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Al parecer en el hermano estado de Nuevo León se dará la principal sorpresa electoral del presente proceso, el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, ranchero de 57 años de edad y ex alcalde de García se está enfilando a obtener un singular triunfo el próximo 7 de junio. Así la gubernatura de tan emblemático estado sería dirigida por un personaje producto de la nueva reforma electoral que contempla las candidaturas independientes, aunque “El Bronco” fue curtido en el sistema de partidos políticos. Sin embargo, es claro el fenómeno recurrente en todas las organizaciones partidistas de no proyectar, en ocasiones, a los mejores cuadros y se van por las o los más zalameros y es ahí donde las oportunidades de progresar colectivamente se ven truncadas, dando paso al túnel oscuro de 3 o 6 años de opaca existencia.
La exagerada corrupción practicada en Nuevo León por el gobernador priista en turno, Rodrigo Medina de la Cruz, ha sido plasmada en múltiples acusaciones públicas de enriquecimiento ilícito y corrupción. En fechas recientes se evidenció que el titular del Poder Ejecutivo local compró una casa cuyo valor supera la suma de sus ingresos. Se estima que el gobernador y su familia han acumulado bienes inmuebles que superan los 500 millones de pesos, fortuna por obvias razones obtenida al amparo del poder político.
Nuestro país se encuentra infestado de corrupción e impunidad, todos los caminos conducen a ese mal endémico padecido por décadas y décadas llegando, en la actualidad, al amargo desenlace de convivir a plenitud y a todo color. No faltan los audios o escenas que desbarrancan las poses en púbico de aquellas o aquellos maniquíes de la actividad política, por supuesto que también hay, en todos los partidos, mujeres y hombres de reconocida honorabilidad.
Por si faltara algo, el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, fue pillado en una conversación que delató su alter ego racista y aniquiló por completo esa trayectoria impoluta de la cual gozaba. Todas y todos tenemos el inobjetable derecho de expresarnos como mejor nos acomode, pero en el caso de abordar temas oficiales la conducta y respeto a las instituciones no tiene vuelta de hoja. El “amable” diálogo del consejero presidente del INE, cuyas expresiones aquí reproducimos merecen la reprobación unánime y la remoción del cargo una vez celebrada la jornada del 7 de junio: “A ver güey, Edmundo…te voy a decir cómo hablaba ese cabrón. Me decía: yo, gran jefe nación chichimeca, vengo Guanajuato a decir a ti o diputados, yo no permitir tus elecciones…no sé si hable así el cabrón pero, no mames, vio mucho Llanero Solitario con eso de Toro”. De qué sirven los estudios en reconocidas instituciones académicas, de esos postgrados en el extranjero si pareciera que el Doctor Lorenzo Córdova fue educado en la bragueta de un trailero (también hay traileros con excelente educación).
La contraparte del tema el comento tiene su nidito en el gobierno federal, nada raro es que dicha grabación se encontraba durmiendo un poquito y debía cumplir su objetivo en el momento preciso. Su despertar coincidió con la sesión en pleno del INE en la que se discutiría el retiro del registro del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), claro fue el mensaje con tufo de amedrentamiento dirigido a todos los consejeros integrantes del INE: “Calladitos se ven más bonitos”.
A escasos 15 días de que se celebre la jornada electoral el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encuentra en el ojo de huracán por la desesperante operación política para que, utilizando los programas sociales, incline la preferencia haciendo uso y abuso de la pobreza existente en los hogares. Nada casual es la distribución de los televisores y así cooptar la intención del voto familiar, aunque después esas pantallas tengan una duración de vida perentoria o en breve tiempo su confinamiento final sea la basura.
La recomendación enfática es la de salir a votar, llevar a los familiares y amigos a las urnas y con ello evitar se instalen, en la Cámara de diputados federal, marionetas que describan movimientos apegados a los intereses cupulares y abandonen nuevamente las falsas promesas externadas durante el período de las campañas políticas.