.
La semana que concluyó acumuló episodios muy simpáticos, en lo referente a los que “asegún” son “políticos” y hacen “política” en nuestra querida tierra tlaxcalteca. Escenarios de tales “epopeyas” se desarrollaron en la sede oficial del Poder Legislativo y en las instalaciones que ocupa la “maltrecha” Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del municipio de Tlaxcala capital (Capam).
Los Reyes Magos no sólo fueron benévolos con cientos y cientos de niños, también tuvieron sus gestos de cariño y simpatía para con varios miles de ciudadanas y ciudadanos al ofrendar el alumbramiento de las “nuevas” autoridades entronizadas como diputados locales y presidentes municipales.
El rictus del parto parece todavía no haber concluido, los diputados, en su mayoría, se encuentran desgarrándose las vestiduras por emancipar los agravios sociales fabricados desde ese espacio de poder político. Los congresistas, de forma sigilosa, aperturaron su juego de póker con cartas ocultas en la puja inicial, denominando a un grupo de 18 los responsables de fungir como contrapeso del bloque priista al servicio del gobernador. Así el juego entrevero póker cerrado, tapado, abierto hasta llegar al surtido y fue ahí donde algunos, nadando de a muertitos, obtuvieron carta mayor.
Finalmente las 26 comisiones existentes en el Congreso Local para su funcionamiento fueron integradas por las diversas fuerzas políticas, presidiéndolas, en su mayoría, legisladores emanados del PRI y del PRD. En lo personal creo que el grupo denominado de los “18” fue torpedeado desde su interior, no hubo cohesión suficiente y, por obvias razones, otros “negociaron” posiciones y obtuvieron mayores dividendos; el PAN externó su molestia, pero ese dolor fue producto de que no le “tocó más” en el reparto. Con el debido respeto, el PAN nadando de “a muertito” se llevó su buena Dirección Jurídica y ahí si no hubo reclamos.
Pasando al viacrucis del gobierno municipal de Tlaxcala capital, el primer balance nos hace suponer que la alternancia fue de colores partidistas, pero en los hechos no hay metamorfosis que concretice modificaciones en la forma de hacer política y administrar. Los vicios tradiciones vuelven a encontrar su caldo de cultivo, dando nombramientos a “dilectos” personajes que, en la anterior administración, consintieron en pensamiento y acción el saqueó a las arcas municipales. Con que “calidad moral” pueden las “nuevas” autoridades desplegar un discurso que involucre los grandes pendientes como: Rendición de Cuentas, Transparencia, Honestidad, entre otros tantos valores ausentes en los titulares responsables de conducir administraciones públicas.
El episodio más reciente es el protagonizado por el “exdirector” de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado Municipal (Capam) versus el “director” entrante, un verdadero galimatías en darle paternidad oficial al titular de tal organismo. El tiempo nos hace ser testigo de la pugna bifurcada, por sus acciones, de “pandillas” ansiosas de controlar o no dejar una institución receptora permanente de recursos económicos, pero tanto uno como otro muestran poco interés en el Beneficio Colectivo.
El presidente municipal, desconocedor de la Ley, intentó imponer su voluntad sin tomar parecer al Consejo de Administración –legalmente constituido- para hacer el relevo institucional correspondiente. El otro personaje, acostumbrado a la irracionalidad, ahora sí observó el marco legal y se atrincheró en las instalaciones en compañía de otros “porros” con el mismo ADN de la administración municipal pasada. Ahora ya se entrampó el caso, pues es atribución de la autoridad judicial determinar quién posee la razón jurídica.
Invadidos por el triunfalismo coyuntural, la administración de nuevo cuño está cayendo en el abismo del precoz autoritarismo y la sinrazón.