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Muchas y muchos se preguntaran qué es el Krokodil, pues se trata de una nueva droga llamada de los “zombies” proveniente de Rusia y Países Bajos pero que, por desgracia, ya tiene presencia en los Estados Unidos de Norte América y, para mayor pena, en nuestro país. Es una sustancia maligna que carcome la piel y en poco tiempo fallece la persona que la consume.
La metáfora que me permito hacer comparativamente con el gobierno del estado de Tlaxcala es por la misma circunstancia, es decir, con la elección extraordinaria celebrada este fin de semana se pudo constatar que la estructura de gobierno se encuentra carcomida por el virus de la ineptitud, soberbia, inacción, demagogia, opacidad, por mencionar algunos de los efectos provocados.
Formulando una retrospectiva podemos advertir que lo consumado este fin de semana coincide con todos los puntos de vista negativos, por propios y extraños, de la mala administración ejercida durante tres años. Un gobierno estatal que, para desgracia de la tierra en la que vivimos, es una auténtica réplica de esos mandatos caciquiles, sin visión ni mucho menos interés por hacer florecer una de las culturas milenarias. Un gobierno desarticulado, con un perfil curricular de medio a mediocre y no tanto porque se quieran a puros posgraduados en los distintos cargos públicos, sino porque, en suma, se trata de tomar al gobierno como una “forma de vida” y no de impulsar una mejoría en la vida del colectivo social.
Tlaxcala es gobernado por una persona que no muestra en los hechos la experiencia que el “espejismo” de sus cartas credenciales pretendió hacer creer. La mayoría de indicadores y/o variables ubican a Tlaxcala en el limbo, debajo de la alfombra, arrinconado. El contraste aparece en los discursos oficialistas cuyo contenido excede la filigrana y floritura, pero la realidad supera esa ficción facciosa.
La pirámide de edades instalada en nuestro estado demanda trabajo, espacios de desarrollo personal, profesional y colectivo, pero… ¡No hay! ¡No hay! ¡No hay! ¡No hay! Lo que sí hay es el pretexto, en aras de generar fuentes de empleo, celebrar innumerables “turigober” internacionales y el saldo, concluidos tres años, suma CERO.
Un Congreso Local, a punto de expirar, fue comparsa de evidentes actos de corrupción en distintas dependencias del gobierno estatal, avalando cuentas públicas plagadas de peculados, desvío de recursos, malversación de fondos y todas las agravantes por imaginar.
La elección local ordinaria fue un auténtico nicho de inversión para colocar DINERO PÚBLICO y poder garantizar el mayor número de diputados priistas que den continuidad al Modus Operandi de los actuales.
En la elección local extraordinaria no hubo el menor respeto a ordenamientos legales existentes. El secretario de Finanzas operando sin recato, focalizando los recursos y programas a las jurisdicciones electorales propensas; el titular de Pensiones Civiles, ventaneado públicamente en su estrategia política utilizando recursos humanos, materiales y económicos; el oficial mayor sosteniendo reuniones “secretas” en el hotel Alifer con personal de distintas dependencias para pedir, a nombre de “señor gobernador”, una listita de 10 votos por cabeza.
No se diga el gobernador, celebrando actos públicos con promoción de programas estatales y federales en las regiones susceptibles de votación. Cuál “veda electoral”, por el contrario una exposición a los rayos del sol sin bloqueador, en dos palabras: Descaro Total.
Las variables que derrotaron al PRI fueron: el evidente rechazo al gobierno estatal a pesar de todos los recursos aplicados, el acarreo de votantes de las dos fuerzas políticas en pugna, la ausencia de la tercera expresión política con presencia indiscutible en la entidad.
La sucesión gubernamental en sus prolegómenos manifiesta otra alternancia, misma que será disputada entre los institutos políticos de izquierda PRD-PT-Morena-Movimiento Ciudadano versus PAN. En lo personal, considero que la opción sería la del PRD-PT-Morena-Movimiento Ciudadano. Al tiempo.