.
Miércoles, Febrero 24, 2016
Dicen que lo contrario a una explosión es la implosión, que lo contrario al sub desarrollo es el desarrollo, y también, que lo que no te mata te fortalece. Por supuesto que no me refiero al Chinconcuya ni a la nueva cepa disfrazada de gripe.
Recientemente se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que viene a transformar la estructura jurídica y política de la capital de nuestro país, la nueva entidad llamada Ciudad de México.
Y lo que voy a decir resultara una blasfemia pero bien valdría la pena pensar todo lo contrario y hacer un pequeño ejercicio, al menos mental, de que Tlaxcala, dejará de ser Estado de la República y nos pudieran catafixiar el mote de Distrito Federal. Que conste que es una simple hipótesis.
Me explico: si a la Cuna de la nación, como bien apuntan los letreros de entrada a nuestro territorio, se le dotara de autonomía constitucional para dejar de ser considerada la última entidad federativa del sistema federal, al menos tendríamos garantizado más presupuesto federal que al que nos han acostumbrado.
Si en Tlaxcala se erigiera un gran congreso constituyente, a la inversa de lo que sucede en la Ciudad de México, seguro estoy, que dicha asamblea no sería tan severamente criticada por hacer del sistema político electoral un verdadero trapeador de excusados, tal como lo dejó nuestro honorable Congreso local.
Si los tlaxcaltecas tuvieran a bien elegir a un Jefe de Gobierno, seguramente tendría que comparecer permanentemente ante una asamblea de representantes, electos a su vez, en distritos menos enredados que los nuestros.
Si los tlaxcaltecas tuvieran que cambiar los ayuntamientos por jefes delegacionales, al menos deliberarían mediante procedimientos más o menos democráticos y de participación ciudadana, cada decisión de impacto local y, bajo esa misma lógica sus intereses partidistas estarían supeditados a organizaciones de la sociedad civil, que de vez en cuando se plantarían desnudos en las plazas públicas para denunciar sus necesidades.
Si nos sujetamos a esa misma lógica, pero inversa, comenzaríamos a ver reformas claras sobre el embarazo no deseado, sobre bodas sin importar el sexo, e incluso tendríamos noción de una verdadera asamblea prevista, con verdadera fuerza, poder o autoridad política para crear, garantizar la vigencia del régimen político, económico y social que no lo vemos ni a la vuelta de la esquina.
La teoría constitucional nos lleva a concluir que esto que les planteo es una vacilada pero también la autonomía constitucional dice que el pueblo mexicano debe constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos... Usted y yo sabemos que nada de eso es cierto.
Lo que sí es cierto es que la Constitución de la Ciudad de México será redactada por actores ajenos a la misma, que sus habitantes tampoco ejercerán la autonomía constitucional mencionada y que la Ciudad de México no será, en sentido estricto, un estado más de la unión. La Ciudad de México contará con una Carta Magna, pero no emanada autónomamente ni mediante un poder constituyente democrático.
La mentada reforma política, lejos de aligerar la carga como lo proponía el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, vendrá a complicar más el escenario al establecer en la Constitución federal que la Ciudad de México es una entidad federativa (artículo 122) y, a su vez, que NO es un estado miembro de la unión (artículo 44). A esta contradicción solo podemos dar la siguiente explicación: el desconocimiento de nuestros legisladores sobre la teoría constitucional relativa al sistema federal.
¿Es entonces a Tlaxcala le conviene ser un Estado, una entidad federativa o un Distrito Federal? La respuesta a dicha interrogante no puede ser encontrada en ninguna Constitución, sino más bien en la teoría del patito feo.
Así, debido a la interferencia de poderes constituidos, durante varios siglos nos han mantenido ahí, alejados del desarrollo y de la mano de dios. Ya ni se diga de la bendición del Papa. El único consuelo que nos queda es que muy pronto seremos escenario de una locación donde se grabará una película que hablará de la gran aportación que hacen los padrotes de Tenancingo.