OPINIÓN

Out al IET

Estamos en la última etapa del proceso electoral vivido a plenitud en nuestra querida entidad federativa...

Domingo, Julio 28, 2013

Estamos en la última etapa del proceso electoral vivido a plenitud en nuestra querida entidad federativa y las voces que cuestionan el actuar del máximo órgano electoral local no han dejado de sumar y multiplicar, desde su integración hubo serios señalamientos de su conformación organizativa.

No obstante que el Instituto Electoral de Tlaxcala se convirtió en la distribución de cuotas facciosas, también es digno reconocer la presencia de profesionales comprometidos con su vocación democrática e imparcialidad en el seno de tal Consejo.

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Las distintas fuerzas políticas, con representación estatal, no han dejado de expresar sistemáticamente los yerros cometidos de forma y fondo por la presidenta de tal colegiado. Desde lo logístico hasta lo sutil de la ley, dentro del caos, ha sido el sello característico de la actuación del IET, pifia tras pifia han demostrado en los hechos un órgano electoral apegado al oscurantismo de la ilegalidad  y el manoseo de intereses ajenos al del bien común.

Escenas que eran tradicionales en las elecciones de los años 40´s del siglo pasado fueron reencarnadas, a plena luz del día se dejaron ver mecanismos de cooptación de votos con las tarjetas telefónicas adheridas con sendos billetes de moneda en curso legal; promesas de trabajo dentro del aparato gubernamental; desvío de recursos del Poder Legislativo; despensas; tortuosidad para autorizar debates públicos; amenazas de despido de trabajo si no se cumplía con la cuota de votantes;  materiales de construcción; uso de los padrones de beneficiarios de programas sociales; tamaladas muy generosas "el día D" y un sinnúmero de actos inequitativos y consentidos por el "juez electoral".

La jornada electoral se convirtió en una verdadera fiesta organizada al momento, es decir, todo a la hora para impedir la presencia de representantes de casilla o la desautorización para que asumieran el papel legal por el cual, con tiempo, habían sido acreditados. La instalación de las casillas fueron totalmente "remisas", pues se constituyeron fuera de tiempo y en el transcurso comicial las "quejas" no dejaron tiempos de descanso.

Hubo la "inexplicable" pérdida de boletas a priori y la autoridad "bien gracias", el software para conocer los resultados el mismo día fue "saboteado"; las urnas sufrieron inseminaciones artificiales; los plagios de urnas también fueron denunciados y, por si algo faltara, la procuradora del estado tuvo que acudir a "negociar" la liberación de las mismas, con una clara y nítida sospecha de "modificación de resultados".

Todavía faltan algunos capítulos para cerrar el proceso 2013, el saldo final parece tendrá todavía su incremento en puntos negativos. Un servidor es parte de las voces que apelan al criterio de desaparecer los órganos electorales estatales y trasladar esas facultades al Instituto Federal Electoral (IFE), las razones son por demás justificables, entre ellas: el apetito voraz del gobernador por tener el control político de dicha institución; el reparto de acciones entre los diputados locales deseosos de darles "chamba" a familiares  o amigos susceptibles de manipuleo; estructura orgánica con amplios períodos "sabáticos" que representan daño al erario público y sin "provecho alguno".

El tener una institución electoral nacional es más que defendible, amén de que los últimos estados financieros del Instituto Federal Electoral (IFE) dan cuenta de subejercicios, lo que evidencia la sostenibilidad presupuestal y organizativa. Habría una mayor vigilancia de todas las fuerzas políticas con presencia nacional y locales, la misma instancia nacional sería objeto de concretar pesos y contrapesos reales.

Los institutos electorales estatales fueron concebidos con una perspectiva legal y legítima, pero la contaminación se apoderó de ellos y han dejado de ser autoridades "dignas de fiar". La última edición de la fiesta electoral federal dejó muchas interrogantes y los procesos electorales locales todavía más, de ahí se desprende la urgencia de implementar una Reforma Política de última generación a nivel federal.

 

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