.
Quiero expresar mi sincero agradecimiento al periódico digital E-Consulta, así como a su equipo directivo, por abrirme las puertas de este importante espacio de opinión.
En tiempos donde la conversación pública necesita más reflexión y menos ruido, valoro profundamente la oportunidad de compartir ideas, preguntas y observaciones sobre aquello que, de una u otra manera, forma parte de nuestra vida cotidiana.
Agradezco la confianza depositada en este proyecto que hoy comienza con entusiasmo, pero también con una enorme responsabilidad: la de escribir con honestidad, con respeto hacia quienes leen y, sobre todo, con la convicción de que las palabras siguen siendo una de las herramientas más poderosas para pensar el presente.
Este espacio buscará algo simple, aunque no siempre sencillo: observar juntos la realidad, cuestionar aquello que damos por hecho y, quizá, encontrar nuevas maneras de entender el mundo que compartimos.
Gracias a E-Consulta por creer en el valor de las ideas y por permitir que esta nueva voz encuentre un lugar para dialogar con sus lectores.
Nos estaremos leyendo.
*— Elena Vela*
_____________________________________________________________
Elena Vela
Últimamente he notado algo curioso.
Nunca en la historia habíamos estado tan conectados.
Y nunca habíamos parecido tan desesperados por demostrar que existimos.
Es extraño.
Hoy una persona puede desayunar sin hambre, viajar sin disfrutar el paisaje o asistir a una reunión sin escuchar una sola palabra… pero difícilmente dejará pasar la oportunidad de tomar una fotografía para que otros sepan que estuvo ahí.
No sé exactamente en qué momento empezamos a vivir menos preocupados por sentir las cosas… y más interesados en comprobar públicamente que las sentimos.
Tal vez siempre fuimos así.
Quizá solo nos faltaba una pantalla y suficiente señal de internet para hacerlo evidente.
Lo más curioso no es eso.
Lo verdaderamente fascinante es nuestra necesidad casi desesperada de aprobación.
Subimos una foto.
Esperamos reacciones.
Publicamos una opinión.
Esperamos aprobación.
Compartimos un logro.
Esperamos reconocimiento.
Y si nadie responde, algo dentro de nosotros empieza a sospechar que quizá aquello no era tan importante como pensábamos.
Extraña forma de medir la existencia.
Imagínalo.
Miles de años de evolución humana para terminar permitiendo que nuestra estabilidad emocional dependa de personas que ni siquiera conocemos… y que probablemente están opinando mientras hacen fila por unos tacos.
Admirable progreso.
A veces me pregunto si realmente buscamos ser felices.
O si poco a poco hemos empezado a conformarnos con parecer felices frente a otros.
Que no es lo mismo.
Pero nos hemos vuelto expertos en confundir ambas cosas.
Supongo que por eso nos cuesta tanto estar solos.
Porque el silencio tiene una costumbre incómoda.
Nos obliga a escuchar pensamientos que normalmente logramos esconder entre notificaciones.
En fin.
Quizá exagero.
Aunque siendo honestos…
si una aplicación deja de funcionar por diez minutos y eso basta para arruinarte el día…
tal vez no eres tú quien está usando la tecnología.
Tal vez hace tiempo que la tecnología empezó a usarte a ti.
Curiosa época la nuestra.
Tenemos acceso a más información que cualquier generación anterior.
Y aun así seguimos creyendo que leer únicamente el encabezado de una publicación es suficiente para entender el mundo.
Francamente…
somos una especie verdaderamente optimista.
— Elena Vela