYO, 27, 2013.

Vistas: 1410
AL MOMENTO

Blogs