OPINIÓN

El desbarajuste en el municipio de Tlaxcala

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Martes, Octubre 15, 2013

El artículo 115 constitucional es un amplio compendio de doctrina político-administrativa destinado a la llamada célula básica del régimen político mexicano. En la realidad resulta ser la instancia pública más cercana al sentir social, pero también es, en una mayoría considerable, la más vilipendiada por seres humanos que se deslumbran por los recursos materiales, humanos y económicos que tiene bajo su tutela la autoridad edilicia.

En estos momentos el país vive una angustiosa situación social, económica y política, agregando el infortunio del castigo natural materializado por los fenómenos climáticos de Manuel e Ingrid. La confronta entre demócratas y republicanos, en el vecino país del  norte, también provoca replicas severas que afectan el statu quo de la población mexicana. Lo cierto es que el neo-gobierno federal perdió el control de los principales indicadores macroeconómicos que, ahora sí, se dejan sentir en el mundo microeconómico.

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Es muy triste ver que en la gran mayoría de los 60 municipios de Tlaxcala se respira abandono, escasez de infraestructura básica, tristeza e insatisfacción social. Recorres las calles, en vehículo o a calcetín, y el escenario configurado es lúgubre y desolador. En algunos lugares semáforos inservibles, camellones llenos de vegetación innecesaria, los pocos espacios deportivos convertidos en auténticas musas des-inspiradoras para ejercitar los músculos, luminarias por debajo del 50 por ciento, las variables de la delincuencia en aumento, baches innumerables y a punto de ser fosas, la basura es ya parte del equipamiento urbano, y ya no digamos de los programas sociales tan inequitativos.

El municipio de Tlaxcala capital es una muestra fiel y palpable de lo que es desarticulación, desconexión, incomunicación, teléfono descompuesto entre los tres niveles de gobierno. Además de un Congreso Local complaciente con “delincuentes de cuello blanco” -llámese presidente municipal y regidores- que sin el menor rubor se adhieren al hedor del dinero cómplice de los malos manejos públicos y al auto-montaje de los escenarios efímeros.

Un presidente municipal cuyo vocabulario coincide, en forma y fondo, con el de un carcelero, y ni así porque ahora con la injerencia de los derechos humanos hay señalamientos para rectificar expresiones de denuesto.

Las filtraciones de datos consignados en las cuentas públicas 2011 y 2012, desnudan el alto grado de corrupción acumulado en casi tres años de gestión municipal. Eso sí, el manejo de los recursos públicos de la comuna capitalina se han convertido en un verdadero “inodoro”, sin la menor asepsia axiológica.  

En promedio y redondeando, el clamor popular que la administración municipal concentra es proclive al deslinde de responsabilidades y a los procesos sancionadores a los que haya lugar. No se puede permitir que el manejo de los recursos públicos opere en términos de empresa familiar.

 

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