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Al parecer los recintos legislativos, tanto a nivel nacional como local, se han convertido en centros de divertimento en todas sus expresiones, dejando muy claro que como “casas del pueblo” puede uno ser testigo desde escenarios similares a la Plaza Garibaldi por lo del guateque que armó el senador panista Jorge Luis Preciado a su esposa; centro de reunión de los Templarios, con el propósito de sesionar en sede institucional federal; jaripeo por los caballos que fueron incursionados, hace unos años, a cargo de organizaciones campesinas; hasta lo último, ocurrido en Tlaxcala, donde algunos “hinchas” (debidamente cubiertos sus honorarios con $200 pesos por cabeza) intentaron evitar la destitución de un diputado “perredista” que presidia la Comisión de Administración, esfuerzo en vano que no tuvo el impacto deseado.
Tremendo embrollo hay en el asunto de Michoacán, donde políticos de distintos colores se encuentran inmiscuidos en el entramado que por años ha sido edificado con la delincuencia organizada. Nadie se salva, todos tienen vínculos desde familiares hasta sentimentales, los papeles protagonistas los llevan PRI, PAN y PRD.
La senadora del PRD, Iris Vianey Mendoza, ha sido señalada por uno de los principales líderes de Las Autodefensas como una figura pública con vínculos probados con la organización criminal de Los Templarios, las diferentes fotos aparecidas en las redes sociales aparentemente establecen un trato de amistad, particularmente, con la cantante llamada “La Barbie Grupera”, al grado de tomar la decisión de solicitar licencia al Senado por 30 días para ser investigada por la Procuraduría General de la República.
En las propias redes sociales se consigna una serie de aseveraciones que configuran, según los últimos eventos oficiales, la convivencia entre autoridades federales con supuestos funcionarios estatales y municipales ligados al gremio de Los Templarios. Muy lamentable resulta ver que una tierra tan memorable para la historia mexicana se encuentre infestada de arreglos criminales, que en principio fueron tolerados hasta rebasar los límites establecidos por los propios involucrados. Ante el simple pero muy crítico ojo ciudadano, resulta sospechoso que con todo el arsenal de fuerzas públicas asentadas en tierra purépecha no hayan, todavía, capturado a los barones del cártel criminal referido y, por el contrario, las escenas sangrientas se han agudizado.
Los “Moches” eran ya una práctica consuetudinaria de Los Templarios sobre los presidentes municipales -habrán aprendido allá ciertos diputados federales del PRI y PAN-, confirmando las presunciones los propios alcaldes en cuanto a la ruta crítica para mermar en calidad y cantidad los proyectos de beneficio colectivo. Después de los argumentos concedidos por algunos alcaldes, el balance contable a favor de la organización criminal pintaba siempre de color negro intenso en sus ganancias, de ahí la preocupación por blindar la bolsa de 45 mil millones de pesos anunciados por el presidente de la República para reactivar la vida económica y social de Michoacán.
En el escenario de la sede senatorial se inauguró el nuevo Centro Social para celebrar “2´s” de la Candelaria, quince años, enlaces nupciales, bodas de plata y sucesivas, así como uno que otro festín para corroborar el amor entre matrimonios, obviamente con cargo al erario público. Los menús que se ofrecen para tener una bonita y sana convivencia incluyen mariachi, arreglos florales, mamparas con leyendas impresas en 3D, tacos, guisos exóticos y bebidas digestivas con duración superior a las 4 horas. Los paquetes son válidos para todos aquellos que cuenten con membresía de oropel.
Ya en el Congreso local, lugar prolífico del teatro y maniqueísmo, la mayoría de los legisladores volvieron a sus andanzas de pleitos internos y, en consecuencia, a la lamentable inmovilización del trabajo parlamentario al que juraron y protestaron ¿“cumplir y hacer cumplir”?
Como verdaderos gladiadores, pero de ring, dieron muestra de una incontenible expectoración de sapos y culebras, es decir, de llaves y contra llaves ya muy predecibles para las y los ciudadanos del estado de Tlaxcala y sus alrededores. El sacrificio de un diputado “perredista” fue el acto ceremonial de ofrenda y así poder retirarle el pergamino de presidente de la Comisión de Administración, según la versión de radio pasillo los motivos se sustentaron en la supuesta contaminación del virus “Moches”, importado a Tlaxcala por legisladores federales panistas, del que fue blanco el perredista y cuyo elemento patógeno lo hizo proclive a solicitar coparticipación a uno que otro medio de difusión colectiva, entre otros tantos déficits congresuales.
Después de otro glorioso cotejo entre rudos y técnicos, los diputados regresaron a sus respectivas esquinas para serenar los ánimos y preparar la próxima función de “cates” y recontra “cates”. En tanto los electores estaremos predispuestos a creer lo que vemos.